Buena Vida

“Anécdota de una vejiga inquieta”

¿Y tú mojaste el colchón alguna vez?

Beatriz Acevedo Tachna
Por Beatriz Acevedo Tachna

Entre las confesiones que han pasado por esta columna que ya es como parte de mi piel, tatuada de palabras y faltas de ortografía, jamás les he platicado uno de mis mas grandes traumas de chiquita: ME HACÍA PIPÍ, bueno, ahora que lo digo, creo que ya lo había mencionado varias veces, eso y mi temor por las semillas de limón.

No recuerdo el origen de mi fuga líquida, supongo que mi madre jamás debió haberme quitado el pañal hasta que verdaderamente aprendiera, no se sí empecé a hacerme cuando nació mi hermano menor que es lo que sucede con los sándwiches muchas veces, pero el caso es que me hice pipi y mucho. Uno de los sonidos mas divertidos que recuerdo de mi infancia era el brincar en las camas de mi cuarto que eran dos individuales y percibir el crujido del plástico que cubría la mía, “cuish cuish cuish” sonaba cada vez que brincaba sobre ella mientras la otra era la cama silenciosa y suave.

 

 

Para mi siempre seras lo mejor que me han traido los REYES mi niñita TE QUIERO FELICIDADES

Posted by Beatriz Tachna Felix on Martes, 6 de enero de 2015

 

Es que mi mamá ya estaba harta de orear el colchón cada noche que el “Hada” del pipi me visitaba, así que de esa forma solo se dedicaba a lavar nomás sabanas y edredón. Recuerdo perfectamente que desarrollé una técnica para evitar que la gente me viera echa pipi, consistía en que cuando ya andaba con la mancha húmeda alrededor del asunto yo fingía caerme en, ya sea el lodo, un charco, la tierra, la arena o cualquier otro material cochino que tapara mi imprudencia y así solo podía escudarme en

“Ay es que me caí y me ensucié toda”. 

Pero lo visual no era el problema, recuerden que la pipi una vez que se seca huele a como que el diablo anduviera por ahí, a azufre o algo muy fuerte, así que una de mis primas desarrolló una serie de señas para avisarme cuando yo empezara a “oler feito” y mejor me alejara, así el resto de las pequeñas amistades no se pudieran percatar de “LA MIONA”…

 

 

Así que al final andaba como loba solitaria “chiroteando” en las piñatas. Una de mis anécdotas favoritas es que saliendo de un entrenamiento de basquetball una tía nos llevó a una boutique, yo iba cochinisima y muy fea,  ya que me había ido a comer a la casa de  una amiga y ahí me prestaron ropa horrorosa para asistir a la práctica,

Estaba toda sudada, entierrada, despeinada y como no llevaba tenis me tuve que poner los zapatos negros del colegio, el caso es que salí deschongada a bajarme del carro 

Pero mis primas ya se habían adelantado a meterse a la tienda, y yo me tarde como 10 segundos, esa tienda tenía una puerta eléctrica, te abrían de adentro con un zumbido así que cuando intente meterme, noté que era imposible, así que me dediqué a tocarle el vidrio a la que atendía y no me abría, le seguía tocando con insistencia hasta que se acerco al escaparate que nos separaba y me empezó a hacer señas de que “NO, NO” yo no entendía así que seguía tocando fuertísimo y ella insistía que me fuera “No, picále, hush, hush no!”

La tercera vez que toqué con mas ganas en el vidrio mi tía que estaba adentro volteo y sorprendida le dijo “¡¡¡ HEY ES MI SOBRINA!!!,  la de la tienda pelo los ojos como diadema y apenadisíma me abrió en friega, ella nunca me lo confesó pero a mis 8 años por mi facha, toda meada, despeinada y cochina seguro pensó que era una niña de la calle pidiendo pa un taco.


Sigue a SoyCarmín en
y en

Comentarios