Buena Vida

El amor también llega después de los 60

¿Y tú qué harías?

Soy Carmin
Por Soy Carmin

 

Alguien me contó una vez que conoció a su verdadero amor cuando tenía 27 años y que 41 años después se volvieron a topar en un punto de su vida donde por fin podían estar juntos, sin embargo el miedo, la desconfianza y la horrible culpa de estar atorada en un triste matrimonio hizo que se detuviera en alcanzar la felicidad que él tanto le prometía. 

Las manos que descansaban en su regazo, aquellos ojos que contenían el llanto y esa sonrisa triste se quedaron grabados en mi mente mientras ella continuaba con su historia de amor.

 

Sus manos temblaban un poco al contar su historia

 

Ella se había casado a los 35 años con otro hombre que le había asegurado ser su hombre perfecto, cariñoso, atento y trabajador, pero la verdad de su persona se había descubierto tan solo un año después y a partir de ahí todo se había ido al pique. Me dijo que el divorcio jamás pasó por su cabeza en ese momento por que: “qué irían a decir los demás”, y así vivió por 33 años en los que la tristeza, violencia y soledad era su pan de cada día… Hasta que él llegó a su vida de nuevo y sacudió su mundo como la primera vez.

Con una sonrisa me dijo que se había sentido exactamente igual que una adolescente cuando lo volvió a encontrar; el corazón le había dado un vuelco y se sintió tan nerviosa como jamás en su vida lo había estado. Aún tanto tiempo después seguía enamorada de aquel hombre de ojos negros.

 

Aún tanto tiempo después seguía enamorada de aquel hombre de ojos negros.”

 

Me contó que estuvieron viéndose en secreto, charlaban, reían y él le decía lo mucho que la amaba; le pedía que se divorciara pero ella se negaba ¿cómo le podía hacer eso a su esposo?, se sentía vieja para una nueva relación ¿qué pensarán los hijos?¿la familia?Todo el mundo… Y en ese momento ella acabó todo.

 

Él lloraba y le rogaba para que estuvieran juntos.

 

Se despidió de él y por segunda vez volvía a alejarse del único y verdadero amor de su vida. Se le rompió el corazón. Me platicó que lloró toda la noche y todavía el día siguiente; la oportunidad de ser feliz se le había ido de las manos.

Su momento de epifanía llegó dos días después, me platicó entre risas que su esposo la había mirado con los ojos como platos cuando le pidió el divorcio y  que se había quedado largo rato rascándose la cabeza parado en la puerta mientras ella se iba con sus maletas.

Ella y él se encontraron de nuevo. Por tercera vez en la vida se les presentaba la oportunidad de estar juntos y en esta ocasión no iban a ser tan tontos como para no aprovecharla.

Su compañero murió cinco años después a causa de una enfermedad en el corazón. Con lágrimas en los ojos me platicó que a pesar de haber estado muy poco tiempo juntos todo había valido la pena, los señaló como los más felices de su vida y que aún recordaba su último momento juntos. Él se había despedido con una sonrisa, un beso en la frente y un te amo en los labios.

 

Es mejor tener esos pocos momentos de hermosos recuerdos que no haber tenido ninguno.”

 

 

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