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Pedalió un mes y medio para encontrar a la mujer que amaba. FOTO: ESPECIAL
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Se separaron, él pedaleó por un mes y medio para encontrarla, ahora son familia

Esta es la historia de Rocío Estefanía y Martín Péndola, que a todas nos va a regresar la esperanza en el amor.

Por: Gisselle Acevedo

Pedalió un mes y medio para encontrar a la mujer que amaba. FOTO: ESPECIAL

Pedalió un mes y medio para encontrar a la mujer que amaba. FOTO: ESPECIAL

Esta es la historia de Rocío Estefanía y Martín Péndola. Podría ser película o una serie de varias temporadas. Nuestros protagoniztas se conocieron en un boliche, tenían 16 y 17 años respectivamente, estuvieron de novios por 3 años, se separaron, él pedaleó más de 10 horas, más o menos 1,700 kilómetros para encontrarla y ahora son familia.

"Yo ya tenía la idea de hacer un viaje largo en bicicleta, eso me ayudó a arrancar", minimiza hoy Martín, como quien describe que compró dos kilos de papas en la verdulería, aunque no devela que con la epopeya albergaba la fantasía de volverse héroe y avivar las brazas de un romance juvenil.

A Rocío Estefanía y Martín Péndola nada los separó. FOTO: UNSPLASH

A la gente (incluidos sus padres) le dijo que iría a un poblado cercano. Pero él compró mapas de las rutas hasta Esquel, donde estaba Rocío Estefanía.

Así emprendió el viaje de su vida, tras la mujer que ama, se subió a una mountain bike modelo Raleigh 4.5, un 4 de mayo de 2014, seis meses después de que Rocío se alejara de él. Le costó un mes y medio, ampollas y mucha superación.

Todo valió la pena, hoy la pareja vive juntos en el sur, cumplieron el sueño de ponerse una cervecería y todos los años vuelven a San Miguel, su tierra natal para que sus familiares y amigos jueguen con Emma, su hija, que el 27 de marzo cumplirá 2 años.

"Yo sabía que él venía, hablábamos todos los días", cuenta Rocío sobre aquel junio soleado y frío en que lo volvió a ver.

Y jura que "no fue seco el reencuentro", aunque se ríe y contradice entre los berrinches de Emma (inquieta como su papá) a su pedalero amor. 

"Ella estaba trabajando en una escuela, como maestra de jardín. Yo llegué con la bici, pregunté por la familia a un camionero y a una mujer le hice identificar el guardapolvo que usaba. Me encontré con su familia y fui a esperarla a la salida. Cuando salió, con los alumnos de paseo, me saludó y me hizo señas de que la esperara", recuerda Martín.

La hazaña, que había llevado al joven enamorado a dormir en cuarteles de bomberos, casas de otros ciclistas, una carpa al costado de la ruta y otros tantos rincones menos confortables, no culminó con un abrazo y beso apasionado a lo Di Caprio/Winslet como él se había figurado tantas veces. Sí recibió la invitación de Rocío para alojarse junto a su familia.

"Estuvo con nosotros hasta octubre, cuando decidió quedarse", recuerda ella. Un mes después se mudaron juntos. Dos años más tarde, abrieron la cervecería Ombú, y poco después llegó Emma.

"Al menos una vez por año volvemos a San Miguel, donde empezó todo, para que mis viejos y nuestros familiares y amigos disfruten de Emma", dice Martín. Todavía le cuesta borrar de la memoria su segundo día de viaje, el más difícil.

"Me quería morir apenas llegué al primer camping. A la mañana siguiente tenía las piernas agarrotadas, no podía pedalear, me acalambré y se me ampolló el muslo. Muchas veces pensé en volver", relata. "Por suerte insistió. Hoy formamos esta familia hermosa", cierra Rocío.

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