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¡Tormentosa historia de amor en la realeza!

Carlos Fernando de Borbón y Penélope Smyth

Soy Carmin
Por Soy Carmin
  • Carlos Fernando de Borbón y Penélope Smyth

    Carlos Fernando de Borbón y Penélope Smyth

Uno de los miembros de la Casa Borbón-Dos Sicilias más controvertidos en su época fue don Carlos Fernando, Príncipe de Capua (1811-1862). Su vida estuvo marcada por su apasionada historia de amor con la irlandesa Penelope Smyth, una mujer de gran belleza, pero rodeada de misterios, con la que protagonizaría un matrimonio morganático, que le condenaría al exilio hasta su muerte, una vez que el enlace nunca sería reconocido por su hermano mayor, el rey Fernando II de las Dos Sicilias (1810-1859). 

Desde su más tierna infancia, el Príncipe se descubrió como una persona enormemente simpática, alegre y escasamente interesada por el boato típico de las cortes europeas decimonónicas. Así sería como don Carlos Fernando se convirtió en el hijo predilecto de sus padres.

Como consecuencia de esto, el Príncipe creció entre algodones y rodeado de caprichos, a diferencia de su hermano mayor, el futuro rey Fernando II, a quien se le exigía una rectitud y una educación propios de un futuro Jefe de Estado.

Carlos Fernando de Borbón

 

Pese a la cierta indolencia que caracterizó su juventud, el Príncipe logró llevar a cabo una carrera militar, convirtiéndose en vicealmirante a los diecinueve años de edad, y llegó a sonar como candidato para ocupar los tronos de Grecia y Bélgica, aunque sin éxito en ninguno de los dos casos.

Es en estos años de juventud cuando el Príncipe conoce al que será el amor de su vida, la joven Penelope Caroline Smyth, miembro de una antigua familia irlandesa con un supuesto lejano pasado glorioso al que el Príncipe recurriría profusamente para intentar así darle relumbrón a una relación que a ojos de la conservadora sociedad decimonónica era desigual y en cierto modo decepcionante.

Los jóvenes se enamoran perdidamente casi de inmediato. Mucho se ha discutido sobre los orígenes de Penelope. Una de las crónicas de la época la describe como “una de las muchachas más guapas de Exeter, si bien proviene de una familia de clase media corriente que vive en los suburbios de la capital de Devonshire”. Este modesto linaje no es obstáculo para que el Príncipe italiano comience a cortejar a la joven irlandesa. La relación, pese a no ser bien vista por la familia del novio, se afianza con el tiempo.

Penélope Smyth

 

Convencido de sus sentimientos, el príncipe Carlos Fernando decide casarse con su novia pese al rechazo del jefe de la Casa Borbón-Sicilias. La boda se lleva a cabo en Escocia. Los ya casados intentaron celebrar una ceremonia religiosa a través del rito anglicano, pero el embajador de las Dos Sicilias en el Reino Unido, a petición del rey Fernando, mandó una carta al Arzobispo de Canterbury en el que le informaba que “según los decretos del Reino siciliano el matrimonio de un príncipe de sangre real no será válido sino tiene el consentimiento del monarca”.

Sin posibilidad de sellar el matrimonio ante Dios y poco menos que proscritos en la corte siciliana, los Príncipes se convierten en objeto de todo tipo de rumores en la sociedad italiana. El más grave de ellos fue el que hacía referencia a la supuesta ambición de Penelope de arrebatar el trono de las Dos Sicilias a su cuñado. El Rey, temeroso de una conspiración por parte de su cuñada, invitó a su hermano y la esposa de éste a abandonar Sicilia. Los Príncipes marchan pues así al exilio. Destierro del que de hecho nunca regresarían.

El destino elegido en primera instancia es la Isla de Malta. Allí los Príncipes encargan la construcción de un palacio en la localidad de Sliema, donde vivirán durante catorce años y crecerán sus dos hijos: Francisco de Borbón, Conde de Mascali (1837-1862) y Victoria de Borbón, Condesa de Mascali (1838-1895).

Carlos Fernando de Borbón y Penélope Smyth

 

Fernando II nunca perdonaría a su hermano que no hubiera obedecido sus órdenes de no contraer matrimonio con una plebeya. La relación entre ambos jamás se retomaría. Don Carlos Fernando tendría que conformarse toda su vida con una pequeña dotación que correspondía a la herencia paterna. Sus varios intentos de ser perdonado por el Rey fueron en vano.

Con la muerte de Fernando II y la llegada al trono siciliano de Francisco II (1836-1894), la situación del Príncipe y su familia mejoró considerablemente, pudiendo disfrutar de nuevo de una generosa dotación anual que les permitiría vivir a caballo entre Ginebra, Spa y Aix les Bains.

El príncipe Carlos Fernando moriría en 1862 en Turín con apenas 50 años de edad. Penelope se retiraría a una villa en la localidad toscana de Lucca donde moriría en 1882 después de haber tenido que sufrir la muerte de su hijo Francisco, quien padecía graves problemas siquiátricos.

Información y fotografías de Hola.com

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