Belleza

El trágico final de la primer top model

Ella es Margaux Louise Hemingway la mujer a la que la fama la arrastró a la muerte. 

Gisselle Acevedo
Por Gisselle Acevedo

Margaux Louise Hemingway fue la primer supermodelo de la historia, pues estuvo en las pasarelas aún antes de que  Naomi Campbell y Claudia Schiffer lo hicieran.

La bella joven creció en Ketchum, un pueblo de apenas 3.000 habitantes del estado de Idaho, al noroeste del Estados Undos. Sin embargo, la segunda de las tres hermanas Hemingway no estaba dispuesta a vivir su adolescencia como una ciudadana anónima, así que pronto abandonó la granja familiar para mudarse a la Gran Manzana.

 

 

Fue la primera en dejar el nido, que no era precisamente idílico. Su hermana mayor, “Muffet”, prefería mantenerse lejos de la farándula a pesar de su gusto por el arte y la moda. Pero la más benjamina, Mariel, no tardó en seguir sus pasos.

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Aunque lo suyo no era la moda, sino la actuación, y antes de cumplir la veintena ya había conseguido su primera nominación en los Premios Oscar por su participación en Manhattan, de Woody Allen. 

 

 

Su padre era Jack Hemingway, hijo del escritor Ernest Hemingway, y ambos compartían además de genes una declarada afición por la bebida. Por eso cuando Margaux se enteró de que su nombre hacía referencia al Château Margaux, el vino que precipitó su concepción, decidió cambiarlo por Margot.

A esta insostenible situación familiar se referiría décadas más tarde Mariel Hemingway en su libro de memorias Invisible Girl.

“Los únicos ruidos eran los del agua corriendo por el fregadero, el tintineo de los vasos de vino vacíos y los platos, y el silbido de las bebidas vaciándose por el desagüe. Nada olía demasiado bien... Mi propósito era lograr dejarlo todo perfecto para la mañana siguiente. Así nadie recordaría que se habían peleado, no habría que hablar de ello y podría ser un día feliz”.

Con este panorama, Margaux se mudó a Nueva York con solo 19 años para vivir con el que sería su primer marido, Errol Wetanson. Este le ayudó hacer sus primeros contactos en la ciudad y pronto su autenticidad comenzó a enamorar a los neoyorquinos.

 

 

Su físico también contaba: medía un metro 83 centímetros y tenía una belleza similar a la de Ingrid Bergman. Por eso en apenas dos años ya se había convertido en una figura omnipresente en la ciudad, donde compatibilizaba las portadas en revistas como Time, Cosmopolitan o Vogue con salidas nocturnas junto a Andy Warhol y Liza Minnelli a Studio 54.

 

 

Poco después, a los 21 años, Margaux logró un hito histórico: se convirtió en la primera modelo que firmó un contrato de un millón de dólares por convertirse en la imagen del perfume The Fabulous Babe, de Fabergé.

Pero la purpurina, la música disco y el glamour escondían una realidad a la que poca gente le prestaba atención. Al fin y al cabo, y aunque la mayoría de los mortales lo añoren, el éxito parece atraer en ocasiones el desamor, los bajos fondos y las enfermedades mentales. Y la vida de Margaux no fue una excepción.

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Recién divorciada de Wetanson, los clubes de la ciudad se convirtieron en su refugio predilecto.

“Me gustaba bailar e ir a Studio 54 al menos dos veces a la semana, pero me ponía muy nerviosa ver a la gente que estaba allí. Me sentía intimidada cuando veía a aquellos que rodeaban a Halston y a Liza Minnelli.

Ellos eran estrellas de verdad y yo era solo una chica de Idaho, así que bebía para soltarme. Entonces no pensaba que el alcohol pudiese ser un problema: cuando mi abuelo vivía, ser un gran bebedor y que no se te notase se consideraba una virtud. Y yo, como él, quería vivir mi vida al máximo, con gusto”.

 

 

Algunas sagas familiares parecen precipitar finales nefastos. Por ejemplo, después de que la escritora Sylvia Plath se suicidase metiendo la cabeza en el horno, su hijo, Nicholas Hughes siguió el mismo camino décadas más tarde.

En el caso de los Hemingway, el primero en quitarse de en medio fue el padre de Ernest, Clarence. Su famoso hijo hizo lo propio en 1961, y también sus hermanos Leicester y Ursula. Gloria, la hija transexual del escritor que nació como Gregory, falleció en el año 2001 debido a problemas cardiovasculares y de hipertensión, pero algunas fuentes aseguran que podría tratarse de un suicidio.

Podría decirse que Margaux nunca encontró en su familia un bálsamo con el que aliviar sus penas. Se llevaba fatal con su madre, Puck, y no se reconcilió con ella hasta poco antes de su fallecimiento debido a un cáncer en 1988.

 

 

Con su hermana Mariel tampoco tenía una relación demasiado buena: esta había conseguido un pequeño papel en la película Lipstick (1976) gracias a Margaux, que también debutaba, aunque en este caso como protagonista. Y el público había decidido encumbrar a la pequeña.

Pero a pesar de los celos, ser famoso tampoco era sencillo entonces.

“Para mí convertirme en una celebridad supuso estar en el ojo de huracán”, contó Margaux a la revista People en 1988. “De repente, era una chica de portada a nivel internacional. Todo el mundo acogía con entusiasmo mi estilo Hemingway. Suena glamuroso y lo era. Disfruté mucho, pero también era muy inocente entonces. Creía que la gente me quería por lo que era, por mi sentido del humor y mis cualidades. Nunca pensé que conocería a tantas sanguijuelas profesionales”.


Pero a pesar del atractivo que despertaba entre la gente su parentesco familiar, Margaux no tenía pudor en reconocer que no era una gran aficionada a la obra de su abuelo. Con todo, en 1981 sintió la necesidad de rodar un documental sobre su figura junto a su segundo marido, Bernard Foucher.

 

 

Sin embargo, después de unos cuantos viajes a Cuba para entrevistarse con gente que había compartido vivencias con el escritor, se dio cuenta de que el proyecto nunca saldría adelante, y esa certeza la sumió en una depresión.

“Nadie estaba interesado en nada de lo que yo tenía que decir y todo parecía estar fuera de control. Empecé a beber más y más, y me iba matando poco a poco con el alcohol. Tenía pensamientos erráticos y problemas de memoria. Pensaba en el suicidio constantemente, sobre todo cuando bebía demasiado”.

 

A esto se le sumó una lesión de esquí en Austria, a la que siguieron nueve meses de rehabilitación y más de 30 kilos de peso. Margaux no lo soportó y sufrió una bulimia, de la que se recuperó en la clínica Betty Ford. Nadie de su familia acudió a visitarla mientras estuvo allí ingresada.

Al salir, radiante de nuevo, contratacó con una portada en la revista Playboy, pero la carrera de Margaux ya no conseguiría despegar: estaba cansada de mantenerse callada y habló públicamente de los abusos que había sufrido por parte de su padre cuando era pequeña.

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Como consecuencia, este y su pareja, Angela, cortaron el contacto. “Jack y yo no hablamos con ella desde hace dos años. Miente constantemente. Nadie de la familia quiere tener nada que ver con ella. No es más que una mujer enfadada”, declaró su madrastra.

Los años siguientes participó en algunas películas de serie B e incluso trabajó como médium en una línea telefónica de su primo Adiel Hemingway. Pero el 1 de julio de 1996 Margaux fue encontrada muerta en su casa de Santa Monica después de haber sufrido una sobredosis de barbitúricos.

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