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Confirmado: las mujeres más amables son las que más sufren.
Buena Vida

Confirmado: las mujeres más amables son las que más sufren 

Psicólogo revela los peligros de ser demasiado amable y además, el paso a paso de cómo nivelar el nivel de nuestra amabilidad con nuestro amor propio, de manera que podamos crear relaciones más sanas de todo tipo 

Por: Brenda Colón Navar

Confirmado: las mujeres más amables son las que más sufren.(Unsplash)

Confirmado: las mujeres más amables son las que más sufren. | Unsplash

Confirmado: las mujeres más amables son las que más sufren. Pudiéramos pensar que la amabilidad es un gran valor y sí, lo es, pero como todo, en exceso hace daño y es justo lo que explica un reconocido psicólogo.

La amabilidad nos puede llevar a un gran sufrimiento, puede incluso detonar problemas de salud mental y alterar nuestras relaciones con quien nos rodea, además de hacernos blanco de personas abusivas. 

De forma externa podemos decir que nos encantan las personas amables, son las que más recordamos, las que nos inspiran confianza, pero si nosotros somos esa persona amable, ¿hasta dónde podríamos llegar en la forma en que atendemos a los demás? 

El psicólogo Robert Taibbi señala en una colaboración para Psychology Today que la amabilidad posee diversos riesgos, peligros psicológicos y aunque después es difícil, sí se puede hacer un cambio. 

En primer lugar, ¿cuáles son los peligros psicológicos de ser demasiado amable? 

Robert Taibbi señala que debajo de esa imagen amigable y atenta, el exceso de amabilidad puede pasar factura en problemas como los siguientes:

La internalización 

Ocurre cuando la persona sumamente amable contiene sus emociones negativas. Estas son parte de la vida cotidiana, pero la persona amable guarda demasiado y la presión puede detonar casos de depresión, ansiedad y adicciones. 

Estallidos periódicos

Sí, como todo, cuando la presión es demasiada nos hace estallar y en el caso de las personas amables, se da en comportamientos “fuera de lo normal” que incluso pueden hacer que se desconozcan a sí mismos, en el momento y el lugar menos esperado, con las personas que no tienen la culpa de nada. La presión se acumula y el estrés nos hace estallar.

Fuerte autocrítica

La persona amable se culpa demasiado por lo que otros hacen, no importa si no tiene justificación, siente que alguien le regaña todo el tiempo, se siente presionada , se esfuerza por hacer las cosas bien pero también siente que no es suficientemente buena, ella misma sabotea su felicidad. 

Resentimiento

Se da cuando la persona amable da a su comportamiento expectativas que los otros no cumplen, pretende que los demás sepan qué necesita y que se lo dé pero sin pedirlo. Siente que los demás no aprecian todo lo que hace por ellos. 

Desgaste periódico

Es cuando la persona amable siempre realiza las tareas más pesadas, la primera que se ofrece a realizar los pendientes y termina agotada, enferma y hasta puede colapsar o sufrir de depresión severa.

Precompromiso en las relaciones

Es cuando la persona amable no indica de forma clara lo que desea de otros, entonces reduce sus demandas desde un principio y se acostumbra a dar más de lo que recibe, además, nunca obtiene lo que realmente quiere. 

Conductas controladoras y pasivo-agresivas

Ocurre cuando la persona amable presiona a otros para salirse con la suya respaldándose en su amabilidad. 

Relaciones paralizadas

El psicólogo se refiere en este caso a un desarrollo de relaciones con poca profundidad, a que como la persona amable no dice lo que quiere y lo que siente, no se abre por completo con el otro, termina por ser deshonesta y no logra establecer vínculos emocionales e íntimos. La escena se complica en relaciones de parejas donde ambos son personas demasiado amables. 

Lamentos a futuro

Es cuando la persona sumamente amable se arrepiente de la forma en que vivió en el futuro, en un tiempo donde ya no puede cambiar nada, crea una vida dolida que le llena de remordimientos. 

Confirmado: las mujeres más amables son las que más sufren. Pexels

Esto no quiere decir que no debemos ser amables 

El psicólogo Robert Taibbi señala que no se trata no ser amables, sino de entender que nuestra vida debe impulsarse por valores y no por ansiedad, que debemos ser amables con los demás con límites y sin esperar algo a cambio. En pocas palabras es ser amable por gusto y no por que “así debe ser” o por culpa. 

La amabilidad no es una excusa para evitar conflictos y confrontaciones, por ello el psicólogo sugiere:

  • Pensar las cosas antes de comprometernos y evaluar si realmente deseamos llevar a cabo esa acción, de entender realmente cómo nos sentimos y las consecuencias en nuestra vida de aceptar ese compromiso. 
  • Practica decir que no, esto te ayudará a establecer límites. Decir que no, no implica que seas una mala persona, sino una responsable que no se compromete a lo que no puede cumplir. 
  • Considera a tu ira o tu molesta como información valiosa, cuando sientas este tipo de sentimientos, considéralos como información de lo que necesitas, lo que no te gusta, lo que puedes desear y exprésalo. 
  • Sé más honesta, no digas que te sientes bien sino cuáles son tus sentimientos reales. 
  • Identifica los síntomas de cuando una situación te rebasa y recupérate. Si has asumido demasiadas responsabilidades detente, pide ayuda, discúlpate y cálmate, habla, no te lo guardes.
  • Ignora las críticas, cuando haga cualquiera de los cambios mencionados varios se sorprenderán y te pueden hacer sentir culpable y ansiosa pero no pasa nada, enfócate en tus sentimientos, tus necesidades, tus intereses, respira y avanza. Eso te mostrará que esas personas no estaban a tu lado por amor sino por obtener algo de ti. 

Con información de Psychology Today 

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