Buena Vida

En el sexo, ¿te gusta dominar?

Cada quien disfruta a su manera

Por: Soy Carmin

Pareja sentada   (Foto: 3.bp.blogspot.com)

Pareja sentada (Foto: 3.bp.blogspot.com)

En el sexo como en todo lo demás hay gustos variados. Algunos les gusta dominar y a otros ser los dominados.

Pero en la variedad está el gozo, y si bien es agradable ser dominada, también lo es tomar las riendas de la relación. Sin embargo, a veces, la costumbre que puede desviarnos de lo excitante a la duda de qué es lo quiere demostrar nuestro chico que no deja que intercambiemos roles para que él también conozca el lado imponente de la mujer dentro de las sábanas.

Tuve un amante cachondísimo, seguro de sí mismo, que siempre tomaba la iniciativa para empezar nuestras exquisitas colisiones y que no reparaba en lograr un foreplay sensacional para que cayera redondita ante sus antojos. Me estimulaba de tal modo que –la primera confesión– yo cedía a tener sexo anal (obviamente con los debidos preparativos), logrando una dilatación extraordinaria para llevarlo a cabo exitosamente.

Todo suponía que él sería el que dominaría la situación por su riquísimo empeño de macho alfa. Sin embargo, quien controlaba en el excitante ceremonial era yo. Yo sabía cómo moverme, posicionarme, hacer y deshacerlo, ya que él estaba muy consciente de que había cumplido con su trabajo para yo continuar con el mío (hecho que lo ponía a mil). En una fusión de poderes, todo llegaba a buen puerto.

Hubo otro que, desde el inicio hasta el final, dirigía el ritual. Amoroso, con ternura, con desenfado y poderoso, aunque siempre dando la pauta para que él fuera el que imponía; “bésame aquí, tócame de tal o cual manera, muévete así, déjate, grita esto y dime lo otro”, pero cuando yo pedía turno para recibir lo que deseaba que tocara, dijera o encendiera en mí, parecía como una afrenta a su naturaleza y volvía a ordenar. Irremediablemente, mi cerebro tomaba el control de lo que podría haber sentido mi cuerpo espontáneamente si el dominio se hubiera dosificado para el disfrute de ambos; me rendía ante las instrucciones y no me quedaba más que ingeniármelas para lograr mi objetivo: gozar por mí misma usando uno que otro de sus encantos, mas no todos porque no me era posible. Estaba coartada en mi desempeño. Aclaro que no hubo abusos ni nada semejante, pero todo se volvió aburrido y predecible.

A él también le encantaba el sexo anal… Pues sólo lo hicimos una vez, ya que no era tan sencillo complacerlo con todo y los cuidados técnicos; en la práctica, el “flojita y cooperando” ya no aplicaba. ¿Cómo podría suceder con ese riguroso instructivo? Nunca lo entendió, ya que nunca se lo dije y siempre creyó que así iba por el camino correcto. Tache para mí.

Entonces, el dominio constante del hombre en la cama ¿excita o limita? Quizá a unas les acomoda, pero a otras, como a mí, la variedad nos viene de lujo. Porque estoy convencida de que en ti sucede igual, pues entregarte por completo al poder femenino seguro es una experiencia que también potencia los instintos más viriles y dominantes de tu hombría para arremeter cuando llega tu turno. ¿Por qué no mitad y mitad?

Con información de Blogs.gg.com.mx

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