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“Sin dramas”

 ¿Qué tan cuerdo es carcajearte sin que nadie te este viendo?. Historias de la infancia.

Beatriz Acevedo Tachna
Por Beatriz Acevedo Tachna
  • Sin dramas. De niños todos nos asustamos con las vacunas.

    Sin dramas. De niños todos nos asustamos con las vacunas.

Hace tiempo se me vino un simpático recuerdo a la mente, era una de esas memorias que te sacan una sonrisa atorada desde el fondo de tu alma seguida de una carcajada que tienes que guardarte porque estas sola, y porque ¿Qué tan cuerdo es carcajearte sin que nadie te este viendo?.

Me sentí como una loca, y las locas naturales como yo no podemos darnos el lujo de ser y también sentirnos así, pero bueno, el caso es que me fui hasta la primaria, esa época de inocencia en la que la

felicidad consistía en que te alcanzara en el recreo para un boli, una coca en bolsa con popote y unas papitas...

felicidad que se interrumpía el día que se veía llegar por las puertas del colegio a enfermeras y hombres “enbatados. Iban de salón en salón causando terror, así que la cosa se ponía tétrica conforme se acercaban a tu “aula”.

Yo siempre estuve en el salón “A”  y mi apellido siempre ha sido el mismo por lo que toda la vida encabecé la lista de estudiantes, fui la número uno durante toda mi vida estudiantil y a pesar de que no tiene validéz académica alguna, yo sentía un poco de orgullo por ser la primera.

En fin, tocaban en la puerta los hombres y mujeres de blanco y las caras rozagantes de mis compañeras estudiantes se empezaban a tornear pálidas y amarillas, éramos puras niñas, entonces ya se imaginarán cuando se presentaban “VENIMOS EN NOMBRE DE UNA CAMPAÑA DE VACUNACIÓN” no terminaban de pronunciar la ultima palabra cuando ya se habían salido corriendo 4 del salón, maestros las correteaban, se oían los gritos, los llantos, unas debajo de los escritorios contra la pared, sillas rechinando, otras sudaban y temblaban y yo, sin poder hacer nada porque era la primera de la lista, me acuerdo que sentía miedito también, al piquete solamente, sabía que iba a doler poquito pero me resignaba, pasaba calladita, me agarraba fuerte del escritorio de a maestra, me pinchaban el brazo y no había drama.

 

Niña recibe vacuna.

 

Creo que muchas de las testigos –que eran las siguientes- se iban con la finta de que no dolía nada, pero si dolía, así que cuando les tocaba a ellas, otra vez ardía Troya en el momento que la aguja tocaba su piel. Me acuerdo que esas campañas me alteraban el sistema nervioso, no por el miedo, si no por el escándalo y tanto drama exagerado y es que en mi familia tenemos el umbral del dolor muy alto, las cosas nos duelen un cuarto de lo que les duele a las demás, física y emocionalmente.

Recuerdo que mi madre me ha contado múltiples veces que una de las personas a las que más admira en la vida es a su “Bobe Nata” (Hebreo para “abuela”) la mamá de su papá, que salió desde Polonia con su “Zeide” en barco, no volvió a ver a su familia, cruzó barrancas del cobre en burro, embarazada sin un peso en la bolsa, se le murieron 2 hijos, perdió a toda su familia y jamás en la vida emitió un sonido de queja, al contrario, vivía con el entusiasmo de una persona que jamás había sufrido absolutamente nada.

Creo fielmente que el hecho de optar por vivir una vida sin dramas no solo es una decisión, también puede ser transmitido por generaciones anteriores a base del ejemplo.

Tras cada tropezón o caída dolorosa viene siempre un aprendizaje muy interesante, el que no permitas en tu vida la integración de personas melodramáticas o negativas ayuda mucho, o el que no permitas interacciones o diálogos con entes que no aportan nada,, también es importante en el camino de la salud física y emocional.

Hay que darle espacio a nuestra mente, a nuestro espíritu y a nuestras piernas para caminar en espacios libres de drama para que aunque nos achaquen los dolores y nos acosen las tragedias, podamos salir bien librados de ellas, hay que dedicarnos siempre a ser maratonistas de las relaciones sanas, tener la condición física para poder salir ileso de esos momentos amargos inevitables que hay en la vida de todos y para eso es necesario ejercitarnos, hay que vernos siempre al espejo, tomar consciencia de nuestras actitudes y darnos cuenta que somos merecedores de lo mejor, de una vida feliz que es decisión nuestra y darnos cuenta que el llanto purifica pero las quejas y el drama NUNCA, NUNCA han servido para nada, más que para desgastarnos.

 

@BeAcevedoTachna

 

 

¿Le temías a las vacunas?

 


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