Buena Vida

10 tips para poner límites a los hijos

Haz lo que sea correcto para la formación de tus pequeños

Soy Carmin
Por Soy Carmin
  • Poniendo límites    (Foto: Clinicaizabelmendez)

    Poniendo límites (Foto: Clinicaizabelmendez)

La entonación con la que nos dirigimos a nuestros hijos a la hora de poner límites es lo que los hace efectivos y no el contar una, dos y tres. Lo que hace la diferencia es estar nosotros como adultos, como padres, como referencias, convencidos de que “a la de tres” lo que queramos transmitir se hará. Por lo contrario, si necesitamos contar hasta 35, algo del mensaje y concepto de “hay que bañarse” estaría fallando. Primer secreto entonces, la firmeza que se transmite en palabra, lenguaje no verbal y mirada.

El límite es cuidado, es decir esto no, pero todo esto otro sí. Es consecuencia, es delimitar el mundo de nuestros pequeños para que gradualmente puedan ir incorporando sus propios parámetros y algún día entrar al mundo adulto lo mejor preparados posible. Claro que no es fácil, uno de los mecanismos más complejos de la paternidad es la instrumentación de los límites en la crianza.

"Es una ciencia" solía decirme una madre con un dejo de preocupación frente a las dificultades que se le presentaban con sus hijos. En los grupos de padres este suele ser el punto más complejo y sobre el que más intensamente debemos trabajar, ellos en la trinchera y yo en la orientación desde el consultorio.

Poniendo límites   (Foto: Static.imujer.com)

 

En realidad todos los consejos y herramientas se desprenden del más absoluto sentido común. No se trata de intentar ser padres de manual (de hecho los hijos no vienen acompañados con uno de ellos). Se trata de ser los mejores padres que podamos, con la tranquilidad de que no somos, bomberos, ni obstetras, tenemos tiempo en la mayoría de los casos, podemos pensar, consultar y tomar un respiro para que las cosas fluyan. 


Un límite debe ser:

1-Equilibrio entre firmeza y afecto. No podemos ser precisos a la hora de limitar y querer educar a nuestros hijos si no regulamos el flujo de intensidad entre nuestro decir y el amor desde el cual el límite debe ser puesto.

Los gritos son la impotencia del adulto al no saber qué hacer. Un pacientito me contaba que su madre le gritaba mucho, al preguntarle que le decía me contestó:“¡No lo sé, grita, no la entiendo, es ruido!”.

En tono calmo, amoroso y decidido el límite sale bien, se los aseguro.

2-Producto de la racionalidad. Muchas veces intervenimos solo desde nuestros miedos, o emociones en general sin tomar en realidad en cuenta lo que los pequeños necesitan. El “No” tiene que estar de la mano de algún motivo ligado a un riesgo cierto o una imposibilidad genuina en relación al bienestar de nuestros hijos. A menudo está sostenido desde temores propios o situaciones que los hijos están preparados para afrontar pero nosotros como padres no.

Niño pintando la pared   (Foto: Static.imujer.com)

 

Cuento una de mi cosecha. Mi hijo tenía 16 años, pide permiso para ir los conciertos de Iron Maiden y Metallica, los dos grupos venían a Buenos Aires con un par de meses de diferencia.Iba acompañado con mayores, tomando los recaudos necesarios. Lo pensé, no fue una decisión abrupta. Y sentencié:

-Puedes ver a Maiden, Metallica esta vez no.

-Me preguntó, atónito, el motivo.

-El público de Metallica es más peligroso (dije yo, imaginando una horda de vikingos metaleros destrozando la osamenta de mi amado hijo).

Claramente este era un límite puesto desde mi temor (y desconocimiento) y no desde la racionalidad. Pude reparar este desacierto hace un par de años, cuando volvió el grupo por mi negado, le regalé una entrada y tuve el reconocimiento de un mensaje que me enviara desde el recital:“Estás perdonado”. En casa de herrero, a veces, cuchillo de palo. Desde otro lugar, la racionalidad también incluye el no darles a nuestros hijos más de lo que esté a nuestro alcance.

Si piden un juguete, o prenda de vestir carísima, y no está dentro de nuestras posibilidades, manejemos con criterio la culpa del no poder, y de paso los preparamos para que aprendan a frustrarse, talón de Aquiles de los jóvenes hoy.

3-Sostenido en el tiempo. El querido Hugo Midón nombraba en su obra “La familia Fernández” la figura del “cancherito arrepentido”, que dice NO y después dice SI. Seamos consecuentes, si estamos seguros que lo que proponemos es bueno para ellos, aunque haya que tensar la cuerda para que lo indicado se cumpla hagámoslo.

Hablando con el niño   (Foto: Peru21.pe)


Un pequeño de diez años me reclamaba que sus padres siempre amenazan pero no cumplen con nada de lo que sostienen, me pedía que interceda, la fragilidad en los adultos genera incertidumbre y angustia en los hijos. Pensemos aquellas medidas que podamos sostener.

