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Perdonar a tu familia, clave para un futuro feliz : psicóloga
Buena Vida

Perdonar a tu familia, clave para un futuro feliz : psicóloga

Asociamos la palabra con religión y moral, pero perdonar no quiere decir olvidar. Evadir los problemas solo hace que vuelvan a tu vida con más fuerza

Por: Brenda Colón Navar

Perdonar a tu familia, clave para un futuro feliz : psicóloga(Fotografía Unsplash)

Perdonar a tu familia, clave para un futuro feliz : psicóloga | Fotografía Unsplash

Alguna vez alguien me dijo que cuando perdonábamos no era algo que hacíamos en favor de otros, sino de nosotros mismos. Esta idea concuerda con la propuesta de la psicóloga Imi Lo, quien asegura que perdonar a tu familia es la clave para un futuro feliz. Vale la pena creerle, es especialista en trauma infantil, desorden de la personalidad y más.

En pocas palabras, explica que perdonar nos permite soltar el pasado para liberar el alma. Señala que a medida que procesamos las heridas del pasado, asociamos el perdón con cuestiones morales y religiosas, lo que dificulta su ejecución.

Perdonar a tu familia, clave para un futuro feliz : psicóloga

Perdonar a tu familia, clave para un futuro feliz : psicóloga. Fotografía Unsplash

Lo primero que aclara la experta es que perdonar no equivale a olvidar, pues eso sólo cubre emociones como el enojo y nos lleva a un perdón prematuro, muchas veces motivados por proteger a un ser querido.

Así, lo único que se logra es que todos nuestros traumas o problemas, se escondan y resurjan en el momento menos esperado, limitando las posibilidades de un buen futuro. Su reaparición puede observarse como adicciones, actitudes compulsivas, depresión, el hecho de permitir todo tipo de abusos, incluso ira hacia nuestros seres queridos.

¿Qué proceso debemos seguir para perdonar? Imi Lo enumera los pasos en este orden:

1.- Aceptar la verdad, por más horrible y dolorosa que sea.

2.- Contar nuestra historia. Una persona cercana, un especialista o incluso en un diario.

3.- Escuchar al enojo. Es el punto más difícil porque tendemos a confundir el enojo con traición, agresión y desconección, debemos evitar dirigir este sentimiento hacia nosotros mismos en forma de vergüenza.

4.- Vivir el duelo. Es un camino oscuro, pero la luz que encontramos al final de él se traduce en liberación.

5.- Unir el pasado a nuestro presente. El objetivo aquí es que nuestra mente madure hacia una visión más completa y realista de nuestra vida, nos convertimos en seres conscientes de lo bueno y lo mano, nuestra sabiduría y lo que debemos aprender, el amor y el odio, el enojo y la compasión.

6.- Aprender a convivir con nuestra familia con base a como es hoy en día. No siempre las disculpas y la redención son posibles, pero podemos aprender a manejar nuestros puntos débiles emocionales y a establecer lazos y límites sanos.

No podemos liberarnos de emociones negativas como el enojo ya que es una parte importante de nosotros. Lo mismo ocurre con la envidia, el resentimiento y el arrepentimiento, debemos abrazarle como parte de lo que somos.

“Crecemos en ambientes donde no podemos expresar nuestro enojo, así aprendemos a negar sentimientos y reprimir recuerdos. Esto provoca temor de nosotros mismos y de perder el control. La realidad es que el enojo es una emoción sana si sabemos manejarla y aceptarla, es la otra parte de la pasión que nos hace sentir vivos”, explica la especialista.  

El aprender a liberar el enojo poco a poco nos permite que no se acumule a un grado incontrolable, además permite que disfrutemos lo bueno de todo lo que podemos sentir.

¿Ya perdonaste? Entonces ahora cuando te lastimen puedes sentir enojo en lugar de depresión, transformar el enojo de alguna injusticia en la energía que provoque el cambio, expresar tu molestia cuando alguien traspase tus límites personales. Permítete sentir y expresar, escucha al niño interior que muchas veces fue ignorado.

Debemos considerar que aquellas personas que nos lastimaron, quizá nuestros padres, también son seres humanos que fueron lastimados y limitados. Su trato hacia nosotros también fue con base a inseguridades, proyecciones, traumas y heridas, por lo que no entendieron el efecto que tuvieron en nuestras vidas.

Así fuimos transformados, pues nos vieron como una amenaza por tratar de alzar la voz, nos convirtieron en lo que no pudieron vivir y en el contenedor de la ansiedad que no podían digerir. Sí, hay momentos duros pero ¿qué hay de lo bueno? Integrar ambas partes nos permitirá expandir nuestra vida y el círculo de seres queridos.

Al final, podremos reconocer que no somos niños perdidos, sino que tenemos la opción de sentir y alejarnos si es necesario o tomar acciones que lleven a mejores resultados en todos los aspectos.

Con información de Psychology Today

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