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Dejar ir duele, pero aferrarte a lo imposible, duele más.
Buena Vida

Dejar ir duele, pero aferrarte a lo imposible, duele más

Nos olvidamos de dejar ir preocupándonos más por el aguantar, ya se un trabajo, una relación de pareja, una situación familiar. 

Por: Janet Barragán

Dejar ir duele, pero aferrarte a lo imposible, duele más.(Pexels)

Dejar ir duele, pero aferrarte a lo imposible, duele más. | Pexels

Dejar ir duele, pero aferrarse a lo utilizable duele más. Para muchos parece fácil dar la vuelta a la página en una relación de pareja, un trabajo e incluso una situación familiar, pero es más complejo para mucho de lo que se quiere creer. 

De acuerdo con la psicologa Jennifer Delgado dejar ir es uno de los ejercicios más difíciles que, tarde o temprano, tendremos que enfrentar. Y si no aprendemos a soltarnos, tendremos que aprenderlo de todos modos, la vida se encargará de eso, lo que implica que estaremos expuestos a un mayor sufrimiento.

Dejar ir duele, pero aferrarte a lo imposible, duele más. Foto:Pexels

La especialista en psicología advierte que por estar preocupados por aguantar, nos olvidamos de dejar ir. sin embargo una de las cosas que tenemos que entender de la vida es que nada permanece estable, todo cambia. El tiempo está quitando posesiones, relaciones, personas, estado, salud. 

Es por eso que Delgado la afirmación de retener es absurda y solo genera dolor.

Sin embargo, no estamos preparados para dejarlo ir. Nos han enseñado a atesorar y aferrarse. Acumulamos objetos, relaciones, poder, dinero, propiedades, títulos ... Por lo tanto, buscamos una seguridad ilusoria que puede desmoronarse en cualquier momento como un castillo de naipes, pero que nos sentimos como una fortaleza inexpugnable.

Ese estado mental, en el que concebimos nada más que aferrarnos, es el principal responsable del profundo dolor que sentimos cuando nos separamos de algo o alguien. 

Dejarlo ir no siempre es fácil. Cuando hay vínculos emocionales profundos, dejar ir duele. Pero dolerá aún más si nos aferramos a lo insensible, si pretendemos comprender lo que fluye por su propia naturaleza.

En la vida nos aferramos a algo que ya no es, un recuerdo que pertenece al pasado, una relación irrecuperable, una persona que ya no es la misma o que ni siquiera está a nuestro lado, una situación que ha perdido su razón de ser, un objetivo que se ha desvanecido ante nuestros ojos.

Algunas personas piensan que aferrarse a las cosas las hace más fuertes, pero a veces se necesita más fuerza para soltarlas que para contenerse: Hermann Hesse

Aprender a dejar ir no significa que no debamos luchar por cosas o personas que creemos que valen la pena. Luchar por lo que queremos es bueno, pero también debemos ser lo suficientemente inteligentes como para saber cuándo ha llegado el momento de dejarlo ir, para que nuestra vida no se convierta en una batalla inútil contra los molinos de viento.

En cierto punto, debemos preguntarnos por qué nos aferramos insistentemente a algo que no tiene sentidoLa causa más común es el miedo a perder. Si pensamos que en la vida solo deberíamos ganar y acumular, asociaremos dejar ir con el fracaso.

El miedo a perder lo conocido también es un gran obstáculo para dejar ir. Muchas veces preferimos la certeza de la miseria que la miseria de la incertidumbre. Nos aferramos a algo o a alguien con la esperanza secreta de que nada cambiará, pero de esta manera solo pospondremos lo inevitable, dañándonos a nosotros mismos y a los demás, tratando de actuar como un pequeño dique ante el torrente fugitivo que es la vida.

Cuando nos aferramos "diente y garra" a lo familiar, caminamos, lenta pero inexorablemente, hacia el sufrimiento. Porque la vida continúa, pero nos atascamos, reproduciendo patrones de comportamiento y pensamientos desadaptativos que perpetúan el dolor.

Perder el miedo a perder es extremadamente liberador. Debemos despegar capa por capa, soltar el lastre, despojarnos de las limitaciones y limitar las creencias, para abrazar la libertad que conlleva aprender a fluir.

Solo cuando nos separamos de lo viejo podemos realmente abrirnos a lo nuevo. Solo cuando dejamos de lado todo lo que pensamos que somos, podemos convertirnos en lo que queremos ser.

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