Buena Vida

Esto hice tras terminar una relación de 5 años

En lugar de quedarme llorando para siempre, decidí que quería reinventarme. 

Por: Ana Izabal

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Cuando pasas tanto tiempo con una persona, es imposible no impregnarte de las manías del otro. Tu vida ya no es tuya, sino de ambos y cuando ya no hay nadie, no recuerdas como era tu antes. 

Por alguna razón, bueno, mejor dicho por muchas, un día comprendimos que nuestros caminos se habían separado desde hacía tanto tiempo, que ya era imposible brincar de un punto a otro. 

Ya no eramos los mismos, salvo en ciertas cosas, en esos pequeños detalles que aún nos unían pero que no eran lo suficientemente fuertes como para mantenernos estables. Caminábamos en una cuerda floja sin red para aterrizaje.  

Era inevitable, el amor no siempre es suficiente. 

Cuando el momento de decir adiós llegó, me senté en mi cama y me dije ¿ahora qué? ¿cómo continúo? porque sin darme cuenta habían pasado 5 años y el mundo había avanzado fuera de mi burbuja. Tenía miedo, una mezcla extraña entre el alivio y la nostalgia, pero después de vivir el duelo que necesité vivir (no fue corto, ni fácil, pero pasó) me di cuenta que tenía frente a mi un mar de posibilidades nuevas, de aventuras sin vivir y de aprendizajes aún desconocidos. 

En lugar de quedarme llorando para siempre, en un círculo vicioso que solo te llena de dudas y de mal juicio, decidí que quería REINVENTARME, de ser todo lo que no había podido ser, porque estar con alguien a veces es una limitación a tu propia expansión y de HACER todas esas cosas que me habían apasionado solo en sueños. 

Tomé mi cámara y salí a buscar todos esos detalles de los que me estaba perdiendo. Caminé entre ríos y bosques y me conecté con las cosas que me rodeaban. Solo era yo y mi cámara, viendo el atardecer más hermoso en un día de agosto. 

 

 

Empecé a vivir con simpleza, a hacer pequeñas cosas que parecen insignificantes para otros y convertirlas en experiencias extraordinarias. A vivir fuera de la caja y a disfrutar los pequeños momentos. Porque la vida es eso, sonreir a un extraño en la calle sin razón alguna y quitarte los zapatos para pisar la grava fresca de un arroyo sin pensar en si está bien o no. 

 

 

Busqué mi espacio, para pensar, para sentir y para observar. Olvidar no es sencillo, pero podemos buscar la manera de que no se sienta tan pesado. Necesitaba ese momento solo para mi y lo encontré muchas veces, permitiéndome tomar fuerzas para continuar. 

 

 

Nunca me detuve. Descubrí que había tantas cosas que me gustaban y que no había hecho por miedo o por terquedad. No me importaba la forma, solo la sensación, el alivio de poder plasmar todos mis sentimientos en un lienzo, en una hoja de papel. Me dediqué a crear nuevos mundos, esos que antes solo habían existido en mi cabeza. 

 

 

Y por supuesto, me mantuve cerca de los mios, de las personas que amo en mi vida, mis amigos, mi familia, yo misma. Dije ¡soy jóven! más amores vendrán, nuevas personas vendrán y aunque siempre existe un capítulo escrito especialmente para esa persona, siempre llega el momento de girar la página. 

Salí y me divertí como nunca, viví como nunca y en ese camino estoy ahora. 

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