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Sana porque nuestros hijos no merecen la versión lastimada y rota de nosotros
Buena Vida

Sana, porque nuestros hijos no merecen la versión lastimada y rota de nosotros

El día que nació mi hijo, perdoné todo, me perdoné y es que comprendí que cuando uno es madre o padre lo principal es sanar, porque nuestros hijos no merecen la versión lastimada y rota de nosotros.

Por: Gisselle Acevedo

Sana porque nuestros hijos no merecen la versión lastimada y rota de nosotros. El día que nació mi hijo decidí darme el mejor regalo más bello del mundo, sí decidí perdonar a todo aquel que alguna vez en la vida me había fallado, lastimado, ofendido, o simplemente no me había querido como me hubera gustado. 

Perdoné porque quise que mi hijo, el mayor tesoro que me ha dado la vida,conociera mi alma libre, que no me encontrara rota o fracturada, sin encontrar las piezas que perdí en mil batallas que crucé antes de que él viniera. 

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Quise que me encontrara feliz, agradecida, llena de calma. Perdoné porque yo supe desde el primer día que escuché el latido de su corazón, que ese ser que me había elegido como madre lo merecía todo. 

El día que nació mi hijo me reinicié, reinicié mi vida sin rencores, perdoné, incluso me pedí perdón a mí misma por las veces que me fallé y llegué plena a la cita a ciegas más hermosa que Dios me regaló. 

Perdoné a mi padre por no haberse dado el tiempo de quererme como yo quería ser querida. Perdoné a mi madre porque hubo un momento en el que le faltó amor propio para escapar de donde no quería estar. Perdoné a quien pasó por mi vida y no se quedó, me perdoné a mí misma por haber juzgado a quien me dio la vida y solo recuperé en mi memoria los momentos buenos, esos que me dieron risas y que valía la pena guardar en el corazón.

Sana porque nuestros hijos no merecen la versión lastimada y rota de nosotros. FOTO: UNSPLASH

El día que nació mi hijo perdoné todo, a todos y lo recibí en santa paz, confiando que el mundo me ayudaría a iniciar de nuevo, a guiar a la nueva vida que tenía en mis manos. 

Y es que comprendí que cuando uno es madre o padre lo principal es sanar, porque nuestros hijos no merecen la versión lastimada y rota de nosotros.

No merecen cargar con rencores añejados, merecen ser recibidos en un mundo donde las segundas oportunidades existen. 

Perdoné por él, por mí, porque quise que encontrara a una madre completa, de una sola pieza y en paz, libre de cualquier pasado y con ganas de ver el futuro con amor, con mucho amor.