Una madre en la plaza le grita a su hijito de no más de 2 años: “Si no prestas la pelota y compartes no juegas al fútbol nunca más en toda tu vida”. De más está decir que nada de esto pasará. “Te quedas tres años sin tele, compu y celular” es inviable de ser tramitado exitosamente por cualquier padre o madre. Dispongamos, entonces, aquello que podamos sostener desde la lógica y el sentido común.

4-A resguardo de naturalizar lo innegociable. En estos tiempos que corren, donde los jóvenes recurren  a “muletas” para animarse a crecer  (hiperconectividad, consumo de alcohol,  de sustancias sicoactivas) hay una premisa que los padres no podemos perder de vista. Con la salud de nuestros hijos no podemos negociar.“Todos van, todos lo hacen, todos fuman”, son frases que los adolescentes esgrimen como argumento “contundente” para convencer a padres a menudo desarmados de razones y firmeza para ponerse fuertes.

Con la misma convicción que sacamos a un pequeño de meses que gateando pone dedos en un enchufe, con ese mismo ímpetu debemos ser claros a la hora de prevenir situaciones de riesgo en el pasaje de nuestros hijos al mundo adulto. Armemos redes de padres para fortalecer las convicciones que necesitamos, o mejor dicho, que nuestros hijos precisan de nosotros. A la larga, nos lo agradecerán.

Mamá con hija   (Foto: I.yting.com)

 

5-Objetivo y calmo. ¿Qué quiero decir con esto? Es común que los padres en los tiempos de ajetreo en los que vivimos respondamos apresuradamente a las demandas de nuestros hijos sin terminar de escuchar de qué se trata. La generación de equívocos es frecuente y a veces tomamos decisiones equivocadas o damos respuestas que no tienen relación con la información solicitada. Repito, escuchemos, pensemos y tomemos el tiempo para responder.

6-“Cortito y al pie”. Lo bueno si breve dos veces bueno. En la mayoría de los casos la abundancia de explicaciones a la hora de tomar una decisión sobre nuestros hijos es consecuencia de nuestra necesidad de calmar culpas y demás sentimientos que nos generan ”reprimir” sus deseos.

“Cuando mi mamá me habla mucho pongo música en mi cabeza” me decía una pequeña. Sin caer en el extremo de “es no porque yo lo digo”, no esperemos que nuestros niños acuerden con nosotros y nos tranquilicen a la hora de sancionar. Soportemos los enojos que nuestras decisiones pueden provocar. Si nos equivocamos, podemos pedir disculpas, esto no nos quita autoridad.

7- Consecuente a la acción que lo genera. Las decisiones que tomemos respecto a la crianza de los hijos deben estar, cada una, en relación a aquello que lo genera. Si, por ejemplo, le va mal con sus exámenes, dejarlo sin postre no reparará ni ayudará a revertir la situación. La glucosa no tiene relación con las matemáticas. Pensemos más bien que factores lo distraen de la actividad escolar, y será más apropiado alejarlo de consolas y aparatos electrónicos para que ese tiempo lo disponga a estudiar.Sin los extremos fundamentalistas y con la mayor de las calmas.

Aconsejando a la niña de casa   (Foto: Guiainfantil.com)

 
8- Acompañado de la gestión saludable de las propias emociones. Los padres se agarran la cabeza frente a los berrinches, los caprichos o las transgresiones de los hijos. Tienen a la razón como una aliada a la hora de dar respuestas más o menos convincentes, pero no pueden con las emociones de los pequeños, ni con las propias. Y creo que aquí está uno de los problemas más complejos en la puesta de límites; los adultos pretenden calmar los arranques de sus hijos poniéndose a la altura de sus emociones descontroladas.

Entre ambos se establece una competencia despareja de gritos, ira y llanto, hasta el veredicto final: “Yo soy tu padre (o madre) y me tienes que hacer caso”. Un niño que se encapricha y grita no merece ni necesita otro grito como respuesta. La palabra decidida, firme y amorosa del adulto marca la diferencia: “Yo soy el que tiene la responsabilidad de educarte”. Mantengamos a la hora de decir no, un tono desde el amor que sentimos  por nuestros hijos y no desde la bronca que genera la situación.

9-Con presencia plena. Cuando trabajo con niños en talleres sobre la relación saludable con la tecnología uno de los reclamos que ellos plantean respecto a los padres es: “Ellos están más pegados a los aparatos que nosotros. Nos hablan con el celular en la mano”. Eduquemos con el ejemplo y conectémonos plenamente con los hijos al momento de comunicarnos. Mirar a los ojos desde lo que llamo la presencia plena nos autorizará a pedirles lo mismo y mejorará el vínculo.


10-En lo posible, resultado de la parentalidad compartida.Padres juntos o separados, adultos que tengan injerencia sobre el niño, ponerse lo más de acuerdo que sea posible, los dobles mensajes hacen grandes desajustes en las cabecitas de los pequeños. Los invito a practicar y verán que es mucho más fácil de lo que parece. Cuando encontramos el punto donde pararnos las cosas fluyen, nuestros hijos, agradecidos, el límite alivia, repito, es cuidado.

 

¿Pones límites a tus hijos?

 

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