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Donald Trump no sabe quién es Dilma Rousseff

El republicano que aspira a la presidencia de Estados Unidos construye un hotel en Río de Janeiro, Brasil

Soy Carmin
Por Soy Carmin
  • El hotel de Donald Trump se erige en Rio. (Foto: NYTM)

    El hotel de Donald Trump se erige en Rio. (Foto: NYTM)

El laureado peruano del Nobel, Mario Vargas Llosa, se refiere a Donald J. Trump como un "imbécil racista". En México, la gente está rompiendo piñatas de Trump alegremente tras sus cáusticos comentarios sobre inmigrantes hispanos en Estados Unidos. Escribe Simon Romero para New York Times.

En Guatemala, una empresa licorera está pegando afiches de Trump usando un término que, cuando se traduce misericordiosamente, lo describe como un asno.

Después está Brasil, donde el nuevo sello de Trump de 171 habitaciones en el horizonte de Río de Janeiro ha generado tan poco clamor, que su socio de negocios se siente perfectamente cómodo promoviendo con bombo su polémica postura sobre la inmigración.

"Yo soy hispano y tengo que reconocerlo, no me ofendieron sus comentarios ni en lo más mínimo",

Dijo Paulo Figueiredo Filho, de 33 años, magnate de los bienes raíces en Brasil que se describe a sí mismo como un libertario conservador que está construyendo el nuevo y lujoso Hotel Trump aquí.

"Paso mucho tiempo en Estados Unidos", agregó Figueiredo, "y he visto a muchos inmigrantes indocumentados que están causando problemas, causando complicaciones en el país y, en efecto, estoy de acuerdo con él".

La relativa escasez de tensión alrededor del nuevo hotel de Trump en una empresa conjunta aquí - marcando un contraste con reacciones en otras partes en el Continente Americano, donde algunos gigantes de medios y otras empresas han cortado vínculos con Trump - pudiera reflejar cómo está cambiando Brasil, y cómo no. 

El horizonte de Río, opacado por las osamentas de diversos proyectos hoteleros de alto perfil que han sido abandonados, sirve como recordatorio constante de cómo le fue mal a la economía brasileña, haciendo de casi cada gran empresa conjunta de bienes raíces con probabilidades de completarse una invitante perspectiva, a medida que la ciudad se prepara para efectuar la Olimpiada de Verano en 2016.

"Es un privilegio tener una propiedad Trump en nuestra ciudad", dijo Alfredo Lopes, presidente de la asociación hotelera de la ciudad y la Oficina de Convenciones y Visitantes de Río, haciendo énfasis en que él no le había prestado mucha atención a las polémicas en torno a Trump en Estados Unidos.

"Este proyecto es un regalo para Río que servirá a un segmento muy exclusivo del mercado".

Sin embargo, también está en marcha una dinámica cultural. Los académicos atribuyen una parte de la diferencia aquí con respecto a los comentarios de Trump sobre inmigración a una enquistada tradición en Brasil, de habla portuguesa, de ver al país como aparte de sus vecinos de habla española en América Latina, pese a vigorosas campañas diplomáticas en décadas recientes por forjar lazos más fuertes en la región.

Muchos "brasileños no se sienten ofendidos por los comentarios de Trump con respecto a los latinos, ya que ellos no creen que sus repulsivas declaraciones" se refieran a ellos, dijo Maxine Margolis, antropóloga en la Universidad de Florida que es una de las principales autoridades en emigración brasileña hacia Estados Unidos.

"Él está hablando sobre una población que ellos ven como 'los otros'".

Los estimados varía ampliamente con respecto al número de inmigrantes brasileños en Estados Unidos porque se cree que la mayoría está allá ilegalmente, pero Margolis estimó el número en alrededor de 900,000 a 1 millón, cerca de las cifras empleadas por el ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil.

Si bien algunos inmigrantes brasileños regresaron a Brasil en los años posteriores a la crisis financiera de 2008, periodo en que la economía brasileña estaba en auge, Margolis dijo que ahora todo parecía indicar que los brasileños se estaban mudando incluso otra vez a Estados Unidos, a medida que la economía de Brasil sigue empantanada en una desaceleración de varios años.

Por supuesto, Trump y su nuevo hito tienen su buena parte de detractores. En una ciudad definida desde hace largo tiempo atrás por su enorme brecha entre ricos y pobres, no todos coinciden en que Río necesita incluso otro hotel de lujo, mucho menos uno que planea cobrar 500 dólares por noche por habitaciones con pisos hechos de mármol turco.

