Buena Vida

¿Será posible hacer una boda feminista?

Si realmente la quieres, es posible hacerla

Por: Norma Portillo

Foto: Agustin Samper

Foto: Agustin Samper

Aunque actualmente las mujeres están dando la lucha por la equidad de género, el sexismo se encuentra en cada uno de los ámbitos de nuestra sociedad.

Uno de esos lugares es el matrimonio. Desde pequeñas las mujeres reciben la educación de que son seres delicados y bellos. Cuando alcanzan la pubertad, las jóvenes saben que su único cometido será encontrar un príncipe azul que las proteja de los peligros que acechan fuera.

Y aunque esta idea pueda resultar antigua, sigue arraigada en nuestras conciencias. La mayoría es capaz de diseccionarla y echarla abajo, pero inconscientemente la educación que recibimos se traduce en la forma en la que entendemos el amor y el compromiso.

El feminismo es un movimiento político que lucha contra las desigualdades entre hombres y mujeres, pero no establece un perfil ideal de comportamiento. En este mundo utópico, cada persona es libre de tomar sus propias decisiones. Por eso es posible ser feminista y querer maquillarse cada día o llevar tacones imposibles. Tampoco te invalida en este aspecto soñar con una boda al uso (o más actualizada); asimismo, es igual de lícito casarse de blanco que hacerlo con un mini vestido de color rojo carmín.

 

En el caso de que una mujer decida casarse, Katrina Majkut, la creadora de la web The Feminist Bride recomienda ser muy autoconsciente y prestar atención a cada detalle de la celebración, para poder llevar a cabo una boda feminista. Eso sí, reformando la institución matrimonial desde el primer momento: el de la proposición. Si es ella quien lo hace, ¿por qué no aprovechar para ponerle un anillo a él? Una buena opción podría ser llevarlo los dos, o ninguno.

Una vez decidido, mejor eludir tradiciones machistas, como la que estipula que el novio debe ir a pedir la mano de su prometida.

Una vez prometidos, empieza la parte más complicada y estresante. Aunque puede que los novios se encuentren entre algodones, es necesario bajar una vez más al mundo real para poder ultimar todos los detalles. Esta planificación supone un gran esfuerzo, así que lo lógico es que la otra parte trabaje al mismo nivel, y no se desentienda de determinadas funciones por considerarse ocupaciones femeninas.

Comportamientos así se refuerzan con la idea generalizada de que es a ella a quien le hace ilusión casarse. Sin embargo, organizar una boda supone una responsabilidad para ambos.

Antes de que la familia de la novia cargue con la mayoría de los gastos del evento, es fundamental preguntarse el porqué de esta costumbre. La explicación se asienta en un posible favor que le estaría haciendo la familia del novio al aceptar casarse con ella, asumiendo que él la mantendrá de ahora en adelante. Pero, teniendo en cuenta que una boda es una fiesta que se organiza para celebrar el amor, y que no es una obligación, lo más sensato es que todos contribuyan a partes iguales. Y también los implicados.

 

Las despedidas de soltero pueden participar en fiestas en las que no haya sólo personas del mismo sexo. Optar por planes que se escapan de lo establecido como irse un fin de semana de acampada, o pasar una tarde en el monte o en la playa son opciones baratas y que no implican esa distinción tan artificial en la que las mujeres se comportan como mujeres y los hombres como hombres.

El día de la boda, la novia suele llegar acompañada de su padre. Este acto, en principio indefenso, tiene unas connotaciones que no lo son tanto. Es el progenitor quien la entrega a ella: es decir, la mujer adulta se aleja del cuidado de su padre para caer en brazos de su marido. En ningún momento llega a ser una persona libre y segura de sí misma, y siempre está a expensas de un varón. 

Una vez casados, mejor no tirar el ramo. Si en la boda hay chicas que no se han desposado o no tienen pensado hacerlo, es importante que no sientan que están siendo censuradas por ello. En el caso de los hombres, esta situación personal no supone un extra, pero la idea de mujer “solterona” sigue estando muy arraigada en nuestra sociedad.

 

salir de la ceremonia, mejor hacerlo por tu propio pie y no en brazos de la pareja. Estas costumbres, de nuevo, se sustentan en la idea de la propia indefensión e incapacidad femenina. También es posible que algunas personas se acerquen a la novia y asuman que después de la boda, el siguiente paso son los niños. Es entonces cuando una novia feminista debe dejar claro que esa es una decisión personal que además, de llevarse a cabo, será responsabilidad de dos personas.

Con todo esto en mente, será más sencillo organizar una fiesta libre de tradiciones machistas. Eso sí, antes de tomar la decisión de casarse, es mejor asegurarse de que tu pareja también es feminista. Solo así será posible lograr una futura convivencia en igualdad de condiciones.

Con información de Smoda.elpais.com

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