Buena Vida

El tiempo, mi peor enemigo y mi más grande aliado

Bendito seas por curar mis heridas 

Por: Norma Portillo

Foto: Whatthegirl.com

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Cuando te fuiste caí en depresión, me sentí un cero a la izquierda, perdida, un barco sin puerto. Dolió sí y mucho. Los días pasaban y el dolor es más intenso.

Acudí a remedios, a amigos, a la familia. Necesitaba librarme de ti, de tu recuerdo, de tu presencia, de ese dolor profundo y desgarrante.

El tiempo me decían, da las gracias, quiérete, pero todo falló, todo era oscuro, a todo le hacía falta tu presencia, tu cuerpo y tus caricias.

Cierto, con el tiempo el dolor menguó, ahora ya no lloraba en cualquier parte y lugar, ya tenía mi rincón en dónde descargaba toda esa frustración de no tenerte junto a mí.

Con el tiempo inicié una distracción, algo para olvidarte, para retomar las riendas de mi vida y las ganas de vivir.

Con el tiempo saque fuerzas de mi ser, ese que había olvidado y que me estaba esperando, paciente y tranquilo.

Con el tiempo aprendí que el amor termina y debo dejar partir a la otra persona para que busque su felicidad.

Con el tiempo decidí que ya no quería llorar, sino reír, que ya no quería ser la sombra, sino la luz, que ya no quería sentirme vacía, sino llena.

Fue el tiempo mi más grande enemigo, pero también fue el tiempo el que curó mis heridas, tristezas y desamor.

¡Bendito seas tiempo que sanaste mi ser!

 

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