Buena Vida

Mi padre me encontró marido a los dos años

El vacío a ser condenada a un matrimonio nada más nacer

Soy Carmin
Por Soy Carmin
  • Boda de dos niños nepalíes    (Foto: Lieve Blancquaert)

    Boda de dos niños nepalíes (Foto: Lieve Blancquaert)

Punam una chica que sospecha tener 16 años trata de contarlos con los dedos, pero se da cuenta que no sabe contar. Su tía confirma su edad, aunque parece que ella tampoco esta muy segura de ello.

A los 16 años se va a casar con su novio Ashok. Sólo se han visto una vez por fotografía, y Ashok también es un niño como Punam.

“Me temo que no sé a dónde voy. Mi tío le encontró e hizo arreglos entre las dos familias. Soy muy consciente de que no tengo otra opción. La comunidad decide sobre mí y sobre mis dos hermanas. Mi familia es incapaz de mantenerme y Ashok cobra 100 dólares al mes cosiendo relojes en una fábrica. Mi vida va a ser definitivamente mejor”, explica Punam antes de encontrarse por primera vez con Ashok en el altar.

Punam todavía tiene cuerpo de niño y no tiene miedo de quedar embarazada porque no parece que ella sepa qué es penetrar. "No sé cómo es, concebir", dice

Niña en Nepal  (Foto:  Lieve Blancquaert)

 

Veinticuatro horas más tarde, vió al niño, Ashok, bajo el velo de su madre. Estaba vestido como un príncipe con los zapatos que son claramente varias tallas más grandes. Sus amigos no saben qué edad tiene, pero es un niño en la adolescencia con la responsabilidad que con 100 dólares al mes sacará adelante una familia. Durante una ceremonia, por un momento los dos se miran entre sí.

No hay nada entre ellos, excepto ansiedad y estrés. Todo esto termina con la aplicación de un bermellón, una línea de color rojo brillante que trae Ashok en su pulgar y que implanta en ñla cabeza de la nueva novia. Ese símbolo hindú Punam lo llevará el resto de su vida de casada. Ella ahora es propiedad de su marido. Esa línea roja en su cabeza asegura de que todo el mundo pueda ver de lejos lo que su estado.

Pero hay otras historias que hacen que se nos revuelva el estómago. La fotoperiodista flamenca Lieve Blancquaert viajó a Nepal junto a la ONG Plan International para documentar esa realidad. Lo que vio allí la dejó impactada.

Pequeña nepalí   (Foto: Lieve Blancquaert)

 

Durante su visita, Blancquaert se encontró con Sanju, padre de cuatro hijas, tres de las cuales ya están prometidas. Sanju y su familia forman parte de la casta mali, que se sitúa en uno de los escalones más bajos del sistema.

“Ellas no se dan cuenta. ¿Cómo lo iban a hacer? Son demasiado pequeñas. Siempre ha sido así, ya en la época de mi abuelo se hacía esto. Somos un grupo muy reducido y no es sencillo encontrar un hombre adecuado para mis hijas. Dios me quiso dar niñas, es mi destino, pero yo las quiero mucho”, relató Sanju mientras una de sus hijas jugaba sentada sobre sus rodillas.

Nepal, un pequeño país anquilosado entre dos gigantes como India y China, carece de gran parte de la infraestructura que en occidente asumimos como algo normal.

Inmerso en un sistema profundamente corrupto, un problema de súper población, una educación débil y golpeado recientemente por desastres naturales, Nepal es un país golpeado por los abusos en materia de derechos humanos.

Niña triste    (Foto: Lieve Blancquaert)

 

Las estadísticas hablan por sí solas. Más del 42% de nepalíes contraen matrimonio antes de los 18 años, a pesar de que esta sea la edad mínima requerida por la ley. Las tradiciones y el injusto sistema de castas hacen que esta ley no se tenga casi nunca en cuenta.

“Encuentro a mis yernos en otros pueblos y presto especial atención para escoger un buen hogar. Esto es lo más importante. Hablo con el padre del chico y acordamos una fecha y una dote. Por supuesto, llorarán cuando se vayan. Nosotros también lloraremos. Se quedarán con nosotros hasta que tengan 14 o 15 años, pero desde el día en que nacieron sabemos que tendrán que marcharse”.

Con estas palabras Sanju zanja el asunto de sus hijas prometidas. Sin embargo, su propia historia fue bastante diferente a la que ha decidido para sus hijas.

A los dos años su matrimonio fue concertado pero Sanju decidió romper la tradición que ahora impone. Se enamoró de Devi, su actual mujer y madre de sus hijas y con 14 años decidió pagar a su primera prometida para librarse del yugo del matrimonio concertado y casarse con el amor de su vida.

“Si es necesario mis hijas harán lo mismo”, asegura Sanju, pero añade “romper un compromiso es muy caro”.

Hermosa niña nepalí   (Foto: Lieve Blancquaert)


En la remota aldea en la que vive Sanju nadie sabe leer ni escribir. Nadie va al colegio.

“¿De qué sirve la educación y los conocimientos? Las niñas cuidan de los cerdos y se hacen cargo de la comida”, reflexiona Sanju al respecto.

En un país en el que los matrimonios concertados a una edad infantil son para ambos sexos, las mujeres siguen siendo estigmatizadas y condenadas a una vida en la que aparte de no tener poder de elección, no tienen tampoco independencia económica.

Una condena que se prolonga a lo largo de toda su vida, aún si su marido fallece. Una condena que hace que nos preguntemos cuántos años más tendrán que pasar hasta que las tradiciones abusivas desaparezcan y los derechos humanos prevalezcan a las costumbres.

 

¿Te parece injusta esta tradición?

 

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