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El nuevo estilo de la Habana

Los hombres han adoptado el look del Regaeton 

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El nuevo estilo de la Habana

El nuevo estilo de la Habana

LA HABANA, Cuba _ Años antes podrías ver turistas con sombreros y guayaberas que subían a autos  de la era de los años 50 para fumar habanos, beber mojitos y escuchar clásicos del Buena Vista Social Club en el Hotel Nacional. Era una de esas escenas habaneras congeladas en el tiempo que los estadounidenses, atraídos por el hecho de que su bandera ondee de nuevo sobre la embajada de Estados Unidos y la prometida relajación de un embargo de 50 años de antigüedad, ansían ver.

Pero quizá ahora quieras desviar sus ojos del nuevo estilo de La Habana a la vista en la cuadra donde tuvo lugar el concierto de reggaetón “Party Full Nasty” de Chacal & Yakarta. En una escena sacada de “Mágico Mike”, las estrellas atraen a una multitud de mujeres atractivas envueltas en vestidos ceñidos, pero también a un ejército de acólitos adornados con barbas cuidadas, elevados peinados ahuecados y muchísima vinipiel (piel artificial).

 

Muchas personas nos siguen, y somos un modelo para ellas y cómo viven su vida

dijo Michel Anaya Salazar, de 26 años de edad, mejor conocido por su nombre artístico, El Happy, mientras explicaba su régimen de acicalamiento y mostraba sus brazaletes religiosos de “bling bling” y sus lentes de sol Cazal. “Me siento responsable”.

Hay mucho de lo cual responsabilizar a El Happy. Los críticos han señalado que el “Cubatón”, como otras derivaciones del reggaetón, puede ser musicalmente estridente con su repetición metálica, y líricamente misógino en sus descripciones vulgares de las mujeres. Pero quizá sus cejas esculpidas destacan entre la lista de cosas de las que El Happy y sus camaradas deberían sentirse responsables.

“Igual que las mujeres”, dijo África Amada Rodríguez Cruz, quien se colgaba del brazo lampiño de su novio antes del espectáculo “Party Full Nasty”. “Se depilan las cejas y se afeitan todo el cuerpo”.

 

El look, como la música, está en todas partes. Los cientos de fanáticos del reggaetón con cabello teñido y engominado que se sientan al atardecer en el muro del Malecón, el paseo que da a la Bahía de La Habana, parecen una parvada posada de aves tropicales. Y el ritmo surge de los autos de la era de los 50 y las pantallas de computadoras (y las pantallas de computadora adosadas a los tableros de los autos de los 50) en toda la isla.

En 2011, el gobierno trató de frenar la amenaza imperialista. Primero, se quejó de que el éxito excesivamente explícito “Chupi Chupi”, “ponía al alma de la nación en la balanza”. Luego, en 2012, Orlando Vistel Columbie, el presidente del instituto de música del Ministerio de Cultura, prohibió la música en la radio y la televisión, declarando que “ni la vulgaridad ni la mediocridad podrán manchar la riqueza de la música cubana”.

Sin embargo, la música sobrevivió. “Lo que mantiene vivo al reggaetón”, dijo El Happy, “es la trascendencia del reggaetón”.


A medida que el gobierno ha relajado las restricciones, la música y la influencia en la moda de sus estrellas se ha extendido a toda Cuba, y se ha apoderado de La Habana. Los fanáticos han pasado por alto del altamente restringido acceso a Internet intercambiando entre sí como contrabando videos de reggaetón vía tarjetas de memoria. Consiguen prendas de vinipiel que creen son importadas desde Estados Unidos o México en tiendas privadas (no gubernamentales) en la calle Galiano, cerca del elevado domo del Capitolio rodeado de andamios.

 


Pero el verdadero sello de la influencia del reggaetón aquí es el cabello.



En las calles de La Habana, los fanáticos usan su cabello como Alejandro Santoya, mejor conocido como El Yonki (derivado de la palabra en inglés “junkie”, drogadicto). El gran éxito de El Yonki es una canción llamada “La Barba”. “Significa experiencia”, dijo del vello facial en una noche reciente, mientras rítmicamente bombeaba los frenos de su costoso sedán chino y se estiraba hacia la guantera en busca de su cera para peinar. “Te da un aire serio”.


En La Habana Vieja, donde los ancianos interpretan canciones de Buena Vista para los turistas al lado del Museo del Ron Havana Club, Bittista Pérez Rubisel, de 25 años de edad, quien se hace llamar Tito, salía de un local de emparedados que reproducía un ciclo de videos de reggaetón visual y líricamente obscenos. Expresó admiración por las barbas estilo “europeo” de Los Desiguales (éxito: “Más fashion”). Cuando se le pregunta cómo se compara la barba europea con la de Castro, Rubisel se volvió reverente.

“Él puede usarla como quiera”, dijo, besando su mano y señalando al cielo. “Él es el jefe”.


Rubisel se sintió más libre de hablar sobre cortes de cabello. “El mío es el tiburón”, dijo, pasando su mano a lo largo de su cabello. “Es afeitado a los lados, pero la parte superior crece a todo lo largo hacia la espalda”.

Rubisel luego repasó otros estilos de peinado populares. Para mostrar “las tijeras”, señaló a su amigo, quien tenía un pequeño parche de cabello en la parte posterior de su cabeza casi totalmente afeitada. Estaba “el Yonki”, bautizado en honor de El Yonki, en el cual ambos lados van afeitados debajo de un copete elevado. Y luego está “el filete”, del cual Rubisel dijo que consistía en un copete aplanado que cuelga de una cabeza afeitada como la cortinilla usada para cubrir la calvicie. Al percibir la confusión sobre el nombre de “el filete”, Rubisel recurrió a la ayuda visual del jamón que colgaba de su emparedado.


Para adquirir el nuevo look habanero, los jóvenes visitan peluquerías especiales en toda la ciudad. La indiscutible meca de estos salones es Donde Dorian. Alrededor de las 11 de una noche reciente, una fila de jóvenes esperaba en la parte posterior su turno en el sillón de Dorian Carbonell Fernández, de 31 años de edad, quien estaba vestido con jeans y una camiseta y esculpía las cejas de Robert Richard Esteves con una navaja de peluquero. Fernández miró en un espejo, rodeado de cajas de lociones Bulgari y Fendi, y se inclinó sobre Esteves para cortar los rizos entre sus cejas. Luego retiró el vello con el soplido de una secadora de pelo. El secador de Fernández siempre apunta hacia arriba.

“Todos vienen al salón antes de salir”, dijo Fernández de sus casi 20 clientes cada noche. Con su propio cabello recortado muy corto, Fernández dijo que empezó en una peluquería operada por el Estado pero tuvo diferencias creativas con sus socios. “En ese entonces, no había estilismo y ni siquiera lavaban el cabello”, recordó. “Yo quería ser diferente”. Su sueño es iniciar una cadena y ayudar a llevar el estilo masculino cubano de nuevo a sus días de gloria.

“Es como en los años 50 en La Habana”, dijo Pavel Premdes, de 26 años de edad, mientras retocaba su cabello hacia arriba en una onda estilo “Vaselina”. “Dorian lo está recuperando”.

 

 

Fuente: www.nytsyn.com

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