Buena Vida

Hagamos lo que necesitamos sin pedir permiso

Equivoquémonos, tomemos nuestras propias decisiones, en pocas palabras vivamos la vida.

Soy Carmin
Por Soy Carmin
  • Foto: Ledicenlaloca.files.wordpress.com

    Foto: Ledicenlaloca.files.wordpress.com

Es fundamental para una mujer que quiere ser feliz tomar las riendas de su vida y no dejar que otras personas le digan qué es lo que tiene que hacer, que la critiquen o que califiquen cada uno de sus actos. Eso no es sano, ni agradable para quien está más al pendiente de lo que le dirán respecto a cómo vivir su propia vida.

Por principio de cuentas se llega a una edad que a la única persona que le tenemos que rendir cuentas es a nosotras mismas, seguir las instrucciones de los que dicen los demás sobre lo que tenemos que hacer sólo nos hace unas personas amargadas y frustradas.

Es cierto, cuando una persona que nos ama y nos quiere darnos un consejo es agradable, pues demuestra que se preocupa por nosotras. Pero hasta ahí, escuchémosla y tomemos lo mejor de ella, no por compromiso, no porque se imponga, sino porque después de meditar sintamos que en algún momento de nuestra vida lo necesitaremos.

Ver la paja en el ojo ajeno es fácil. Somo especiales, mujeres únicas, especiales y con una forma muy particular de ver el mundo.

Sabemos que tenemos gustos propios, experiencias personales, jerarquías de valores íntimos y que no son ni mejores ni peores que las de los demás. Nadie sabe mejor que nosotras lo que hemos vivido, lo que nos ha hecho ser o pensar así y no de otra manera.

Nuestra autonomía nadie puede negárnosla porque tenemos derecho a ser libres siempre y cuando respetemos a los demás. Esa es la base para cualquier relación, la más cordial; consideración y tolerancia hacia las decisiones de los demás.

En otras palabras debemos compartir la vida con las personas que nos gustan por cómo son y eso es algo que no debemos cambiar. Quien nos quiere sabe qué es lo que necesitamos y no se atribuye el poder de darnos o quitarnos permiso para que lo consigamos, pues lo que menos necesitamos es que comprendan nuestros motivos, necesitamos que los respeten.

En nuestras decisiones diarias podemos equivocarnos, pero nacemos con la posibilidad del error y la virtud de aprender de él. Digamos que queremos disfrutar del precio de intentar algo y no quedarnos con las ganas porque a otras personas les parezca incorrecto.

Somo libres para explorar el mundo, aunque salgamos heridas emocionalmente y quedemos marcadas para siempre, pero queremos ser las únicas responsables de ello.

Tal vez si no lo haga, no haya herida, pero sí arrepentimiento de no haber tenido la valentía para defender mis intereses y velar por ellos. Después de todo el único sentido a lo que hacemos es el actuar conforme a lo que llevamos dentro.

La vida es corta no la perdamos por “el qué diran”, que al fin de cuentas no hay tiempo para no buscar lo que necesitamos y darnos la oportunidad de vivirlo.

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