Buena Vida

Lección de una hija de divorciados; para reflexionar

Si eres madre recuerda bien esto: "A tus hijos no les seques el alma con rencores que no les pertenecen". 

Por: Gisselle Acevedo

Lección de una hija de divorciados; para reflexionar

Lección de una hija de divorciados; para reflexionar

"No te dejo por mis hijos". "Por mis hijos sigo aquí". Esta y otras frases retumbaron en mi cabeza por años; soy hija de padres divorciados y el pretexto perfecto para esconder su miedo a romper una relación que hacía tiempo que había muerto. 

Esto último al parecer no lo notaron nunca, me trajeron de aquí para allá, tal parecía que querían que amará más al que más me daba regalos, y digo regalos porque como la relación de familia ya no existía entre los dos seres que más amo en el mundo, se olvidaron de darme tiempo y buen ejemplo. 

Pero sobreviví. No me convertí en un monstruo, la depresión nunca llegó a mí y es que a pesar de lo complicada que es la vida al ser testigo de cómo los amores se aferran a no morir, siempre tomé al "toro por los cuernos"  y aprendí al revés. 

¿Qué a que me refiero con esto? Mi madre me enseñó (y no de la mejor forma) que el amor propio está primero, nadie te amará ni vendrá a cuidarte si no lo haces tú. Por su parte, de mi padre aprendí (con sus malos actos, debo decir) que la traición envenena el alma y que quien engaña no es digno del amor. 

Sí, soy hija de padres divorciados y desde hace tiempo me he dedicado a rehacer mi historia con curitas, a poner parches en donde quedaron vacíos, a sumar cariño, a ser yo la principal pieza de mi cuento, a no buscar amor en donde no lo hay y a cultivarlo en donde brota por convicción. 

Lo debo aceptar, su divorcio me llevó a hacerme fuerte, una mujer con carácter duro, pero nunca distante de lo que a mi alrededor sucede. 

Ahora que estoy del otro lado, permíteme decirte, a ti madre, a ti padre, que no, no son tus hijos los que tiene culpa del amor que no funcionó. Ellos no merecen que nadie les diga cómo amar a los seres que les dieron vida. 

Al final recuerda que tus pequeños serán el reflejo de lo que eres tú, así que no les seques el alma con rencores que no les pertenecen, no los pongas en medio, ámalos y si la relación en la que estás no va más, no hagas que en su cabeza retumbe el: "No te dejo por mis hijos". "Por mis hijos sigo aquí".

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