Sexualidad

Quítame las bragas que de las penas me encargo yo

Te deseo y me deseas; fórmula perfecta para dos cuerpos que quieren juntar sus almas. 

Ana Izábal
Por Ana Izábal
  • thephotographix.com

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Quítame las bragas, que de las penas me encargaré yo después. Te lo pido tranquilamente, ignorando ese sonrojo y prejuicio que tantas veces me han impedido disfrutar de mi propio cuerpo y en este caso, del tuyo. 

No existe entre nosotros razón alguna para rechazarnos y tampoco para jurarnos un amor eterno que se quedará en palabras. No sacrifiquemos el tiempo en engaños inútiles, en formalidades huecas, que si queremos estar juntos aunque sea durante las horas tranquilas de una noche sin repetición, ¡pues que así sea! 

Tu amabilidad me bastará tanto, como a ti mi entrega total. 

¿Qué más da? Si tus ojos y los mios se consumen como leña en el fogón y nuestro entendimiento es mutuo y certero, no deberíamos perder más tiempo. Vamos a darnos un poco de amor sin restricciones, un poco de pasión sin miramientos, un poco de afecto sin apegos. 

Dejemos que las ropas caigan sin prisa, pero sin pausa. No pensemos en lo que vendrá mañana o en la despedida incómoda que nos espera en un par de horas. Hagamos todo de forma natural, como si te conociera de años, como si me amaras de siglos. 

Quítame las bragas y deja que este sea un momento entre tú y yo. Sin explicaciones y sin arrepentimientos, con frescura, con soltura, con satisfacción. Vamos lavándonos las vergüenzas y las culpas del pecho, no paguemos castigos de un crimen sin fundamento.

Te deseo, me deseas ¿dónde está el error? 

Seamos dos cuerpos sin complejos bailando al ritmo del sofoco, mientras tu piel se arropa con la mia y apagamos un rato la consciencia.

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