Buena Vida

¡Los buenos vinos, entre más añejos...mejor!

Copas de vino para exteriores y una botella para el pícnic

Soy Carmin
Por Soy Carmin
  • Una delicia para este fin de semana. (Foto: NYTM)

    Una delicia para este fin de semana. (Foto: NYTM)

Beber vino en exteriores no requiere de un conjunto especial de reglas. No obstante, puede ser diferente a beberlo en interiores en formas cruciales, en particular, entre más lejos se aparte uno de la seguridad de la casa. Explica Eric Asimov para New York Times.

La comida en el jardín o en la terraza, a solo una puerta de distancia del agua corriente, los cajones de los cubiertos y las repisas para la cristalería, no es nada más que un cambio modesto en la ubicación. Sin embargo, si se corta el cordón umbilical y se transporta esa comida a un parque, la orilla de un lago o una playa arenosa, las cosas dan un giro radical.

Las elegantes copas de vino ya no parecen una gran idea, a menos que se cuente con un equipo de sirvientes a la zaga, pero muy cerca. La comida no llegará caliente, recién sacada de la estufa, a menos que un asador portátil haya viajado con usted.
Todo adquirirá un giro menos formal: la presentación de la comida, la forma de comer y, en efecto, la bebida. Eso requiere pensar un poco en cuanto al equipo.

Aun en la más fácil de las ubicaciones, no soy quien para hacer de las copas de vino un fetiche. En la casa, esencialmente, yo uso un juego de buenas copas a prueba de lavadoras de platos para la mayoría de las comidas y, en ocasiones, saco mi juego de Zalto Universals cuando quiero tener el placer de manejar objetos bellamente diseñados.
Si me llevan a exteriores, lejos de la cocina, entonces, quiero algo modesto, portátil e irrompible. Los vasos de papel o de plástico son una transigencia poco satisfactoria, aunque, en ocasiones, no es posible algo mejor.

 

Sin embargo, bajo ninguna circunstancia, usaría las endebles copas de plástico. Tuve la desgracia de levantar una de esas sin darme cuenta de que el tallo y el cáliz se había separado del pie, hasta que traté de tomarla por el larguirucho tallo dándoles a las hormigas el contenido de una copa gratis.

Mucho mejores son las copas sin tallo, como las de Govinos, que brindan el placer de disfrutar el vino en recipientes irrompibles y de tamaño decente. Hasta se pueden reutilizar, si, como yo, a usted lo asedia una concinecia que teme a los desperdicios.

Mentes inventivas están trabajando en alternativas elegantes, como Pointer, de trabajo colectivo, con su copa de vidrio para vino, digna de un pícnic, en la que el tallo, como una estaca de metal para carpa, se puede enterrar en la Madre Tierra para darle estabilidad.

La naturaleza del vino, claro, estará guiada por la informalidad de la ubicación y el contexto de la comida. Una fiesta en el jardín, con su proximidad a las comodidades, presenta un desafío diferente al de un pícnic o una reunión en la azotea.

En lo general, entre más lejos se esté del agua corriente y menor sea la calidad de las copas, el vino deberá ser más sustituible. Nótese que no dije nada sobre la calidad.


Casi nunca debería beberse vino de mala calidad, sin importar cuáles sean las circunstancias. ¿Por qué el calificador? A veces, no se tiene el control sobre el vino, como en un prolongado viaje en avión e, incluso, entonces yo preferiría una cerveza de consumo masivo o agua al tipo de tinto ligeramente dulce o el blanco artificialmente arroblado que harían que empeorara una comida mala. Si usted pone la botella, no tiene nada que temer.

La sustituibilidad es otra cosa totalmente distinta. A las botellas que son valiosas por ser antiguas, caras, raras o, simplemente, por su valor sentimental, se les debería dar el respeto que se merecen. Uno quiere consumirlas en las mejores circunstancias posibles para poder concentrarse en el vino y su significado, en lugar de en preocuparse por si sus complejidades si podrán apreciar en el plástico.
De igual forma, tampoco se recomiendan las botellas que pueden requerir decantadores o herramientas especiales para extraer corchos frágiles. Guárdelas para cuando tengan la mejor oportunidad de brillar.

En cambio, se quiere una botella que no lo obligue a estrangular al bobo que la patea accidentalmente o cause aversión por uno mismo cuando se derriban unas cuantas copas con un lanzamiento errante de un Frisbee. En otras palabras, los vinos que se pueden sustituir fácilmente. Se debería considerar tener botellas extras a la mano.

¿Qué tipo de vinos? Cada ocasión tiene sus propias exigencias. Si se planea una reunión al estilo Gatsby, viejo, quizá lo apropiado sería un champán, junto con un blanco y un tinto decentes. Es muchísimo más plausible que beber en exteriores será relajante y espontáneo. En cuyo caso los vinos seguirían rápidamente.  

 

¿Qué se va a comer? ¿Sándwiches? Cualquier cantidad de rosados decentes estarían bien. ¿Hamburguesas y perros calientes? Los rosados funcionarían también, aunque yo preferiría un riesling con las salchichas y un tinto acomodadizo para las hamburguesas: quizá un Loire gamay, un Beaujolais o, de verdad, cualquiera de cientos de otras opciones.

No se querrá servir calientes estos vinos. ¿Llevará una hielera para la comida? Meta allí también unas cuantas botellas. Lo que me recuerda: a menos que lleve botellas con tapa de rosca, sea lo que sea que haga, no olvide el sacacorchos.
Es fácil aumentar la apuesta inicial sin sacrificar el principio de sustituibilidad. Un buen Chablis de pueblo exaltará cualquier tipo de preparación a base de productos del mar. Lo mismo pasa con un Sancerre o cualquier otro blanco sauvignon o vino espumoso. Si se va a asar carne, saque los tintos, cabernet sauvignon o burdeos, los syrahs o Crozes-Hermitage, sin pretensiones. Los chiantis y otros vinos a base de sangiovese también pueden ser deliciosos.

Las reuniones más grandes pueden resultar difíciles de manejar. Así es que permítaseme sugerir una desviación: ¿qué tal los vinos en caja, especialmente los buenos, como la serie From the Tank o Wineberry Box?
Estos vinos son perfectamente adecuados para todo tipo de ocasiones y comidas. No requieren de ningún equipo especial; los invitados se pueden servir solos, y pueden ser bastante buenos. Debido a su tecnología de la bolsa dentro de la caja, se conservarán frescos por muchas horas, por no hablar de días y semanas.

Por lo general, las cajas son el equivalente a cuatro botellas, así es que las posibilidades son de que se tenga bastante.
Lo mejor de todo es que se podrá llevar a casa lo que sobre para terminarlo cuando le venga bien.

 

¿Qué tipo de vino te gusta?
 

 

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