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La corrieron de la policía por denunciar a violencia intrafamiliar.
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Era policía, denunció que su esposo le pegaba y la echaron; hoy ruega que la dejen volver

Su único pecado fue enamorarse de un hombre que no le convenía y denunciar un abuso. 

Por: Karen Villaseñor

La echaron de la policía por denunciar a su esposo.(Foto especial:)

La echaron de la policía por denunciar a su esposo. | Foto especial:

Usar aquel uniforme, fue el sueño de una mujer que hoy ruega que la dejan volver. Ella aguantó durante mucho tiempo los malos tratos de su esposo, (también oficial). Sin embargo, un día se cansó, decidió arriesgarse por la pequeña que todos los días le decía mamá y no se merecía vivir en un infierno. Era policía, denunció que le pegaba y la echaron.

Quién iba decir que aquella pequeña que llegó al mundo justo en el centro médico de la Policía Federal, en el Hospital Churruca. En la década de los 70, María de las Mercedes Martínez, viviría el peor de los calvarios. Desde pequeña soñó ser como sus padres, ambos elementos de la policía.

Mujer policía golpeada. Foto: Pexels

Fue a los 17 años, cuando inició su sueño en la Escuela Ramón Falcón y para el 90 ya estaba de ayudante en el Departamento de computación de la Federal. Sin embargo, la vida le tenía preparada la mayor de las pruebas, pues la transfirieron al destacamento en una comunidad rural, en Palermo. Ahí fue donde terminó entregando el corazón, sin saber que era el hombre equivocado.

Su nombre, Ángel Eduardo Notarfrancesco, ¿cómo no iba caer rendida? La fachada de un hombre admirable, inteligentes y además era su superior. Eso sin contar que le llevaba 8 años y que María de las Mercedes no había tenido experiencia con el amor. Fue eso que ella entendía como amor a primera vista, al cabo de un año y medio, ella quedó embarazada. En realidad, se convirtió en el momento más feliz de su vida, un pedacito de los dos, del amor que ella idealizo porque Notarfrancesco no pensaba igual e incluso le dijo que no quería saber nada del bebé.

Estaba sola, con un bebé creciendo en sus entrañas, el trabajo pesado se combinó con las náuseas y los malestares. Además, tuvo que meter horas extras para pagar las visitas al médico, los ultrasonidos e ir comprando las cosas. Para esta futura madre no había horarios, lo mismo tenía que cubrir un operativo en la noche que en la mañana.

Desde luego, cuando ella ya tenía todo bajo control, el hombre apareció de nuevo, ¨quería otra oportunidad¨. Mercedes se sentía tan poco valorada que cayó de nuevo en sus redes. Los primeros meses después de que nació su pequeña, vivió en casa de sus padres y aceptó vivir con el padre de su hija.

“Le quise dar una oportunidad. Yo estaba muy enamorada, y cuando todos me preguntaban cómo le podía perdonar que me hubiera abandonado, yo les decía que quizás se había arrepentido”, expresó.

La luna de miel duró poco, pues a los tres meses se quitó la máscaras. Las infidelidades, los gritos, jaloneos y hasta las amenazas con las armas, se volvieron parte de todos los días.

“Una vez me pegó con mi hija en brazos. Me empujó y me tiró contra un marco con tanta fuerza que me rompió un tímpano”, continuó.

Vivir a su lado era literalmente un infierno. Muchas veces tuvo que ir al trabajo con anteojos por los moretones que él le dejaba.

“Yo sentía que era mi culpa. Que yo lo hacía enojar, que no tenía que decir nada, porque además él era un jefe”, apunta Mercedes.

Las cosas estaban tan tensas que ella le escondió el arma una tarde y él terminó tomando un cuchillo gritando que se quitaría la vida sino se la regresaba. Desde luego, también la golpeó.

La pequeña de 4 años, fue quien la hizo reaccionar, pues se metía cada que su padre la lastimaba. Así que, Mercedes tomó sus cosas y se fue con sus padres. Desde entonces, él la seguía, le rastreaba las llamadas y hablaba para insultarla.

Lo decidió, fue a la Justicia Civil para interponer una denuncia por violencia familiar. Pidió que su hija esté protegida. No obstante, le advirtieron que eso podría poner en riesgo su carrera en la policía. Cuando su esposo se enteró le dijo:

¨Voy a hacer que echen de la Policía, te aviso¨.

Su vida laboral se convirtió en una condena, la enviaban a hacer tareas fuera de lo acordado, en la calle, en brigadas y nadie le reconocía sus logros. Para el 2006, le pidieron el retiro obligatorio por sus actos de inconducta, argumentaron.

¿Y a Notarfrancesco? Bueno, también los sancionaron, durante 10 días y por supuesto que ascendieron al subcomisario. Ahí estaba, una mujer profesionista que cometió el error de enredarse con un patán. No tenía nada, ni trabajo y una pensión miserable que no cubría sus gastos.

En una de las visitas a su hija, la pequeña quiso bajarse del coche por los maltratos de su padre y este le colocó un arma en la cabeza. Hoy en la niña tiene que ir a tratamiento psicológico.

Y aunque se pidió ayuda para que él tuviera restricciones y fue a juicio en el 2010 por haberle puesto la pistola a su hija, pero al juez le pareció poco el testimonio de la niña. Incluso lo intentó de nuevo en el 2011, pero no tuvo éxito.  

Para el 2012, Notarfrancesco murió de un infarto a sus 49 años. Por su parte Mercedes volvió a la policía, gracias a la ex directora de Derechos Humanos del Ministerio de Seguridad. Pero en el 2016 ya volvieron a sacar.

“Yo amo ser policía”, dice. “Nunca pensé que me iban a castigar por denunciar”.

Hoy su hija ya tiene 21 años y es estudiante de medicina.

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