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El día que dejé de idealizarte, volví a soñar
Buena Vida

El día que dejé de idealizarte, volví a soñar

 Me liberé finalmente de tus cadenas y me sentí libre por primera vez...

Por: Grecia Meza

Foto:blogspot.com

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Todas soñamos con el príncipe azul, a ese hombre perfecto que saldrá de las nubes rosas para hacernos enormemente felices. Ese hombre que hará color de rosa nuestras vidas. Yo soñé con eso. Soñé que él era mi hombre ideal. Pero no fue así, me equivoqué.

Dejé de pensar en lo que necesitaba y comencé a recibir lo que realmente merecía. A veces, estamos tan concentradas en ese ser ideal que, nos despojamos de la realidad y, cuando aterrizas de eso, la cruda realidad se vuelve tu peor enemiga. Yo lo viví en carne propia. No quería encontrar a alguien que no fuera como él, pero en realidad ¿quién es él? ¿acaso merece que me sienta asì? La verdad es que idealizar a una persona no vale la pena. 

 

El amor propio es lo más importante, y eso lo descubrí cuando realmente me dije a mi misma que merecía algo más que esta terrible soledad. El mundo seguía y yo cada día me derrumbaba. Por suerte, la vida me enseñó que al igual que ganamos, también perdemos. Simplemente él no era lo que merecía. Porque merezco algo mucho mejor. Lo quise y sinceramente no me arrepiento, no a pesar de las heridas que quererlo me causó, pero es momento de avanzar. Mi cuerpo, mi mente y mi corazón me pedían a gritos avanzar. Y les hice caso.

En un tiempo fui de las que creía que “el amor todo lo puede, todo lo espera y todo lo soporta”, pero lastimosamente en nuestro caso hubo tantos fallos que el amor se fue debilitando y sin darnos cuenta, un día se nos escapó de las manos, y ante eso no pude hacer nada. Y ahora que lo veo desde otra perspectiva, fue lo mejor.

 

¡No fue fácil, pero lo logré! No es fácil olvidar que aquél hombre tan perfecto, que NO era perfecto. No fue fácil y confieso que toqué fondo. Llegué a sentirme tan perdida y tan desesperada pero, lo logré. Logré superar aquella relación tan tormentosa. Tal vez fui un poco egoísta por pensar en mí, pero ya era tiempo de hacerlo, ya había pensado lo suficiente en él. Ya era hora de ser feliz.

Tan segura estoy de que esta decisión fue lo más acertado que he logrado en mi vida que, considero esto como una lucha entre mi razón y mi corazón esta vez, salió victorioso.

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