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¡Lo que haces por quedar bien!

Y tú ¿reservas por compromiso?

Soy Carmin
Por Soy Carmin
  • Ahora la gente reserva sin compromiso por Facebook.

    Ahora la gente reserva sin compromiso por Facebook.

 

Llamémosle el RSVP por quedar bien; cuando alguien responde que sí a una invitación, aun cuando sabe, o está bastante seguro, de que no puede o no asistirá.

 

“Los RSVP por quedar bien se han descontrolado gracias a Facebook” 

 

“Muy a menudo cuando publico un evento ahí, la gente elije 'Unirse’ simplemente como una muestra de solidaridad. Si uno les pregunta si realmente planean ir a un evento en Massachusetts viniendo desde California, se sienten ofendidos, como si uno criticara su noble sentimiento”, dijo la pintora y traductora Daisy Rockwell. 

 

 

December 14, 2013.

Posted by Gowanus Loft on Martes, 17 de diciembre de 2013


El hacer reservaciones sin compromiso es la apoteosis de la falta de sinceridad digital; es un voto de confianza construido sobre andamios tambaleantes. Podría haber ya una reacción negativa a ello: En un mundo en el cual el “Quizá” es ahora una opción en muchas invitaciones, es más fácil comprender por qué un restaurante podría cobrar 200 dólares a una persona por cancelar sin la antelación adecuada.
He sido culpable del RSVP por quedar bien dos veces, pero en ambos casos fueron para grandes funciones de revistas donde sabía que mi ausencia no se notaría. En realidad, cuando una publicación de propiedad corporativa está organizando un evento rico en patrocinios para celebrar la cobertura de la riqueza de patrocinios de dicha publicación de propiedad corporativa, es posible que un invitado (o, debería decir, un no invitado) sienta que su ausencia podría incluso mejorar la visibilidad de otros en esta particular sala de espejos.

Sin embargo, también me doy cuenta de que, como en muchas grandes funciones, los invitados probablemente estaban siendo invitados en tandas, así que el que yo dijera “Sí” probablemente impidió que alguien más fuera invitado. Había tendido una red sobre una metafórica mesa de deliciosas viandas; me comporté como un bloqueador.
Un amigo que fue diplomático en India escribió en un correo electrónico: “El RSVP por quedar bien es un hecho de la vida en India. Nunca se supone que simplemente porque un invitado respondió que asistiría eso significa que realmente tenga intención de asistir. En la mañana de una cena que ofreceríamos a un primer ministro una vez, nuestro personal local estuvo llamando frenéticamente a los invitados para asegurarse de que realmente acudirían. No funcionó; hubo varias ausencias de alto perfil que nos habían informado al menos dos veces que asistirían”.
Esas ausencias, escribió, “precipitaron un juego de cambio de tarjetas de identificación en cada lugar en las mesas”.

“Mientras se servían los cócteles en la sala de estar del embajador”, escribió, “los miembros del personal estaban en el comedor retirando sillas y cubriendo los huecos, y cambiando tarjetas de identificación para colocar a quien era el siguiente funcionario de más alto rango más cerca de nuestro invitado de honor. En una ocasión, el embajador estaba tan enojado que llamó a los ausentes a la mañana siguiente, pero sin duda se topó con miradas en blanco del otro lado de la línea”.


Mi amigo confesó: “Estaría mintiendo si dijera que no adopté la costumbre local”.


Sin duda, el contexto es importante cuando uno mide sus propias malas acciones. Es un pecado mucho mayor ausentarse sin avisar de una cena íntima que de una exposición en una galería sin alimentos o una reunión multitudinaria. Además, “Sí” en Nueva Delhi o en Facebook podría tener un significado diferente a un “Sí” en Boston. Pero aún así.


¿Qué otras fuerzas oscuras provocan un RSVP por quedar bien?

Una celebridad o personaje importante quizá diga que asistirá, particularmente si es un evento de recaudación de fondos, para que los anfitriones puedan presumir su asistencia. Otros lo hacen con la falsa esperanza de que ocurran acontecimientos catastróficos y modificadores de un paradigma, permitiéndoles asistir finalmente: el anuncio de su jefe de un cambio de género que hará descarrilar el picnic de la compañía; la boda de la prima Sue será reprogramada cuando la fuente de chocolate se tape y queme a varias de las damas de honor.

“Yo respondo 'Quizá’ para indicar mi sincero deseo de ir”, escribió en un correo electrónico Flash Rosenberg, un caricaturista. “Luego me disculpo cortésmente ofreciendo airosamente enviar a mi espíritu. Como el costo de la vida en la Ciudad de Nueva York es tan alto, debo quedarme en casa y trabajar. Pero mi espíritu es libre de ir a cualquier hora a una fiesta”. 

 

 


Rosenberg añadió: “Justo esta semana recibí una invitación de Paperless Post para una fiesta en honor de una amiga muy cercana en Filadelfia que está dejando su empleo después de 25 años. Pero, vaya, esta tarjeta de invitación no tenía una opción de 'Quizá’. Así que tuve que dar clic en 'Asistiré’ y escribir: 'Me ENCANTARÍA estar ahí, pero no sabré si podré ir hasta el último minuto. Mi 'Asistiré’ es para mi Espíritu, quien no faltará. La parte más mundana de mí es un 'Quizá esperanzado’; así que no me agreguen a la cuenta de la comida’”. 

 

 

Monday, June 1, 6pm"Monologues and Madness" at Cornelia Street Cafe4-minute, performed-readings by 15 raucous, word-weavers. I'm one of 'em. (Tell me if I should save a seat for you at my table.)

Posted by Flash Rosenberg Studio on Domingo, 31 de mayo de 2015


Ese encanto tiende a caer en oídos sordos. Tanael Joachim, un cómico de monólogos que produce un programa de comedia mensual en el Lower East Side, dijo que típicamente tres cuartas partes de sus reservaciones de Facebook no asisten.

“Para una enorme mayoría, es un problema de los jóvenes”, dijo.

“No hay verdadero compromiso en las redes sociales. Si no se tiene que dar la cara a la gente y ver que se disgustan, se crea una cultura donde es muy fácil ser incumplido”.

 

 


Pero resulta que el hacer reservaciones por quedar bien no es un fenómeno nuevo. Jonathan Walsh, profesor de estudios franceses en el Wheaton College, dijo que está traduciendo “Les Malheurs de l’amour”, una novela escrita por Madame de Tencin en 1747 pero situada a principios del siglo XVII.

“Cuando nuestra heroína entra al 'mundo’ después de ser educada en un convento”, escribió Walsh en un correo electrónico, “es cortejada por varios aristócratas de diversa índole, pero el que será su amante, Barbasan, inicialmente titubea porque los padres de ella son advenedizos burgueses, y ella evidentemente no es digna de su rango, pues pertenece a la más antigua y más establecida nobleza, noblesse d’épée. Después de enamorarse de ella en la ópera, Barbasan vacila en ser visto en casa de los padres de ella”.

 

 

Y tú ¿reservas para asistir o quizá irás?

 


Preguntándose si debería poner su nombre en la lista de invitados con la esperanza de visitar la casa de la familia de la heroína antes de visitarla ahí una tarde, como era la costumbre en casas distinguidas, Barbasan hace su apuesta. Simultáneamente expresa interés pero evita la vergüenza: Pone su nombre en la lista, pero luego no asiste.

 

 


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