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La adversidad le quitó a sus hijos, pero a cambio se volvió madre de cientos

Conoce a la maravillosa mujer que tras la pérdida de 4 hijos, salió de la adversidad ayudando a niños pacientes de cáncer y a sus familias. 

Por: Doris Yareli Salazar

Elizabeth posa junto a niños que han sido beneficiados.

Elizabeth posa junto a niños que han sido beneficiados.

Se requiere de una gran fuerza de espíritu y convicción para tomar una tragedia personal y tornarla hacia el lado positivo, aun más coraje alberga la persona que abraza el dolor y lo convierte en el motor que impulse una idea, un deseo, un proyecto que logre ayudar al prójimo durante la búsqueda de uno mismo.

Éste es el caos de Elizabeth López Rojo, mujer mexicana que, tras padecer no solo una, sino cuatro veces una de las tragedias más desgarradoras que una madre puede sufrir, la perdida de un hijo, logró traducir todo ese desconsuelo en la esperanza de otros cientos de familias en necesidad, creando Casa Valentina para niños con cáncer I.A.P., una institución sin fines de lucro que asiste a menores con cáncer y a sus padres.

La madre que solo deseaba tener una gran familia  

Cuando Elizabeth contrajo nupcias con su esposo, Rodrigo Sanchez, solo un deseo albergaba en su corazón: comenzar una hermosa y numerosa familia.

La primera bendición que llegó a sus vidas como respuesta a sus deseos fue Elizabeth, la primogénita de la pareja. Más tarde llegaría Rodrigo, quien ayudaría a incrementar el pequeño núcleo que esperaba crecer más en el futuro.

Sin embargo, cuando la vida parecía acercarse más a la perfección, tras el nacimiento de su tercer hijo, Federico, el bebé fallece al cumplir solamente pocas semanas de haber llegado al mundo por causas medicas que en aquel momento fueron un misterio para los doctores. 

Aun cuando la aflicción embargó al matrimonio, no dejaron que esto destruyera su espíritu, y mientras mantenían la fe de poseer algún día un enorme y cálido hogar, depositaron su amor en sus dos amados hijos, Elizabeth y Rodrigo.

 Pero al pasar solo tres años de aquel triste evento, la tragedia azotó nuevamente a la familia.

La hija mayor de los Sánchez López venía saliendo del colegio, cuando se vio víctima de un terrible accidente que le arrebatara la vida. 

Foto: Especial
En honor a la pequeña Elizabeth

Entre la oscuridad que envolviera al hogar tras estas perdidas, un luz de esperanza brillo una vez más, con el nacimiento de las pequeñas gemelas Romina y Valentina. Un halo de amor inundó a la familia ante este gran acontecimiento, parecía que el gran dolor que alguna vez reinara sobre los corazones de los Sánchez López por fin se disiparía ante el brillo de un nuevo mañana.

Los hijos que perdiera a través de los años

Más el festejo duró poco, pues una de las bebés, Romina, moriría de cáncer a los 50 días de su nacimiento. El diagnostico de la infante sirvió a los médicos para deducir que la causa de la muerte del amado bebé que perdieran en el pasado fue la misma. 

La otra gemelita, Valentina, sería diagnosticada también con cáncer a los 11 meses, y comenzaría un intenso y dificultoso tratamiento que al final no daría resultado, trayendo la última pérdida de uno de sus hijos para la pareja.

Lo increíble de esta historia, es que en lugar de decidir hundirse dentro de la tragedia que protagonizaba, Elizabeth López Rojo comenzaría a voluntariarse el el hospital para ayudar a otros niños que sufrían los mismo padecimientos que le habían arrebatado a tres de sus cinco hijos. 

Fue en estos días cuando conocería a la mamá de Rufina, una pequeña de 6 años que viajaba desde la ciudad de Guasave, Sinaloa, y escuchó con atención como ésta le relataba que, debido a que eran foráneas y no encontraron lugar en donde alojarse, se vieron obligadas a pasar la noche en la calle, a la intemperie. 

Esta historia le tocó el corazón a sobremanera, y se imaginó que hubiera sido si su hija, Valentina, padeciera la misma suerte cuando era llevada a su tratamiento contra el cáncer.

Muchos niños y sus padres viajan diariamente desde otras ciudades o incluso estados, sin tener los recursos suficientes para ir y venir entre tratamientos, o para encontrar un lugar en donde hospedarse. ¿Qué habría pasado si ella y Valentina se hubieran encontrado desamparadas de aquella manera?

