Buena Vida

Gemir o no gemir ¿Qué piensas tú?

Tal vez puede significar que uno está concentrado en alcanzar el triunfo

Por: Martha Gastelum

Gemir o no gemir ¿Qué piensas tú?

Gemir o no gemir ¿Qué piensas tú?

¿No te reconoces?

Me preguntó tras dejar correr unos segundos del audio con mis gemidos.

Primero sentí un poco de vergüenza. Después me dio curiosidad, un tanto de risa y, hacia el final, estuve a punto de aplaudir. No porque fuera una gran actuación. No se confundan. Simplemente sentí ganas de ovacionar ese ímpetu de libertad.

De libertad para explorar, para improvisar y hasta echarle crema a los tacos. Otra vez no me malentiendan: no hablo de fingimiento sino de rebasar los límites, propios y ajenos, jugar y dejarse ir.
Para fines prácticos, este tipo de expresiones son, aunque no en todos los casos, un termómetro, un indicador para saber si vamos bien o mejor nos regresamos.

Mujeres gemidos. Foto: dmodaenvzla.com

 

¿Por qué no en todos los casos? Porque así como el silencio puede ser una señal de ‘’Lo perdiste’’, igualmente puede significar que uno está concentrado en alcanzar el triunfo, ojos bien cerrados, así que Do not disturb.

O todo lo contrario. Me explico. Un estudio británico, cuyos resultados se publicaron en 2011 en la National Library of Medicine National Institutes of Health de Estados Unidos, evidencia que las vocalizaciones copulativas no son un acto reflejo consecuencia del orgasmo. Hay que decir que el estudio sólo se basó en 71 mujeres heterosexuales, de entre 18 y 52 años. En el 85 por ciento de los casos analizados se informó que las mujeres se sirven de los gemidos y demás expresiones para excitar a la pareja y sobarle el ego. De hecho, 80 por ciento confesó que podían hace ruidos incluso en los momentos en que sabían que no alcanzarían el orgasmo. Según el reporte, los beneficios de esta táctica, más o menos consciente, va, otra vez, de lo útil a lo cínico: en efecto, esta suerte de porras levantan la autoestima del hombre y, con ello, el vínculo de la pareja muy probablemente habrá de fortalecerse. Por otra parte, al acelerar el orgasmo masculino, las mujeres pueden descansar de una relación íntima dolorosa, incómoda, aburrida y, todos contentos, por fin dormir.

Como ocurre con casi todo lo que se postea, la parte sabrosa, a veces igual o más que la información misma, son los comentarios de los usuarios. . . que se multiplican y viralizan, especialmente cuando se trata de asuntos tan polémicos como el que aquí nos ocupa y nos encontramos casi casi con un mano a mano entre los infalibles detectores de orgasmos fingidosy las invictas que nunca fingen porque no lo necesitan, porque simplemente manifiestan lo que sienten y en el grado en que lo sienten aun ante la mirada y, sobre todo, los oídos ‘’sospechosistas’’ del cazador de falsos orgasmos.

Gemidos femeninos. Foto: batanga.com

 

-Hey, tampoco se trata de exagerar. . . – me dijo hace no mucho un hombre monumental cuando empezaba a acariciarme. Aunque de golpe medio me ofendí, mi respuesta fue que se me daba naturalmente, que no tenía motivos para mentir. Lo que ya no le dije fue que había empezado a venirme desde que habíamos hecho match en Tinder. Un poco de discreción no estorba, ja. Pero bueno, a lo que voy es: su empeño en pescar a la falsaria lo hizo subestimar o ni siquiera notar qué tanto estaba yo a sus pies. Adelanto que después todo se arregló, aunque eso ya sea otra historia.

Volviendo al terreno de los gemidos, hace unos días en una reunión lancé una pregunta a los invitados sobre cómo se expresaban mientras tenían relaciones sexuales. Partí de una clasificación, la más frecuente que encontré en los foros en la red:

Gemidos.
Gritos.
Respiros.
Silencio.

Como era de esperarse, la respuesta fue más que reveladora porque dio pie a nuevas respuestas, a respuestas combinadas, a excepciones a la regla, es decir: respuestas humanas. Lo que se compartió esa noche (y que se sigue compartiendo a través de redes y de e-mails) me dejó mucho más satisfecha (valga la redundancia) que la clasificación de gemidos femeninos hecha en la obra Los monólogos de la vagina, original de Eve Ensler, aun corregida y aumentada a través del tiempo y a lo largo y ancho de los escenarios mundiales en que se ha representado. Quienes han visto la obra saben que esa escena es una de las más divertidas. Eso que ni qué. Pero insisto en que el diálogo entre los internautas y la gente con la que he hablado me ha sido más provechoso porque trasciende la categorización y profundiza no sólo en el porqué de una u otra expresión de placer sino en el dilema de dilemas: gemir o no gemir, punto.

Gemidos sexuales. Foto: pijamasurf.com

 

Van algunos ejemplos:

Hombres y mujeres, aunque ellas menos, que lo hacen en silencio porque eso aprendieron de chicos, cuando se masturbaban y no querían que nadie más se diera cuenta. O porque les remite a cuando de novios lo hacían en la sala, a escondidas de los padres. Gemidores y gritones que, cuando hay visitas en casa, prefieren hacerlo de perrito, esconder la cabeza en la almohada y sacarla para poder respirar y no morir en el intento. Las combinaciones: gemir y gruñir; respirar y hablar. Respirar agitadamente y ronronear. Bufar y reír. O las progresiones: murmurar, sollozar, gemir, llorar, gritar, aullar, no en vano el ‘’chillen, putas’’, de Octavio Paz. . . Hombres que hacen ruidos de cavernícolas. Mujeres que jadean, maúllan, casi ladran o, con todo respeto, rebuznan.

¿Dicen que los hombres no deben gemir?

Salvo el caso de una mujer que dice no poder contener las carcajadas cuando su pareja gime escandalosamente, la mayoría de voces recolectadas en mi empírica aventura pide más: más ruidos por parte de los hombres a la hora de la verdad. ¿Qué dicen ustedes? ¿Cómo se definen? ¿Cuál es su combinación o en qué fase de la progresión se encuentran? Tal vez nos hemos acostumbrado a su silencio, su sutileza, su discreción, pero, y aquí hablo fundamentalmente por mí y todas mis compañeras, por lo que más quieran: déjense escuchar. Yo sí les aplaudiría.

Fuente: blogs.gq.com.mx

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