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“Una cuarentena con mi padre hubiese sido un infierno”
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“Una cuarentena con mi padre hubiese sido un infierno”

Wendy Knight, es una sobreviviente, ella vivió un infierno al lado de su padre abusador y ahora alza la voz por millones de niños. 

Por: Karen Villaseñor

“Una cuarentena con mi padre hubiese sido un infierno”(Foto Pexels)

“Una cuarentena con mi padre hubiese sido un infierno” | Foto Pexels

El virus nos ha mantenido en casa, no queremos contagiarnos, queremos cuidar a los nuestros. Sin embargo, los abusos y el maltrato no paran, se agudizan y, parece que pocos le prestan atención. Hoy, Wendy Knight, una escritora estadounidense alza la voz, por ella y por todos los niños y niñas que están lastimando. Ella dice: “Una cuarentena con mi padre hubiese sido un infierno”. 

La pandemia es sinónimo de desesperanza para millones de niños, que tienen que soportar el abuso de sus propios familiares. Los golpes, los gritos y los abusos, son más, son 24 horas del día conviviendo con el abusador, siete días a la semana. Es decir, ¡Un calvario! La escritora hizo hincapié en que el hogar no es un lugar seguro para muchos. 

“Una cuarentena con mi padre hubiese sido un infierno”

Lo cierto, es que Wendy Knight, destacó en un artículo de USA Today, que a ella no le tocó vivir una pandemia, pero vivió una cuarentena, con su padre abusador. Ella dijo: 

“Niños a lo largo del país están atrapados en la cárcel que yo tuve, pero por el COVID-19, ahora la sufren 24 horas, siete días a la semana”, resaltó Knigth 

 

Ahora más que nunca Wendy recuerda las vacaciones de infierno que tenía que vivir cada verano por allá en la década de los 70. Su padre era controlador, su madre no tenía permiso de salir de casa, no podía manejar y ella y sus hermanos ni de broma podían subir a un transporte público. Las vacaciones le provocaban ansiedad, sin sus amigos. La escuela era su única válvula de escape. 

“Estábamos atrapados en casa con un hombre que abofeteaba, empujaba, maldecía, amenazaba y menospreciaba a su esposa, mi madre. Lo que no vi, lo escuché desde mi cama o desde el armario donde me escondía. Nuestro único indulto llegaba cuando mi padre estaba en el trabajo o bebiendo”, narró.

De ahí que ahora se pone en el lugar de los millones de niños que están pasando por algo similar en esta cuarentena. 

 “No puedo imaginarme vivir semanas de confinamiento de 24 horas con mi padre violento. Pero esa es la pena a la que que muchos niños han sido sometidos en estos meses”, lamentó.

Con el argumento del estrés, la violencia va en aumento en los hogares. Por lo mismo, Wendy, pide que el Congreso estadounidense aumente la cuota para los programas de ayuda contra la violencia doméstica. 

Es un daño físico y mental para los niños, una herida que los acompañará toda su vida, que muchas veces los hace querer quitarse la vida. 

“Me di cuenta lo dañados que estamos. No solo él o yo, sino todos los niños, ahora adultos, forzados a ser testigos de esta crueldad”.

 

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