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Joven le regala su primer viaje en avión al humilde hombre que lo cuidó de niño
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Joven le regala su primer viaje en avión al humilde hombre que lo cuidó de niño

Henry Mutebe le regaló su primer viaje en avión al humilde hombre que lo cuidó cuando era niño y está recaudando fondos para construirle una casa; Wilson Dhabangi pedaleaba su vieja bicicleta durante horas para visitarlo, llevarle comida, aconsejarlo y hacerle compañía

 

Por: Marisela Salazar

Joven le regala su primer viaje en avión al humilde hombre que lo cuidó de niño(Especial: Facebook)

Joven le regala su primer viaje en avión al humilde hombre que lo cuidó de niño | Especial: Facebook

Cuando Henry Mutebe perdió a su padre en 1996, su madre tuvo que trabajar tiempo completo para poder llevar el sustento a casa y sus jornadas eran tan extenuantes que se ausentaba durante varias semanas de los brazos de su hijo.

Pese a sus carencias, la humilde mujer decidió inscribir a su hijo en un internado que se encontraba ubicado en el este de Uganda, África, con la esperanza de que pudiera recibir una buena educación y la oportunidad de una mejor calidad de vida.

En su aldea vivía un hombre llamado Wilson Dhabangi que se ganaba la vida transportando pasajeros montado en una bicicleta por un bajo costo; era digno de la confianza de todos los habitantes y también les hacía mandados a cambio de unas monedas.

En aquél tiempo tenía 50 años de edad, no sabía ni leer ni escribir y aunque parecía frágil era un hombre espiritualmente fuerte, generoso y solidario con sus semejantes, incluso, a veces transportaba en su bicicleta a las personas más humildes sin cobrarles.

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Al enterarse de que la madre del pequeño Henry Mutebe trabajaba fuera de la aldea, Wilson Dhabangi decidió visitarlo cada domingo en el internado para asegurarse de que estuviera bien, le llevaba comida, lo aconsejaba y le hacía compañía.

"Me visitó aproximadamente más de 100 domingos entre 1997-1999. No recuerdo ningún domingo que no viniera a visitarme. No importaba si llovía o estaba enfermo. Él venía a visitarme en su bicicleta", narró.

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Los compañeros de clases de Henry Mutebe pensaban que Wilson Dhabangi era su padre porque lo visitaba cada domingo y se burlaban de ese anciano que llegaba al internado montado en una vieja bicicleta con sus zapatos desgastados y la misma camisa rota.

"Cuando alguien quería meterse conmigo me decían: tu padre es viejo y anda en bicicleta. A veces me llevaba medio kilo de nueces molidas preparadas por su esposa, otros días simplemente iba a hablar conmigo", exclamó.

El buen hombre recorría un largo camino de terracería pedaleando incesantemente su vieja bicicleta durante horas bajo los inclementes rayos del sol para poder visitar a Henry Mutebe en el internado en el que estaba estudiando.

"La distancia entre su casa y la escuela era de unas tres horas en bicicleta. Era un camino difícil con muchos puentes rotos. Cuando llovía era muy peligroso, una vez el agua casi se lo lleva, lo salvaron unos chicos que estaban pescando", expresó

Wilson Dhabangi no tuvo la oportunidad de ir a la escuela aunque lo anheló, por ello, aconsejaba a aquél pequeño niño que estudiara y se preparara para que se convirtiera en un hombre exitoso y pudiera alcanzar sus sueños.

"Me dijo que si no leía terminaría como él y sufriría. Me dijo que si trabajaba duro y escuchaba a los profesores, volaría en aviones y viajaría a diferentes lugares. Por cualquier razón, siempre enfatizó el tema de volar", dijo.

Henry Mutebe atesoró los sabios consejos de Wilson Dhabangi y terminó sus estudios. Pero jamás se olvidó de aquél bondadoso hombre que lo crió y ahorró para poder cumplir una promesa que le hizo durante su infancia.

"Durante años siempre he sentido una deuda en mi corazón por el amor que este hombre me dio.Quería darle una sorpresa, ahorré y me las arreglé para conseguir boletos de avión para él y otra mujer especial que nos ayudó cuando mi madre no estaba, su nombre es Rebecca", explicó.

Mientras Wilson Dhabangi surcaba el cielo por primera vez acompañado de Henry Mutebe y Rebecca, el piloto del avión narró su inspiradora historia haciendo la experiencia aún más enternecedora y conmoviendo hasta las lágrimas a todos los pasajeros.

"Cuando aterrizamos en el aeropuerto Jomo Kenyatta muchos pasajeros se acercaron para agradecer al viejo y a Rebecca. También me elogiaron por no olvidarme de este hombre ¿Cómo podría?", enfatizó.

Wilson Dhabangi finalmente se retiró y vive una vida tranquila. A sus 74 años de edad el pasado 12 de septiembre voló por primera vez en un avión y contempló las nubes por la ventana desde Entebbe, Uganda hasta Nairobi, Kenia.

"Cumplí mi promesa que hice cuando era niño. Le dije que un día volaríamos juntos en un avión y me alegra que la vida me haya dado la bendición de alcanzar este sueño", puntualizó. 

Henry Mutebe decidió darle un regalo muy especial al hombre que lo cuidó cuando era niño y se encuentra recaudando fondos para poder construirle una vivienda para que pueda tener una vejez digna, incluso, la aerolínea en la que viajaron se ofreció a ayudarlo.

"A todos los Wilson Dhabangi y Rebecca de este mundo, gracias por echarnos una mano, por creer en nosotros y brindarnos su amor incondicional. Dios los bendiga", recalcó.

El desamparo en el que Henry Mutebe se encontraba cuando era niño motivó a Wilson Dhabangi a cuidar de él, lo visitó cada domingo pedaleando su bicicleta, se convirtió en su figura paterna y lo alentó a estudiar y a luchar hasta alcanzar sus sueños.

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Foto del periodista Marisela Salazar

Soy licenciada en Ciencias de la Comunicación, egresada de la Universidad de Occidente, unidad Los Mochis, Sinaloa. Reportera y conductora de TV Azteca Sinaloa. Reportera y conductora de streaming de El Debate de Los Mochis. Me he dedicado a contar historias. Relatar grandezas para inspirar. Narrar dolores y pesares para mitigar y ayudar. Creo en el poder de las palabras, en la bondad de la gente y en la magia de las risas, suspiros e instantes. Soy soñadora, curiosa, risueña y apasionada. Avanzo acarreando anhelos y esperanzas. Mientras dure la vida me resisto a ser indiferente. Todos podemos apartar esa piedra del camino.

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