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Por qué deberías dejar de decirle a tus hijos
Buena Vida

Por qué deberías dejar de decirle a tus hijos "no pasa nada" cuando lloran

La recomendación de los expertos es que cuando lloran los niños dejemos de decir "no pasa nada" o "no pasó nada" porque aunque no haya sido nada grave, sí que pasa. En su lugar, valida sus emociones

Por: Aline Ordaz

Por qué deberías dejar de decirle a tus hijos

Por qué deberías dejar de decirle a tus hijos "no pasa nada" cuando lloran | Foto: Unsplash

Los niños lloran básicamente por dos cosas. Una, porque se han hecho daño, y dos, por cuestiones vinculadas a las emociones, porque le han hecho sentir mal, porque extraña a mamá o papá o por que no sabe como manejar una situación que lo desborda, en ese momento debes poner atención en la respuesta pues podrías afectar a tu hijo.

Cuando lloran los bebés, están pidiendo ayuda pues aún no saben hablar, es un llamado que debe ser siempre atendido, ya que se ha estudiado que no hacerlo tiene consecuencias negativas para su desarrollo. A medida que crecen y aunque ya puedan decirnos con sus propias palabras "tengo frío", "tengo hambre", continuan llorando, sí, es por llamar tu atención pero más que nada tu amor y comprensión.

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Los adultos tenemos la costumbre de decirles a los niños "no pasa nada" cuando lloran. Es inconsciente. Es lo primero que nos sale para consolarlos sin tener en cuenta el mensaje que les estamos transmitiendo con esas tres palabras. Estamos negando sus emociones sin darle importancia a lo que quieren decirnos con su llanto.

La recomendación de los expertos es que cuando lloran los niños dejemos de decir "no pasa nada" o "no pasó nada" porque aunque no haya sido nada grave, sí que pasa. En su lugar, valida sus emociones, lo importante es la información que reciben nuestros hijos de nuestra parte. Si lo que quieres en enseñarles a gestionar adecuadamente sus emociones, tienes que comenzar por ser ser una persona comprensiva con ellos, escucharlos y ser empáticos con sus estados de ánimo.

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Si tu hijo se ha lastimado o le ha sucedido algo que le ha hecho llorar y ha venido a ti para que le consueles, la peor respuesta que le puedes dar es "no pasa nada". Es contradictorio que le demos contención y a la vez neguemos sus sentimientos. Es como decirle "Te cortaste el dedo, sé que te duele, pero no pasó nada". ¿Cómo que no pasó? "¿Me he rebanado el dedo, me duele horrores y encima me dicen que aquí no ha pasado nada?". Es confuso para ellos.

Las consecuencias del "no pasa nada" se irán acumulando. Los decimos sin pensarlo, porque por supuesto que nos importa lo que les sucede a nuestros hijos. Los niños entienden todo en el sentido literal, no comprenden los conceptos abstractos y que detrás de nuestras palabras hay en realidad una intención de calmarlos. Reciben el mensaje de que ignoramos su dolor, su tristeza, su frustración o su enfado.

A los niños les damos un ejemplo confuso cuando lloran y tratamos de decirles que no pasa nada, pues la manera de comunicarnos con nuestros hijos va dejando huella en su personalidad y a medida que crecen influye también en la forma en que ellos se relacionan con las demás personas. A la larga, dejarán de contarte sus cosas.

En cambio, cuando venga a ti buscando consuelo, conecta con tu hijo, mírale a los ojos y empatiza con lo que siente. Cuando estés a punto de pronunciar el socorrido "no pasa nada", prueba a cambiarlo por frases positivas acordes a cada situación, como por ejemplo,  "Sé que te has hecho daño y que te duele mucho, vamos a limpiar la herida y a curarla con besos y abrazos."

Si ante las situaciones desafiantes para nuestos hijos les decimos "no pasa nada", la angustia es aún mayor, porque sí que le duele la herida, sí que se siente mal con lo que le ha hecho su amigo y sí que tiene miedo por ir al dentista. Como padres estamos para entenderlos, no para negar lo que les pasa.

A los padres no nos gusta que nuestros hijos lloren; es lógico. Nos gustaría que nunca lo hicieran, pero llorar es óptimo y necesario muchas veces. Al igual que nos sucede a los adultos, el llanto les ayuda a desahogarse y si es en el hombro de mamá o de papá, se sienten contenidos y acompañados.

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De eso se trata: no de evitarles el sufrimiento, sino de apoyarlos y acompañarlos cuando nos necesiten. Por eso en lugar de decirles "no pasa nada", lo mejor que podemos hacer la próxima vez es decirles, "llora todo lo que necesites, suéltalo, que mamá/ papá está aquí para acompañarte".

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