Buena Vida

“Cosas dolorosamente placenteras”

Esas aventuras y manías que se vuelven gratos recuerdos

Beatriz Acevedo Tachna
Por Beatriz Acevedo Tachna
  • Esos dolores de plácer.

    Esos dolores de plácer.

En México tenemos una infinidad de personajes con nombres chistosos, y por chistosos me refiero a ocurrentes, incoherentes, anglosajones o hiper-biblicos, esos últimos entran en la categoría de los que son casi imposibles de pronunciar ya que llevan “h´s” y también “y griegas” por doquier y al por mayor y que hacen sufrir a cualquier maestra el primer día de clases.

Recuerdo perfectamente con lo que tuve que lidiar los dos largos años que fungí como docente de secundaria y que recorría las listas muchas veces tratando de comprender ¿Qué fregados estaban pensando los papás cuando nombraron a su creatura de esa manera?, pero bueno, lo que nunca había entendido es porque algunas mujeres se llamaban “Dolores”, quieran o no el dolor a simple oído o sentimiento es sumamente negativo, nadie quiere sentirlo, todos le sacamos la vuelta, evitamos verlo en la tele, oírlo en canciones y esquivamos cualquier situación que nos traiga hasta dolor emocional, pero aún así “Hay que ponerle Dolores a la niña” que disque explican que proviene de los dolores que sufrió la Virgen al ver a su hijo en el calvario… a fin de cuentas le van a decir “Lola” lo cual me parece bastante padre, a menos que vivas en la Madre Patria y te confundan con una mujerzuela, pero bueno a medida que fui creciendo y tuve la oportunidad y desdicha de haber experimentado un sin fin de dolores (no soy una mártir pero de que me han dolido cosas, me han dolido, física, emocional y espiritualmente como a la mayoría de la gente) entendí que mas allá de los pesares pueden existir una gama de dolores que son bastante placenteros.

Recuerdo que al salir de prepa a las 2:10 de la tarde, con el carro estacionado bajo el sol desde las 7 de la mañana y una cola de 3 amigas que querían “raite”, aprendí a tolerar y agarrarle gusto al calor, a la quemazón del sol, al sofoque y a la calidez de la naturaleza, sobre todo porque no les prendía el aire ni las dejaba bajar las ventanas para que desertaran antes de la esquina, no las tuviera que llevar a su casa y llegar temprano a comer a la mía.

Me gustaba esa sensación, que duraba como 3 minutos hasta que te acostumbrabas al infierno.

También tengo una maña que supongo que todos han adquirido, me parece demasiado placentero que me piquen moscos y pasarme toda la tarde dibujándome una “equis” clavándome la uña en la roncha, muchas veces hasta dejar marcas que durarán una semana.

Me encanta morderme los labios resecos, y que se me resequen más para que sigan creciendo cueritos y seguírmelos mordiendo…

Y que decir de mis uñas, mi madre tenía un amplio kit de manicure que descubrí desde que yo estaba como en 3ro. de primaria, desde ahí soy adicta a auto infringirme el famoso “SADI-CURE” nombre con el que lo bautizaron mis amigas que no toleraban que me picoteara las uñas de las manos y pies, me sacara sangre de cada dedo y luego anduviera llorando porque no me podía ni meter a bañar de lo que me ardían, pero a mi me gustaba.

Adoro ese sentimiento playero de caminar descalza sobre la arena que quema, la comida extra picante, el serrano, el chiltepín, el habanero, el pico de pájaro, todo lo que haga a mi paladar explotar, tener heridas y arrancarme costras, sacarme la ceja, ir a la comida japonesa y pasarme de lanza con el consumo de Wasabi que hace que me salga humo de los oídos, nariz y boca, los masajes profundos que a otros hacen gritar, bañarme con agua extra caliente, cepillarme los dientes hasta que me salga sangre, en fin, son demasiadas cosas pseudo y micro-dolorosas que me gusta experimentar día a día y que me hacen dudar si podré ser la próxima protagonista de la Saga de 50 sombras de Grey (Es broma).

Aunque leyendo al respecto encontré la explicación de que al momento en el que una zona de nuestro cuerpo recibe algún daño, los receptores del dolor viajan por la medula y comunican la información al cerebro para que produzca endorfinas…

Las endorfinas a parte de que te hacen mas feliz también funcionan como analgésicos lo cual me pone a pensar que yo probablemente le hago “chanchuy” o trampas a mi cerebro…

Aprovechándome de ser feliz por el simple hecho de serlo, y obligándolo a hacerme feliz aún cuando estoy sintiendo dolor, creo que así debe ser la vida de todas formas, así que encontrémosle placer a algunos dolores. 

 


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