Logo Soy Carmin
Papi, aunque ya no estés, vives en mi.
Buena Vida

Papi, aunque ya no estés, vives en mi

Aunque pasen los años, el amor por los padres es interminable y no tiene fecha de caducidad, incluso aunque ya no estén en este mundo, viven en el corazón de sus hijos y las personas que los amaron

Por: Bonita Haro

Papi, aunque ya no estés, vives en mi.(FOTO: PEXELS)

Papi, aunque ya no estés, vives en mi. | FOTO: PEXELS

Hoy papi, más que nunca, la nostalgia me invade y tu recuerdo me llega hasta el alma, en ese rinconcito privilegiado en el que te tengo y desde donde te escapas y te metes en mis pensamientos cada que se te antoja. Hoy quiero recordarte que, aunque no estés, vives en mi.

¿Quieres saber cómo lo sé? Es sencillo, dejaste una gigantesca huella en mi, y seguro en cada persona que tuvo la fortuna de conocerte, pues eras una persona excepcional. Aprendí tanto de ti, te admiré con cada acción, me hiciste reír tanto, que, aunque ya no estés, vives en mi.

Cada anécdota, cada palabra aprendida, cada mimo y cada abrazo se quedó aquí, en mis brazos, tu olor en memoria y tu sonrisa en mis ojos. Papi, aunque no estés, vives en mi, en cada respiro, y en cada momento en el que tengo que poner en práctica tus sabios consejos.

Quizás las prisas, los hijos, el trabajo y la rutina a veces me distraigan de todo, pero ten por seguro que nunca te olvido, y siempre te siento aquí junto a mi, guiando mis pasos.

Apareces como por arte de magia en mis decisiones, cuando hablo con mis hijos, cuando no tengo ánimos de levantarme y tú me das fuerzas, cuando hay que hacer el bien, como tú me enseñaste y cuando hay que recordarle a mamá que nos tiene a nosotros, pero tú la cuidas desde el cielo.

Sigue leyendo: Mi madre me enseñó todo, menos a estar sin ella

Papi, aunque no estés, vives en mi. Porque te ganaste a pulso ese lugar desde que nos regalaste todo tu amor y toda tu atención, aunque en ocasiones te olvidaras de ti mismo. Por todos los develos que, sin arrepentimientos, nos dedicaste cuando estuvimos enfermos, o cuando tuvimos alguna pesadilla.

Por el amor que nos inculcaste a mi y mis hermanos y los valores que nos diste como ejemplo para convertirnos en las personas que somos; por todo lo que trabajaste toda tu vida por lograr que nada nos faltara; por quedarte sin un peso cuando necesitamos de medicamento, estudio o vestimenta; porque para ti no había sacrificio tan alto, con tal de vernos bien y felices. Gracias papá.

No te voy a mentir, te extraño tanto, y aunque quisiera que estuvieras aquí, me consuela y me siento feliz al saber que, donde quiera que estés, estás contento y eres feliz, pues sé que a las buenas personas siempre les va bien, y tú, papi, tú eras el mejor.

Gracias por haber estado presente en mi vida, gracias por guiarme, por amarme y por preocuparte siempre por mi. Prometo honrarte y hacer lo mismo por las personas que dependan de mi, y jamás te olvidaré porque, aunque no estés, vives en mi.