Buena Vida

María: Desfigurada con ácido, por su pareja

Por no querer aguantar malos tratos, él se vengó así

Soy Carmin
Por Soy Carmin
  • Mujer desamparada    (Foto: Bonsaisgigantes.net)

    Mujer desamparada (Foto: Bonsaisgigantes.net)

“Después de haber aguantado mentiras, golpes y amenazas (durante cinco años) decidí alejarme de él. El sábado 24 de julio del 2009, cuando estaba sola en la tienda donde trabajaba (con cabinas telefónicas), entró un hombre a hacer una llamada. Cuando estaba preparando su cambio, levanté la vista y vi cómo él (José), me echó ácido y huyó”.

Con la cara cubierta y esquivando las miradas de todos, María decidió contar su historia.  “Lo conocí cuando empecé a trabajar en su oficina. Yo tenía 18 años; él, 28. Juró ante mis padres que era soltero y que quería casarse conmigo, pero decidimos vivir un tiempo para poder ahorrar para el matrimonio”.Tras una etapa de romance, en la que todos se muestran tiernos y comprensivos, José mostró su verdadero ser. “Al principio, cuando estaba molesto, golpeaba la pared, pateaba a los animales sin motivo, clavaba el cuchillo en la mesa y siempre decía que se quería matar. Yo no comprendía por qué tenía esas reacciones, hasta que una noche no llegó a casa y luego dijo que viajaría, y así pasaron los años, hasta que descubrí que era casado y que tenía dos hijas”.



Su pelo largo y negro cubre la parte izquierda de su cara, en la que se observa las cicatrices derivadas de las quemaduras de ácido. Como consecuencia de ese hecho, María perdió su ojo izquierdo y se sometió a tres cirugías para poder recuperar algo del rostro que tenía a los 18 años, cuando conoció a José.

Mientras proseguía su relato, observó a su hijo de cuatro años y dijo: “Perdoné a José en tres oportunidades. Cuando decidí alejarme, él vino una y otra vez a rogarme para que volviéramos. Acepté por nuestro hijo, pero cada vez era más violento; me gritaba, me insultaba y empezó a golpearme frente a mi hijo”.

Mira a su hijo y se muerde los labios para no llorar. “José se llevó todo del cuarto donde vivíamos; entonces me fui a la casa de mi madre. El juez determinó que tenía derecho a ver a nuestro hijo los fines de semana. Entonces yo llevaba a mi pequeño a verlo. En esas oportunidades siempre me pedía volver, y cuando yo no quería hablar del tema, me quitaba a mi hijo y se escapaba”, recordó con tristeza.

En abril del 2009, en una de las visitas de fin de semana, él le imploró de rodillas volver, y al ser rechazado le dijo: “Te juro por mi Dios, que es Satanás, que me las vas a pagar, me voy a vengar, te lo juro”.

Ella cuenta que se asustó y escapó junto a su hijo; José la persiguió y en la calle le quitó al niño, y frente al bebé la golpeó en la cabeza con una piedra, hasta dejarla inconsciente. Después desapareció. “Me rompió la cabeza, sólo recuerdo que los vecinos gritaban y mi hijo lloraba; después de que me recuperé volví a trabajar”.

Transcurrieron dos meses hasta que ella retomó sus actividades, pero todo el tiempo José la tenía vigilada.

Recuerda con dolor el día que sufrió las quemaduras en su cara, cuando su expareja y un amigo de éste ingresaron en la tienda donde trabajaba. “Su cómplice se hizo pasar como cliente y mientras yo buscaba su cambio, José estaba frente a mí y sentí cómo me lanzó ácido en la cara”.

Tras el violento hecho y con el rostro desfigurado, María estuvo internada en el hospital seis meses, se sometió a tres intervenciones quirúrgicas. Sus labios y su nariz estaban unidos y los médicos decidieron sacarle pedazos de piel de la pierna para hacerle injertos en la cara. El ojo derecho se salvó; el izquierdo, no.

Al despedirse dio un mensaje:

“Las mujeres tienen que denunciar si sus parejas les hacen daño”.

La violencia física, sexual o psicológica, tanto en la familia y en la sociedad, son antecedentes o precedentes para que deriven en una lesión gravísima que podría generar un hecho de feminicidio. 

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