Buena Vida

Lo que aprendí de una GRAN mujer

Las lecciones de vida están donde menos lo esperas

Norma Portillo
Por Norma Portillo
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Recibí una de mis más grandes enseñanzas en la vida trabajando como maestra universitaria y no me la dio ningún otro maestro, sino una alumna.

El grupo de la modalidad semipresencial estaba conformado por hombres y mujeres mayores de edad, algunos de ellos ya casados, con hijos y con un trabajo estable, que estaban tomando clases para subir de puesto de trabajo o para abrir su abanico de posibilidades laborales.

Todo empezó cuando en un día normal de clases, los alumnos se tomaron un tiempo para desayunar, yo me quedé en el salón porque tenía que revisar alguna información para dar cuando ellos regresaran.

De pronto me llamó la atención una joven muy bonita que se había quedado sola sentada en su butaca. Voltee a verla y le pregunté por qué no había ido a desayunar, que si no tenía hambre, al tiempo que sonreía para ser un poco cordial.

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La contestación que ella me dio me dejó atónita, no la esperaba. En ese momento yo estaba pasando por un divorcio y me encontraba sumida en la depresión.

Con su contestación ella fue capaz de cimbrarme, despertarme y ponerme a reflexionar sobre lo importante de la vida y de las prioridades que tenemos. Su contestación fue la siguiente:

Sí tengo hambre, maestra. Lo que pasa es que no aguanto el dolor y cuando eso pasa mis compañeras me traen el desayuno".

Yo pregunté ¿qué tienes, te puedo ayudar? Ella sonrió y me contestó "No maestra, no me puede ayudar, pero muchas gracias por preguntar. Los doctores me han diagnosticado Lupus".

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Me comentó que todavía no estaba completamente segura cuál era su enfermedad, en principio le dijeron que era fibromialgia y después lupus.  Y que en ocasiones el dolor era tan grande que no podía salir de la cama.     

Seguramente ustedes han de pensar que existe mucha gente así, la diferencia con ella es que es una mujer joven, casada, con tres hijas, trabaja fuera de casa en una oficina de gobierno y además de todo esto, como si fuera poco, los fines de semana estudia una carrera universitaria.

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Me llamó mucho la atención su actitud, agradable, firme y tranquila. Una mujer con una gran entereza y con una alegría de vivir digna de envidia.

Una mujer que a pesar de tener una de las enfermedades más dolorosas, no está resentida con la vida, la vive al máximo y está agradecida por tener un trabajo, hijas a las que ama con todo su corazón y una pareja que la ayuda, y además de eso es una de las mejores alumnas de la facultad.

 

En el momento que terminó de platicarme su vida me quedé callada pensando y preguntándome "¿qué estoy haciendo?. Yo que tengo todo para seguir con mi vida, estoy sufriendo por algo que no vale la pena. Esa etapa de mi vida ya pasó y tengo que seguir adelante".

Nunca se lo dije, pero ella fue una de las personas que más influyó en mi vida para que tomará nuevamente las riendas y enfrentara lo que me estaba sucediendo con una sonrisa y con la esperanza que hay un mejor mañana.

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Las lecciones de la vida están en donde menos las esperamos, sólo abre un poco más los ojos y tu corazón, y las encontrarás. Yo doy gracias a mi alumna por contarme por lo que estaba pasando, por hacerme reflexionar y por la lección que me dio. Y le mando mi más grande amor y agradecimiento en donde quiera que se encuentre.

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