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Ella demostró que la violó en la primera cita

Una chica de 18 años luchó por hacerse justicia a pesar que nadie le creyó

Por: Norma Portillo

Ella demostró que la violó en la primera cita

Ella demostró que la violó en la primera cita

La primera vez que lo vio pensó que él estaba buenísimo. Era la primera semana de la universidad y ya la había invitado a salir. Katie sólo tenía 18 años y era la primera vez que iba a un restaurante tan lujoso.
“Increíble, he conocido al mejor chico del campus”, Katie no se la creía, mientras le escuchaba pedir la cena también en francés.

Katie vivió una bonita infancia, en una capital provinciana, hija de un agente del FBI y una ama de casa. Bonita, estudiosa, tocaba el piano, deportista y apegada a la iglesia.
Se sentía dentro de un cuento de hadas. Al llegar a su habitación con el propósito de que el bello cuento no llegara al su fin, sin pensar que aquello pudiera interpretarse inequivocadamente como una invitación eufemística a tener sexo, invitó al chico a pasar.

Mientras ella pensaba en algo cursi y pegajoso, él tomo la invitación de otra manera y mientra ella miraba las estrellas pegadas en el techo de su habitación, él empezó a desabrocharle los botones del vestido.
Ella lo apartó porque no quería tener relaciones, además era de las que quería llegar virgen al matrimonio. 

Sin embargo, él empezó a actuar, le tiró algunos de sus monos de peluche, entre risas intentando cambiar la situación. Ella no podía imaginar que el chico se propasaría y menos que ocurriera una violación en su cuarto de la universidad, por lo seguía sintiéndose a salvo incluso cuando la tumbó sobre la alfombra rosa de su habitación y, con una sola mano sujetaba sus dos muñecas.


Katie empezó entonces a intentar zafarse, mientras él intentaba quitarle el vestido con la mano libre:
“Por favor para”.
“Por favor, vete”.
“Por favor, no”.
Pero él no escuchaba. Su ego era gigante y parecía no haber tenido que enfrentarse nunca a aquella palabra.

“Cálmate”.
“Todo va a salir bien", le repetía mientras le quitaba la virginidad a la fuerza.
Cuando todo terminó, fue al centro de salud quienes se limitaron a mandarla a casa con un frasco de pastillas para dormir. La policía le aconsejó irse a casa y pensarlo bien antes de denunciar porque estaba alterada y aquella denuncia podía hundirle la vida al chavo.
Por su parte, Él tampoco parecía ser consciente de lo que acaba de hacer:

“No intentes evitarme, te voy a encontrar y vamos a hablar. No puedes escapar de mí porque estoy enamorado de ti”, le decía en uno de los mensajes que le dejó en el contestador.
Los compañeros de ambos quisieron arreglar las cosas y organizaron una reunión para platicar sobre el malentendido. Fua cuando se dió cuenta que estaba sola en eso y no le quedó más remedio que llamar a sus padres.
 “Papá, me han violado...”
“Voy para allá y se va a enterar... ¿Dónde ha sido?"
“En mi habitación”.
“ ¿Cómo entró? ¿Forzó el pestillo?”
“No, él también es estudiante y yo le invité a pasar”.
“Pues Katie, no habría ocurrido si tú no lo hubieras invitado a pasar”.
 Y colgó el teléfono.

Después de aquello, Katie accedió a participar en la reunión. Parecía ser la única que era consciente de haber sido violada.
"¿Es que no me escuchaste decirte que no?"
“Lo que yo he oído es que tu padre está enfadado porque ya no eres virgen. Le llamaré y le diré que soy un buen chico y que estás en buenas manos”.
Hablar con él era como hablar con bloque de cemento pero hubo algo en su conversación decisivo en lo que pasaría después:
“Estuviste un poco rigida, necesitamos practicar más y entonces los disfrutarás mucho más. A las virgenes siempre les cuesta”.
Pues, ¿Cuántas habían sido? ¿Cuántas llevaba en la lista?

 

Al salir de la reunión se dio cuenta que sólo le quedaban dos caminos y tenía que escoger uno; seguir hacía la derecha y volver a su habitación para seguir siendo la niña buena que no desafiaba a sus padres o torcía a su izquierda y denunciaba a pesar de tener a todos en su contra.

El camino de la derecha significaba someterse a la humillación de las preguntas policiales. A que la hicieran sentir como una idiota por querer pasar el rato en su habitación con un chico sin tener sexo.
Se decidió por lo segundo y denunció al sistema disciplinario de la universidad. La audiencia duró 7 horas y él admitió haberla escuchado decir que no más de una docena de veces.

"Sin embargo, llegó un momento en el que se calló y así supe que había cambiado de opinión".
Fue declarado culpable y expulsado del campus pero, aún así, estaba claro que nadie la tomaba en serio sino, ¿cómo se explica que la directiva le aconsejara perdonarlo porque hacían muy buena pareja?
Después de eso Katie se dio cuenta que eso no bastaba para detener al chico y que no quería que otra mujer volviera a pasar por lo mismo. Por lo que decidió cambiar la opinión pública.


Katie escribió una carta al periódico, repartía panfletos por la calle y la invitaron a hablar en varios programas de televisión. Sin embargo, para la gente que la rodeaba, la juzgsaba como una loca que quería mancillar el nombre de la escuela.
Cuando corrieron rumores de que la HBO quería hacer una película con su historia, 2.000 estudiantes llegaron a firmar una petición alegando que mentía y en los programas de televisión a los que acudía le preguntaban por qué no se había defendido. Nunca por qué él había presupuesto que le estaba permitido tener sexo con ella.

 

En la actualidad, Katie Koestner sigue dando charlas en institutos y universidades sobre violación. Trata de hacerle ver a los jóvenes de hoy que ellos son la generación que puede cambiar definitivamente las cosas.

Katie sigue luchando para que en la sociedad deje de haber violaciones, independientemente se clasifiquen de primera o de segunda, según el grado de agresividad y violencia. Desde su punto de vista sólo cambia la forma, pero el dolor siempre es el mismo.
"Si me hubieran violado en la calle hubiera tenido miedo a los extraños pero, cuando te viola alguien a quien conoces, tienes miedo de todo el mundo".

Con información de Playgroundmag.net

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