Buena Vida

¡Otelo, me salvó la vida!

Una historia de amor incondicional

Soy Carmin
Por Soy Carmin
  • (Foto: Santosandreapedagoga13.blogsport.com)

    (Foto: Santosandreapedagoga13.blogsport.com)

Caminar y recorrer las polvorientas calles de la ciudad en los años setentas fue parte de su cotidianidad; los establos y granjas aledañas al rastro municipal, le daban un sentido a su diario quehacer aunque sólo era uno más de la “pequeña” pandilla que “comandaba” su madre, la Capitana.

Otelo fue realmente un perro, con apariencia de coyote. Creció entre tres menores cuyo padre tuvo a bien decidir que no podía continuar con la “carga” de ser padre, así que un buen día simplemente se fue. Otelo lo despidió en la puerta de la casa y estuvo a punto de acompañarlo, pero aquél hombre lo hizo regresar, de modo que la madre de los menores, inició, ese mismo día, el recorrido por diferentes empresas para conseguir trabajo.

Niño jugando con su mascota    (Foto: Soscurioso.com)

 

Conforme pasaban los días, se fueron presentando las precariedades; aquellos menores, para auxiliar a la madre con el gasto diario, acudían a las granjas cercanas para hacer el aseo en los patios y de esa manera ganarse 10 pesos en la semana; por lo menos, servían para comprar las tortillas y diariamente, hacerse sopitas con huevo, porque al menos, huevos siempre había... bajo la mesa de la cocina.

Cada mañana cuatro huevos hacían la delicia del desayuno; misteriosamente durante cinco o seis semanas, bajo la mesa de la cocina estuvieron “apareciendo” cuatro huevos en perfecto estado; pareciera que una gallina tenía perdido el nido.

Un día cualquiera, la matriarca sale de su cuarto antes del amanecer para atender una necesidad fisiológica y grande fue su sorpresa al ver a Otelo salir de la cocina con toda tranquilidad.

Niño da agua a su perro   (Foto: Descargarimagenes.org)

 

El primer pensamiento fue el de reprenderlo pensando que el perro estaba tratando de robar algún alimento, pero, ya que el animal sólo movió la cola y con tranquilidad siguió su camino hacia la salida, la matriarca decidió ingresar al sanitario... concluido el proceso que la despertó, ingresó a la cocina y se encontró con los huevos, que diariamente, encontraba bajo la mesa. Pero no encontró la gallina; entonces pensó que Otelo pudiera haberla espantando.

Divagaba en diferentes ideas cuando Otelo ingresa de nuevo a la cocina; al verla, el perro no se inmuta, sólo mueve su cola en señal de saludo y le dirige una mirada; la matriarca quiso saber “¿qué pasa Otelo?” la respuesta fue simple, Otelo sólo mueve la cola nuevamente, se mete bajo la mesa y deposita un huevo en el suelo.

Como los otros tres, estaba íntegro, Otelo sale de abajo de la mesa, dirige una mirada a la matriarca y se retira, va y se echa justo bajo un guayabo en el patio, donde acostumbraba pasar sus momentos de descanso.

Recogiendo huevos    (Foto: Blogspot.com)

 

La matriarca simplemente no termina de entender lo que acababa de presenciar, frente a ella, un perro acababa de resolver el dilema de saber qué hacer para desayunar, como lo había estado haciendo durante seis semanas; entonces, se dijo así misma, no era que una gallina tuviera el nido perdido.

Al día siguiente, aún incrédula de lo que había visto, la matriarca se levanta antes del amanecer y se asoma a la cocina. Observa que bajo la mesa sólo hay un huevo, no pasa mucho tiempo cuando ve a Otelo entrar, el perro la saluda moviendo su cola y dirigiéndole una mirada y posteriormente deposita el huevo bajo la mesa y, de la misma manera que entró, sale y se retira; unos minutos después, el perro vuelve a ingresar y salir y así hasta completar los cuatro huevos y posteriormente retirarse a descansar bajo el guayabo del patio.

Aquella matrona tenía tres hijos y con ella eran cuatro los miembros de la familia que durante seis semanas Otelo estuvo procurando que tuvieran, el menos, un huevo para desayunar. Otelo siguió con su faena dos semanas más, hasta que un buen día, el dueño de una de las granjas se presentó en la casa de la matriarca.

Abuela con su nieto    (Foto: Cinemanet.info)

 

-Señora, no tengo nada contra usted, y mucho menos contra sus hijos. Ellos me sirven y me sirven mucho, pero he notado que el perro me está robando. Todos los días ingresa a los gallineros y levanta a las gallinas que tienen huevo y lo he visto que sale con uno en el hocico; por el cariño a sus hijos no he tomado medidas, pero sí le voy a pedir que haga algo.

- Señor, en cuanto tenga cómo, le voy a pagar lo que el perro le ha robado, pero no ha sido para comer él, todos los días a dejado cuatro huevos bajo la mesa y eso es lo que mis hijos y yo hemos desayunado.

Ante aquella increíble respuesta, el granjero se disculpó y garantizó que los tres menores tendrían su trabajo y no haría nada por evitar que Otelo siguiera colaborando con el sostén familiar; al salir de la casa, Otelo estaba en la puerta y le dirige una mirada, el granjero simplemente cruza la mirada con él y le brinda una sonrisa, una caricia y se retira.

 

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