Buena Vida

Por qué algunas personas no pueden evitar ser infieles

Dicen amar y ser felices con sus parejas estables, pero necesitan otras relaciones para sentirse completos. 

Ana Izábal
Por Ana Izábal
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Cuando hablamos de infidelidad la piel se nos pone de gallina, los dientes nos rechinan y un dolor ácido y desagradable se siente en plena boca del estómago, es decir, pues, que ODIAMOS hablar del tema, pero a la vez nos fascina.

Quizá se deba a que por más vueltas que le damos al asunto no terminamos por entender la SANTA y BENDITA razón por la que las personas deciden ser infieles, cuando de planta dicen sentirse completamente felices y satisfechos en sus relaciones estables.

¿Qué acaso no es esto una contradicción? Si son felices y aman a su pareja, entonces ¿cuál es el punto de engañar?

En esta situación para nada agradable pero de la que al parecer es imposible escapar, tanto hombres como mujeres toman asiento en el banquillo del acusado y aunque estadísticamente se sabe que son ellos los que más infidelidades comenten, no podemos descartar la realidad de que también nosotras jugamos al adúltero de vez en cuando. 

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En todo caso, la pregunta que más nos intriga es ¿qué impulsa a esas personas que por más que lo intentan NO puede evitar ser infieles? 

 

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La respuesta se multiplica tanto como los puntos de vista personales, pero desde la perspectiva psicológica, las parejas atraviesan por dos fases dominantes en una relación estable y muchas de las personas no son capaces de superar la segunda. 

Estas fases son enamoramiento y estabilidad, siendo la primera la más emocionante y sexual, donde todo es novedad, pasión, hormonas alocadas y muchos sueños que luego se aterrizan en una realidad llamada rutina. 

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Es aquí donde muchas personas no pueden soportar el hecho de que una vida tranquila y normal tiene menos acción que una vida de enamoramiento y es por eso que buscan entablar otras relaciones que les aporten esas sensaciones, así como romanticismo y un poco de drama, sin embargo, como ya tienen una relación estable y de hecho sí hay amor hacia la otra persona, las infidelidades no llegan a ser nada más. 

 

 

Prueba suficiente de esto son aquellos casos en los que un hombre con familia busca en sus ratos libres una aventura juvenil donde haya mucho sexo y poco compromiso. Se busca a través de esta acción volver a la emoción del cortejo, de las noches pasionales con vino y pláticas filosóficas hasta el amanecer, o sea, un viaje rápido a la soltería. 

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Es por esta sencilla pero contundente razón que existen personas que por más que lo deseen no puede evitar ser infieles, pues aunque amen a sus parejas y tengan vidas estables y acomodadas, no soportan la idea de que su libertad se "acabó". 

 

 

Se reduce, por no decir más, al deseo egoísta de conservar un cachito de la vida individual dentro de la vida familiar y de pareja, en la que los hijos o la vida cotidiana es mucho más dominante. 

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Por supuesto que las consecuencias no siempre son tan sencillas como las razones y en la mente de un infiel habitan muchos otros impulsos que variarán de persona a persona, pero por el momento, esta explicación nos ayuda a comprender un poco mejor las razones de sus acciones. 

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