Buena Vida

Estar flaca pasó de moda; lo de hoy es la fuerza

Miles de mujeres están optando por "jalar los fierros" y han dejado las dietas reduce grasas para luego. 

Gisselle Acevedo
Por Gisselle Acevedo

Entrar a Instagram es entrar a otra "dimensión". Ahora es esta red social la que está marcando los parámetros de belleza de la mujer y si no me creen solo basta con ver a las miles de féminas que dejaron la delgadez por seguir a las chicas fitness con cuerpos increíblemente fuertes.

Cabe preguntarse por esos nuevos patrones de belleza que parecen imponerse. ¿Será que la fortaleza es, como lo han sugerido algunos expertos, la nueva delgadez?

 

 

 

En la red de las fotografías cada vez se repite más una imagen: Una mujer de pie frente al espejo sostiene en su mano un teléfono móvil. El enfoque aquí no es el rostro, como en la ubicua selfie (esa modalidad de autorretrato digital que abunda en nuestra era), sino el registro del cuerpo. Un cuerpo que aparece por lo general semidesnudo, envuelto en ropa deportiva, torneado y fibroso; una aparición de piel apretada y de músculos.

 

 

A veces la imagen acentúa las marcaciones precisas del abdomen; otras revela la redondez evidentemente trabajada de los glúteos.

 


Anllela Sagra, una de las mujeres íconos de esta tendencia, tiene 21 años y es de Medellín. Es una rubia de rostro delicado y pelo largo, de tez blanca y poseedora de esa deslumbrante belleza sin artificios que puede tener la mujer antioqueña. Su cuerpo, sin embargo, no es el arquetipo que subsiste en algunos imaginarios que también persisten en Medellín. No es la mujer voluptuosa, hinchada por silicona, ni cuya protuberancia recuerde al ideal curvilíneo que también, en parte, legó la directriz del narcotraficante.

 

 

El cuerpo de Anllela es protuberante, sí, pero resalta por la musculatura desafiante, el grosor de los muslos fibrosos, las marcas explícitas a lo largo del torso, la fuerza general de un cuerpo que denota una poderosa cultivación que no necesariamente refleja el prototipo femenino de la mujer paisa. A ella llegaron los comentarios de que su cuerpo estaba cobrando un aspecto más masculino; familia y allegados la reprendieron incluso por “dañarlo”.

 


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