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Ser la otra mujer me enseñó sobre mi error pero también sobre amor propio
Buena Vida

Ser la otra mujer me enseñó sobre mi error pero también sobre amor propio

Después de ser la otra mujer, aprendí sobre mi error, pero también me enseñó varias lecciones de amor propio que cambiaron mi vida para siempre.

Por: Wendy González Pérez

Ser la otra mujer me enseñó sobre mi error pero también sobre amor propio(Unsplash)

Ser la otra mujer me enseñó sobre mi error pero también sobre amor propio | Unsplash

¿Alguna vez te has enamorado de un hombre que estaba con otra mujer? Después de la negación, una mujer se deja llevar por la diversión, puede que al principio era muy difícil aceptarlo o ignorar incluso que eras la otra, pues el hecho de era que al final tenía que salir y enfrentarme a la realidad. Sin embargo una mujer que fue la otra, debe de aprender a vivir con eso.

¿Fue un error? Absolutamente sí. Porque no solo se trata de herir a otra mujer, sino que te llevas contigo, las heridas emocionales de otros inocentes. No solo se trata de la culpa que sientes, sino las miradas incomodas que te juzgan. Sin embargo, al final eso no importa, y no por el daño ocasionado. Sino porque debemos aprender a lidiar con ello.

Ser la otra mujer, no solo hizo que le hiciera daño a otra mujer, sino que fue el más grande error de mi vida. Sin embargo, resulto ser la lección más valiosa. Pues a pesar de herir los sentimientos de otras personas, también aprendí a perdonarme y no seguir castigándome por mi gran error, para poder seguir adelante con mi vida y no volver a cometer ese mismo gran error.

Me arrepentí sinceramente ante Dios, esperando que Él y todas esas personas que lastime me puedan perdonar algún día, para dejar todo eso atrás. Ser la otra mujer es enamorarse sin ningún razonamiento de un hombre, esperando ser correspondida de la misma manera, y a veces sin saber que se trata del hombre equivocado.

Sin embargo, una de las valiosas lecciones que una mujer aprende al cometer un grave error es nunca volver a confiar en las palabras de un hombre, más que únicamente en sus acciones, pues al final son las que verdaderamente cuentan. Pues no hay peor persona que aquel que jugó con las dos. Pues una vez que me enteré que yo era la otra mujer, juró que la dejaría y que yo era la única mujer que amaba.

Un amor verdadero pero basado en falsas promesas, me condenaron a una mar de opiniones y miradas de personas molestas y prejuiciosas, que me marcaron para toda la vida. Sin embargo, aprendí que a pesar del juicio de las otras personas, lo más importante es perdonarte a ti misma, pues de lo contrario la culpa y el dolor contralarían mi vida. Ser la otra mujer es un camino pedregoso, pero una vez que obtienes el perdón, llega la paz que mereces.

Ser la otra mujer me enseñó sobre mi error pero también sobre amor propio. Unsplash

 

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