Buena Vida

¡Prometo que será el último día que tome café!

¿Quién no recuerda esos bellos momentos con el abuelo?

Beatriz Acevedo Tachna
Por Beatriz Acevedo Tachna

Les platico que traigo un nuevo vicio: El café. No me gusta para nada admitirlo, desde que ando en la onda “HEALTHY” pero últimamente no sé si se deba al cambio de clima, al despertar del otoño que le pica la espalda al invierno o a la nostalgia de que se ha ido el verano y que extraño su calidez, pero todos los días desde hace tiempo me levanto con ganas de una buena taza de ese cáliz sagrado. Lo cual me hace recordar que en mi casa siempre han sido muy cafeteros y mañosos al respecto.

 

¿Te gusta beber café?

 

De chiquita no puedo evitar mencionar que mi abuelo Luis solo tomaba café de una taza, oscura y acinturada, como de barro barnizada, bonita, no tan folklórica, esa taza la paseaban por aquí, por allá, por donde fuéramos porque era suya y solo quedaba una del juego, aún la veo de repente en los estantes de la casa de mi abuela con melancolía y añoranza, de esa que te hace querer regresar el tiempo para revivir aquellos recuerdos que a veces crees que olvidaste pero la verdad es que se quedan apachurrados en un cajón muy atrás de la mente, esos recuerdos que hacen que la gente siga presente, como esa taza, que sigue ahí y que siempre fue de él.

En esa taza se vertían exageradas cantidades de azúcar normal, lo sé porque al final, lo que más disfrutaba yo de niña era cucharear los residuos que quedaban de ese jarabe que se formaba con poquito café y el azúcar que se estancaba en el fondo, era un manjar y toda una experiencia esperar a que el abuelo le diera el último sorbo a la taza, para devorárnoslo acompañados de un burrito de chorizo quemado… lo extraño, al sabor aquel y a él.

Las marcas de café nunca variaron mucho en mi casa, siempre fue aquel tambo de metal gigantesco y rojo, con tapadera bien sellada por aquello de que no se fuera a volar, aunque la tía detective del café siempre podía descifrar si lo habían dejado abierto demasiado tiempo, o si el café estaba viejo, o si llevaba mucho sentado en la cafetera, o si era de la mañana, o de la tarde, o de la semana pasada, o si lo habían recalentado, o si habían osado tratar de engañarla con otra marca del abarrote mas cercano, en fin, hasta la fecha sigue siendo un sabueso del café y sin duda tiene el mejor gusto y olfato para elegir las mejores marcas y el mejor sabor y si no es así no dudará en escupirlo y expresar que si...

“¿QUE ESTAMOS PENSANDO DÁNDOLE DE TOMAR ESE VENENO MALISIMO?” 

Mientras sigo escribiendo le doy otro sorbo a mi café, lo compré en un localito de la esquina donde pasas con el carro y le picas a un aparato para poner como lo quieres, tamaño y todo, me encanta la dinámica, es una empresa mexicana, no me gusta comprar café en franquicias americanas, traigo la idea de que hay que consumir local para ayudar a las familias de la región, sobre todo porque vienen las épocas Navideñas, lo leí en algún lado y me gustó

“En vez de impulsar a las grandes franquicias extranjeras y regalarles yates y condominios a sus DIRECTIVOS, mejor impulsemos a los trabajadores locales, para que sus niñas puedan ir a clases de ballet y su hijo a ese campeonato de futbol fuera de la ciudad”… me conmovió.

Creo que es cierto. Pero bueno, volviendo al café, mientras sigo sorbiendo mi pequeño vasito de cartón, recuerdo porque lo he dejado tiempo atrás, porque he renunciado a su enigmático sabor, porque me rehuso a volverme 100% cafesera de nuevo, nada más y nada menos porque soy una persona sumamente acelerada, y la cafeína me vuelve loca, me hace intensa, me crea un caos interior, siento ansiedad, frustración, un grito atorado y ganas de salir a correr, eso sin mencionar que me pongo como “Chihuahueño en columpio” con la temblorina que me da.

 

Y tú...¿eres adicto al café?

 

Me vuelvo a prometer que será el ultimo día que tome café otra vez, porque verdaderamente me siento mal después de hacerlo, pero espero poder cumplirlo, “Volveré al te”, me digo a mi misma, pero no me creo y me acuerdo de la frase:

“Me gusta el café, pero prefiero tener TÉ!” y me rio por payasa.

Que tengan bonita semana.

 

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