Buena Vida

"Amor de estudiante"

Quién no recuerda sus aventuras de infancia en el kínder

Beatriz Acevedo Tachna
Por Beatriz Acevedo Tachna
  • Plaza Sésamo.

    Plaza Sésamo.

Plaza Sésamo así se llamaba el kínder en el que pasé mis primeros tres años de estudiante, recuerdo perfectamente el uniforme, la reja, los juegos, las aulas, las sillas, mesabancos, el kiosko y sobre todo lo especial que siempre me sentí en el. Y es que una de las directoras a la cual le tengo enorme cariño por ser madre de uno de mis amigos, siempre hizo hincapié en que yo era una especie de réplica física de ella y también de sus hijos, que obviamente son guapos, chaparritos y ocurrentes.

 

Todas estas memorias se me vienen a la cabeza porque hace unos días asistí a un desayuno en la casa de mis madres, era algo especial porque venía de visita la novia de un primo, así que prepararon lo de siempre que es una bomba clásica deliciosa: Chorizito, frijolitos, panela, pellizcadas de asientos y frutita para los dietéticos.

 

Yo no dudé en invitar a una de mis comadres a disfrutar de la chorcha matutina, se trata de mi primera amiga, esa a la que descubres cuando eres chiquita y que a través de los años se queda ahí para siempre, a veces en remisión, a veces activada, a veces coincidiendo, a veces lejos, desconectada, pero siempre amiga.

Entre risas, burlas y netas les confesé en mesa redonda que ella era la culpable de que yo no le dijera a nadie nunca quien me gusta, ya que tengo grabado perfectamente en mi mente que siendo una pringa de 5 o 6 años osé abrirle mi corazón y decirle que el niño que me gustaba era fulanito y no llegó ni el recreo cuando ya se había enterado mi posible cuñada (la hermana del susodicho) y obviamente le mitoteó.

Ella dice que no se acuerda haber mitoteado pero que me cree ciegamente porque sí no, se me hubiera olvidado, y es que siempre he sido aprensiva con esa clase de experiencias que marcan la vida de una desde chiquita.

No dejamos de ser amigas, no se preocupen, al contrario, iba y venía a su casa y ella también, de hecho siempre le da por contar una vez que me invitó a comer y sirvieron la sopa de fideo en todos los lugares. Yo, por un instante me creí mago y tenía que demostrarle que podía jalar el mantel sin mover nada de la mesa, ya se imaginarán el desastre de caldo y pasta tirado por doquier, no me acuerdo de la reacción de su mamá ni nada, pero seguro solo se rieron y trapearon porque son de esas personas practicas y poco complicadas.

Entre mas contábamos más nos reíamos de tontadas que nos pasaban en la infancia, en el kínder en donde sí era tu cumpleaños desde que llegabas te hacían fiestas, lo malo que mi cumpleaños es el 6 de Enero entonces jamás podía disfrutar de esos 15 minutos de atención solo para mí, así que un día, tan ocurrente y elocuente como me creo, me bajé del carro y lo primero que dije fue que era mi cumpleaños, ustedes no saben el regocijo que sentí cuando todos me felicitaban y sobre todo cuando la maestra me paró en una silla frente al pizarrón e hizo que todos me cantaran las mañanitas, eso era felicidad, plena y pura.

Oh decepción cuando a la hora de la comida llegó mi madre por mi y confesó la verdad cuando le preguntaron por mi natalicio...

“Nombreeee si su cumpleaños es hasta enero”,

Recuerdo que me invadió la vergüenza, la tragedia, las ánimas de ultramundo me secuestraban y yo no podía creer la imprudencia de mi madre.

 

Obvio terminé en la dirección (Que exagerados) y me dieron un ligero regaño, por aquello de decir mentiras nomás. Pero eso sí, lo bailada y cantada nadie me lo quitó.

Valió la pena, puesto que definitivamente hay mentiras blancas que nos decimos a nosotros mismos y a los demás que la hacen sentir mejor a una.

Mientras escribo sigo recordando una plétora de anécdotas del kínder, y es que no me considero ni traviesa, ni mal portada, simplemente era “Inquieta pero trabaja muy bien” (como decían mis boletas). Así que otro día les seguiré contando de mis moco-aventuras en el Plaza Sésamo, como la vez que creí matar un pajarito, o cuando no dejaba subirse a nadie al resbaladero, o cuando le robaba el lonche a mi ahora mejor amigo, o cuando fui parte de la escolta, por ahora, los invito a recordar sus primeros años de estudiantes…

¿Qué marcó sus vidas en esas épocas?

 

@BeAcevedoTachna 


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