Sumándose a ese derroche, el hotel de 13 pisos, que está diseñado con suites escarpadas en terrazas que dan al Atlántico, tendrá una piscina infinito hecha de vidrio, suspendida sobre un centro nocturno con capacidad para 600 personas.

"Vivimos en una ciudad que fue el mayor puerto de esclavos en la historia humana, produciendo un legado de desigualdad que prevalece a lo largo de Río", dijo Theresa Williamson,

Planeadora urbana y directora de RioOnWatch, organización que informa sobre las favelas de la ciudad, las áreas urbanas de relativa pobreza que surgieron en su mayoría como asentamientos irregulares.

"En vez de centrarse en formas de aliviar esa desigualdad, hay un impulso por usar la Olimpiada para beneficiar a los sectores más privilegiados de la sociedad", agregó Williamson.

"El Hotel Trump es tan solo el último elemento fijo en una ciudad donde el apuntalamiento de los campos de juego para los ricos es una prioridad para las autoridades".

De cualquier forma, las críticas al hotel de 120 millones de dólares, programado para inaugurarse antes de la Olimpiada, siguen siendo tenues. A pesar de los vientos de frente en la economía del país, una portavoz de la Organización Trump dijo que el grupo seguía optimista con respecto a hacer negocios en Brasil. 

Sheen, el vicepresidente de Donald Trump 

E incluso al tiempo que Trump enfrenta críticas en diversas partes de la región, dijo, "Hay tremendo apoyo hacia Trump y la marca a lo largo de América Latina"

Trump también expresó optimismo sobre Brasil en fecha reciente, aun cuando la construcción de otro de los proyectos de su organización en Río, un complejo de cinco torres de oficinas en la zona dura alrededor del puerto, ha sido demorada, sin fecha pública para su conclusión.

"Amo a los brasileños, particularmente a las mujeres brasileñas, que son absolutamente increíbles", dijo Trump en una entrevista de 2014 con Veja, revista brasileña.

Trump hizo alarde de que él tenía algo que enseñarle al pueblo brasileño, haciendo énfasis en que sus lecciones para los brasileños involucrarían suministrar un ejemplo de sentido emprendedor y buen servicio.

"Me encanta enseñar", dijo. "Soy un gran maestro".

Durante la misma entrevista, cuando se le preguntó si había conocido a Dilma Rousseff, Trump, quien a todas luces no sabe que es tanto mujer como la presidenta del país, respondió:

 "No. ¿Quién es él?

Tras mostrarse menos que reverente hacia la presidenta brasileña, sea intencionalmente o no, al parecer tampoco propagó las flamas. Después de todo, las opiniones desdeñosas hacia Rousseff están de moda en Brasil últimamente, mientras ella lucha con índices de aprobación de un solo dígito. Descomunales protestas en las calles se han pronunciado por su destitución a causa de la menguante fortuna del país y un colosal escándalo de corrupción en la empresa nacional del petróleo.

Figueiredo, el desarrollador que será dueño del hotel Trump y tendrá a sus socios estadounidenses operándolo, se cuenta entre quienes aborrecen a la presidenta de izquierda del Brasil. Él es nieto de Joao Figueiredo, el último autócrata de una dictadura militar de 21 años que terminó en caos económico en 1985.

Si bien pudiera esperarse que un socio de negocios de Trump promoviera su empresa conjunta, Figueiredo va más allá de meramente defender un proyecto, como han hecho partidarios de una torre Trump en construcción en el vecino Uruguay. Ahora, Figueiredo dice que quiere limitar la influencia del gobierno en la economía (aunque Barra da Tijuca, el distrito frente al mar donde él vive y está construyendo el hotel, se beneficia de una andanada de proyectos de transporte público).

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Cuando el franco abuelo de Figueiredo estaba renunciando en 1985, comentó que prefería el olor de los caballos al de la gente. Cuando le preguntaron qué quería que los brasileños pensaran de él, el general de cuatro estrellas respondió: "Quiero que me olviden".

Sin embargo, las frustraciones con el gobierno de Brasil han dado nuevo impulso a grupos de la derecha, en tanto algunos en protestas en contra del gobierno brasileño se están pronunciando abiertamente por un regreso al gobierno militar, tema que hasta hace poco era tabú político. Figueiredo resuma orgullo cuando habla de su abuelo, y prodiga elogios a Trump, figura bajo intensas críticas en otras partes de la región.

"Él es uno de los empresarios más reconocidos en el mundo y, en cualquier caso, nosotros estamos obteniendo mayor exposición", dijo Figueiredo.

"Yo no creo que haya quien vaya a decidir que no se hospedará en un fantástico hotel solo debido a sus opiniones políticas".


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