Buena Vida

Manual de la novata gorda en el gimnasio

Entrar en estos lugares es como visitar el inframundo para nosotras las mujeres entradas en carnes. 

Gisselle Acevedo
Por Gisselle Acevedo

Decidir apuntarse al gimnasio es todo un reto para una mujer entrada en carnes y admítelo, no es una decisión que se tome de la noche a la mañana. El día que por fin entré a un gimnasio supe que entraba a un inframundo en donde todos son "perfecto", toman miles de suplementos y los cargan en vasos grandes para hidratarse constantemente, las mujeres delgadas pueden lucir los peores atuendos y solo platicar, pero al caer sobre su pecho la primer gota de sudor todo aquellos se olvida.

 

 

Desde que di mi primer paso en aquel sitio, sin querer, lo juro, llamé la atención nada más por ser gorda; en ese mundo del que les hablo te conviertes en un extraterrestre por las llanta que te cargas. 

 

 

Para ser la primera impresión del gimnasio esta situación no es la mejor para muchas de nosotras, no lo disfrutas como se cuenta en las revistas. A pesar de esto decidí comenzar por lo que es la sala pura y dura del gimnasio, máquinas y pesas, y no me sentía nada cómoda junto a algunos de mis compañeros de faena. Me daban  ganas de decir (con perdón):

“Sí, carajo, estoy gorda, deja de mirarme” .

Es increíble, pienso que muchos musculosos no han visto una mujer de más de 60 kilos en la vida. Esa mirada clavada en mi culo mientras sudo como una puerca en la elíptica, así como pensando: “Y esta chica, ¿sabrá dónde ha venido?”.  Yo creo que lo que les atrae es el movimiento de mis longas, que a cámara lenta tienen que verse como una gelatina de fresa tambaleante. ¿O a lo mejor me miraban pensando que estoy “pasada de buena”? No se por qué nunca llegué a preguntarlo.

 

 

Una vez que esta área me aburrió decidí apuntarme a las clases colectivas. ¿Has puesto atención alguna vez en el comportamiento de las especímenes que habitamos estas clases? Siempre hay alguna chica súper tonificada que se saca la flexibilidad de la manga. En este caso, nunca, bajo ningún concepto, las mires en el espejo. Se que es difícil, a mi me cuesta muchísimo, pero es un error. Todas las comparaciones son odiosas. Si la miras solo conseguirás frustarte. Lo único divertido del jueguecito del espejo es que con suerte encontrarás otra gorda y no te sentirás sola; al menos el esfuerzo y el sufrimiento serán compartidos.

 

 

¿Qué me dices del tormentoso episodio de la ducha? Madre mía, aquello es un espanto, es como enfrentarte a una araña o un ratón o pero aún es como quedarte dentro de un elevador y sentir que el oxígeno se está acabando poco a poco. Es tan incómodo. En este lugar se hace el silencio total, parece que nunca han visto a un "michelín" desnudo y aquello causa asombro, las crudas miradas te rodean, no queda más que esconderse tras la toalla. 

En fin, que lo mejor para sobrevivir a las dos o tres horas de gimnasio semanales es dejar los complejos en casa y animarse a una misma continuamente. Suena a tópico pero es necesario del todo, porque si no la desmotivación llamará a tu puerta y volerás a ser sedentaria, y lo peor a demostrarte que todo lo que inicias nunca lo acabas, así que no, rendirse no es una opción para las gordas. 

 

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