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A mis 30 no soy señora ni señorita y me encanta
Buena Vida

A mis 30 no soy señora ni señorita y me encanta

Se me está pasando el mentado tren, es un hecho, pero entre más veo que se aleja, el miedo de que no regrese se me "apacigua".

Por: Gisselle Acevedo

A mis 30 no soy señora ni señorita y me encanta

A mis 30 no soy señora ni señorita y me encanta

Tengo treinta y tantos (para qué entrar en detalles). Se me está pasando el mentado tren, eso es un hecho, pero entre más veo que se aleja, el miedo de que no regrese se me ha ido "apaciguando ". Cuando las sonrisas son más que las tristezas todo vale la pena.  

Y es que nada se compara con los frutos del éxito que he cosechado hasta ahora. Mientras mis amigas se casaban, yo estudiaba duro, mientras ellas tuvieron hijos, yo vivía sola, me pagaba mis cuentas y viajaba por el mundo, mientras ellas se divorciaban yo no sabía sí decir sí o no al nuevo ascenso laboral. 

Es más, el reloj biológico ha quedado en segundo plano. Para qué romperse la cabeza, si voy a ser madre, lo seré y si no, pues, no ,así de simple, así de sencillo. Si algo he aprendido con la vida es que los tiempos de DIOS nunca se equivocan. Si los hijos no llegan acompañados de un valeroso "príncipe azul" no tengo problema, soy una mujer fuerte, hecha de una sola pieza y tengo una ley de vida que no falla: El que no arriesga no gana y yo voy ganando.

Eso sí, en "el pecado" llevaré la penitencia. Seguro como ya pasa ahora, tendré que soportar la letanía de todos los que creen que tiene derecho de opinar sobre mi vida. Ya los escucho: Mija para cuándo los hijos. Hay sobrina ya tienes treinta y tantos, en mis tiempos a las mujeres como tú se les decía quedadas. Muchos éxitos, pero si no te apuras a casarte los hombres luego ya no te van a querer. 

¡Qué más da! Como te digo, yo he ganado bastante con la vida que elegí, me he contruido un nombre, me hice fuerte con los dolores de la vida, aprendí, sigo aprendiendo. 

Quién diga que esto no es plenitud, está loco. Si algo amo a mis treinta y tantos, es que las QUEDADAS como yo no somos ni señoras ni señoritas, eso nos libra de pertenecer a un circulo social, eso nos da libertad, eso no hace únicas. 

Sí, me estoy quedando para vestir santos, pero que preciosa es la vida cuando caminas con la cara en alto y sientes que a cada paso te acercas cada vez más a las estrellas. 

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