Fue a raíz de este sentimiento que Elizabeth tomó una decisión tan drástica y maravillosa, que cambiaría el curso de su vida para siempre:

Fundar una casa hogar para acoger a los niños con cáncer y a sus familias foráneas que acudían a la ciudad en busca de tratamiento.

 Casa Valentina: un hogar cimentado sobre el amor

Esta organización sin fines de lucro nació el 11 de agosto del 2007 en la ciudad de Culiacán, Sinaloa, México, a tan solo dos meses de que la pequeña bebé de Elizabeth, Valentina, pasara a mejor vida. En su memoria se bautizó el albergue bajo su nombre.

Casa Valentina ofrece hospedaje, medicamentos, alimentos acordes a los requerimientos nutricionales de cada niño particular, y transporte para todos aquellos que se encuentren bajo estas circunstancias.

La casa se ha encontrado laborando por 10 años, y ha acudido al auxilio de más de 420 niños víctimas de esta terrible enfermedad.

Además, Elizabeth busca el cumplimiento de los sueños de los niños, y se encuentra siempre velando por sus sonrisas, ya sea organizándoles fiestas donde puedan olvidar un instante entre sonrisas su condición, o realizando viajes para que los niños conozcan el parque de diversiones Disneyland.

Con los niños en Disneyland

Esto último ha hecho feliz a más de 38 niños hasta la fecha, quienes al provenir de familias de bajos recursos, jamás soñaron con que algún día podrían ver el hogar de Mickey, y de muchos de sus personajes animados favoritos.

Los viajes a través de los años

 Elizabeth: la mujer de alma noble y voluntad de acero.

Elizabeth López Rojo es un ejemplo de como la perseverancia y el trabajo duro alcanzan cosas más allá de las metas que pudiéramos imaginar.

La gran obra filantrópica que realizara nacida del amor a los hijos que tanto ama, la llevó a, no solo curar su adolorida alma, sino también a dar un consuelo y pintar sonrisas en muchos otros corazones que ha tocado con su brillante luz a lo largo de una década.

Foto: Casa Valentina

Aun cuando su meta nunca ha sido ser reconocida de ninguna manera, la gran obra humanitaria que ha realizado por el amor a estos niños, los cuales son todos como hijos e hijas propios, ha causado que los ojos de todo el país se tornen en su dirección.

En los ultimo años, Elizabeth ha recibido varios reconocimientos en honor a su ayuda altruista, entre ellos, el más reciente siendo la medalla de oro de la Premoción Nacional al Altruismo por la categoría "Por un país mejor", entregada por la Fundación del Dr. Simi. Ahí, la galardonada e inspiradora mujer conmovió a los presentes con su agradecimiento.

Foto: Facebook

 “Levantar una fundación es un acto de fe, para soportar los arduos días de trabajo. Después de perder a mis cuatro hijos, se convirtió en mi única opción para salir adelante; no es fácil tener fe, me volvía loca de dolor pero convertí esa desesperanza en un propósito de vida” Declaró entre sus enternecedoras palabras.

Sin embargo, nada de esto se compara con la plenitud que embarga su espíritu al convivir con estos niños, de los cuales todos y cada uno han conquistando un lugar en su enorme corazón de madre.

Foto: Facebook

 La lucha siempre continúa

Llevar las riendas de una institución de esta índole nunca será tarea sencilla. Siempre existirán altas y bajas, tanto en lo que de recursos como de espíritu se refiere.

Cada perdida de un niño es un agujero que se abre en la ya herida alma de la madre. Pero a pesar de todo, el ver a estos pequeños niños abrazarla, sonreírle, darle las gracias, es el combustible que alienta a Elizabeth a dar todo de si tras despertar cada mañana.

Ahora, la mujer puede disfrutar de las carcajadas que siembra en los rostros de estos pequeños, quienes por un momento, vuelven a sentirse  solamente como lo que son: niños. Pueden vivir jugando e imaginando, se les permite disfrutar lo más que puedan de su infancia bajo la certeza de que ella estará velando por acunar todos sus sueños y bienestar.

Elizabeth con algunos niños de Casa Valentina en un partido de Baseball

Por su parte, ella tiene a su esposo, a Rodrigo, su único hijo, la esposa de él, y los hermosos nietos que le ha obsequiado con dulzura la vida.

Ademas, cuenta con cientos de hijos, que aunque sean de otras madres, guardan el mismo espacio en su alma como si ella los hubiera llevado a cada uno dentro de su vientre.

Al final, a pesar de los atronadores golpes, la vida le obsequió una familia más afectuosa y grande de lo que jamás hubiera podido ser capaz de imaginar.

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