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Me perdono por todas las veces que dejé que mi felicidad dependiera de otros
Buena Vida

Me perdono por todas las veces que dejé que mi felicidad dependiera de otros

En ocasiones es necesario hacer una pausa y reflexionar sobre nuestra propia felicidad, esa que no depende de nadie más. Porque a veces damos todo por el otro y nos quedamos vacíos 

Por: Laura Alarcón

Me perdono por todas las veces que dejé que mi felicidad dependiera de otros(unsplash)

Me perdono por todas las veces que dejé que mi felicidad dependiera de otros | unsplash

Me perdono por todas las veces que dejé que mi felicidad dependiera de otros. A veces creemos que al hacer felices a otros nos llenará de dicha, pero sólo nos deja un profundo vacío, porque bien dicen que nadie puede dar lo que no tiene, así que primero debes amarte a ti misma. 

Amarte a ti misma, suena fácil eso del amor propio, lo escuchamos tan frecuentemente, pero no venden pastillas de amor propio, ni existe una receta mágica para conseguirlo, porque es un crecimiento constante de esos que nunca acaban, porque necesitas amarte todos lo días y no sólo por ratitos. 

Crecimos creyendo que debíamos complacer a otros, nos esforzamos por dar hermosos regalos pero nos cuesta tanto decir lo que queremos. Porque se dice que hay que dar sin esperar nada a cambio. Pero la realidad es que cuando das amor esperas lo mismo de regreso. 

En ocasiones nos perdemos en el discurso de que el amor todo lo puede y todo lo perdona y nos olvidamos de expresarle al otro lo que necesitamos y lo que nos molesta y dicha acción a la larga nos presenta infinidad de problemas. porque es importante aprender  a expresarnos en el momento indicado.

Ese absurdo perfeccionismo de querer complacer a todos nos lleva a olvidarnos de nuestras prioridades, de lo que sentimos, de lo que queremos y de lo que disfrutamos. Terminamos por permitir que el otro decida por nosotros, para evitar discutir, pero en el fondo nos sentimos ignorados. 

Con el tiempo descubres que sin importar los silencios que conservaste, las cosas salieron más y hoy estás aquí perdiendo a esas personas a las que tanto amaste pero con las que nunca tuviste una comunicación asertiva. Probablemente te sientes culpable, pero no queda mucho por hacer. 

En realidad lo único que queda es perdonarte a ti mismo, por haberle fallado a ellos, pero es igual de importante perdonarte a ti por haber sido incongruente con tus emociones, por no haber tenido el valor de expresarlas a tiempo. Dejar que otros decidirán por ti fue una mala idea.    

Pero todos tomamos pésimas decisiones en algún momento de nuestras vidas,  y no queda más que aprender de nuestros errores, evitando cargar con culpas. Porque el tiempo no puede volver, la vida sigue y tu debes construir tu mejor versión.

Ocúpate de ti, de ser una mejor persona en base a lo aprendido, perdonate por las veces que fallaste por complacer a otros y cree en ti, en tu potencial de ser una mejor persona, conviértete en esa persona que por años reprimiste, es el momento de pensar en ti como prioridad.