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Las fantasías de la pasarela

 ¿Debe un desfile de modas mostrar lo que se debe usar y cómo usarlo?

Soy Carmin
Por Soy Carmin
  • La moda masculina invade las pasarelas internacionales. (Foto: NYTM)

    La moda masculina invade las pasarelas internacionales. (Foto: NYTM)

Parecía nervioso el joven junto a la salida de la estación del metro, a unas cuantas cuadras del Musée du Quai Branly.
Estaba vestido a la moda, con pantalones anchos hasta los tobillos y un sombrero alegre. Tenía en la mano una invitación, con un periquillo silvestre impreso, para el desfile de modas de Issey Miyake. Era poco después de las 10:30 a.m., la hora marcada para el inicio del desfile. Estaba intranquilo en un crucero, a la espera del cambio de los semáforos. Corrió por las manzanas que lo separaban.
Justo afuera de las puertas del museo, lo detuvo un hombre con una cámara, uno de los muchos fotógrafos de estilo callejero que se aglomeran en los desfiles. Sin dudarlo, el asistente que llegaba tarde se detuvo, se trepó a una banca cercana y comenzó a posar. Publica Matthew Schneier para New York Times.

La ropa para caballero, como se presenta en las pasarelas de Europa durante la gira mundial bianual,

¿Es para hombres o para maniquís?

Dos veces al año, los diseñadores, medios informativos, encargados de las compras de las tiendas y otros, se reúnen en Londres, en Florencia, en Milán y en París (y, ahora, en Nueva York, también, donde la Semana de la Moda para Caballeros en Nueva York se lleva a cabo en julio) para proponer y, luego, vender el estilo para la siguiente temporada. Hay cerca de 20 desfiles al día durante 17 días consecutivos.

A veces, aparecen las celebridades para darle lustre tanto a las marcas a las que visitan, como a las propias, que es como es posible, en el rumbo enrevesado de los desfiles, escuchar a Samuel L. Jackson hacer la reseña de Burberry en Londres (“¡Increíble!”), estar frente a frente con Katy Perry en Florencia y escaparse de la fotografía que toma Amar’e Stoudemire con su iPhone del suburbio de París donde el diseñador Raf Simons lleva a cabo sus desfiles.

 

 

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Una foto publicada por RAF SIMONS (@rafsimonsofficial) el


Coches con chofer transportan a grupos de asistentes de alto perfil de un rincón de cada ciudad al siguiente (la enorme distancia entre desfiles está demasiado pasada de moda, algo que deben contemplar los organizadores de los desfiles), a excepción de Florencia. Ahí, en la feria comercial Pitti Uomo, el ritmo es un poco más lento, y los dandis trajeados encuentran más tiempo para arrellanarse bajo el sol, a la espera de que les tomen fotografías.

Lo que está en exhibición es la destreza, el oficio y la tontería. Para quienes seguimos la gira, temporada tras temporada, se trata de las actividades normales – un gran negocio de acuerdo con las estadísticas, que se citan a menudo, sobre las ventas en aumento de la ropa para caballeros. Sin embargo, para el observador externo, en caso de que caiga de repente, toda la experiencia podría parecer bastante extraña.

 

Pasarela MensWear. (Foto: NYTM)


La moda puede parecer que es su propio mundo aislado, con sus propios códigos del vestir y sus propias búsquedas. Se puede vivir en Milán o París durante muchos años y nunca encontrar el camino para llegar a las terminales de los trenes a los que retiraron del servicio, así como a las instalaciones de la YMCA que se están desmoronando en los bolsones distantes de las ciudades donde los diseñadores montan sus desfiles. Los hábitos de la moda no están accesibles de inmediato para quienes están fuera de su comprensión.

“Algunos de ellos son bonitos”, dudosa, les reportó una pequeña niña a sus padres en Florencia, tras haberle echado un vistazo a una línea de modelos en un desfile de modas al aire libre, afuera de su hotel. “Algunos de ellos son tan extraños”.

 

 

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Una foto publicada por RAF SIMONS (@rafsimonsofficial) el

 

La fantasía vive en la pasarela. Esta temporada vio trajes con Marilyn Monroe estampada en ellos, blusas de encaje expuestas con “shorts” para atletismo, chamarras y pants abiertos con cortes y agujeros recién hechos.
La realidad está en las gradas. Entre los reporteros de modas, el uniforme popular es Uniqlo, la etiqueta japonesa de moda rápida y diseño insulso.
Al otro lado del pasillo, donde se ubican los minoristas, es posible ver, la mayor parte de las veces, trajes sin cortes.
Es frecuente que hasta los propios diseñadores sean lentos en adoptar los estilos que crean.

“Por primera vez, empiezo a usar cosas que estoy diseñando”,

comentó Jonathan Anderson en su exhibición para Loewe, la etiqueta española a la que le ha estado cambiando la imagen durante el último año.
La pregunta esencial es: ¿Debe un desfile de modas mostrar lo que se debe usar y cómo usarlo? ¿O, algo más es lo que está pasando?
Están esos diseñadores que utilizan sus presentaciones para defender un guardarropa. Presentan prendas que usaría cualquiera. Entre quienes sobresalen a este respecto, están Margaret Howell en Londres y Pierre Mahéo en París.
“Estoy tratando de ser real”, expresó Mahéo, el diseñador de Officine Generale, una línea de bajo perfil en trajes pequeños, pantalones plisados y ropa de abrigo bien hecha. “No sueño con la ropa que hago. El proyecto era hacer ropa que yo quería ponerme”.

 

Y también están quienes dicen que la moda se trata de un mensaje, un significado, una propuesta; en resumen, es un arte. Dries van Noten, de los trajes Marilyn Monroe, manifestó cierta aprensión en cuanto a haber exagerado demasiado en la excentricidad, luego un alivio por haberlo logrado. Y no por accidente, hablaba en una cena en su honor, en la parte de hasta arriba del espectacular Insitut du Monde Arabe de Jean Nouvel, donde Jack Lang, el director de la institución, que fuera ministro de la cultura de Francia, le presentó a Van Noten la condecoración Officier de l’Ordre des Arts et des Lettres.
“Es un punto de vista”, es como Alessandro Michele de Gucci explicó su colección polarizante de prendas mezcladas, el encaje con los pantalones cortos, la ropa para dama con la de caballero, una colección de ropa que parecía ser para tiendas económicas, pero eran de lujo, hechas en Italia.

“No es solo una historia sobre ropa”, dijo Michele.

 

 

Congratulations to our new creative director Alessandro Michele. #gucci

Una foto publicada por Gucci (@gucci) el

Aun si el punto de vista tiene que vender ropa (ya se trate de la de la pasarela o la más discretas que espera en la sala de exhibiciones), no es necesario interpretar a la pasarela como una receta exacta.
La ropa hace al hombre; el diseño hace al maniquí. Como escribió alguna vez la crítica de modas Jo Ann Furniss sobre uno de los desfiles conceptuales de JW Anderson, algo provocador y ocasionalmente sin pantalones: “Contrario a la creencia popular, los hombres tienen suficiente sentido como para agregar sus propios pantalones; no necesitan un desfile de modas que les indique eso”.

 


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